/ viernes 24 de abril de 2020

¿Ahora, qué hago?

El martes 21 de abril el Gobierno Federal declaró la Fase 3 de la pandemia del Covid-19 o coronavirus, que ha propiciado incalculables daños en la vida y en la economía de las personas en todo el mundo. Impensable entender que un virus nos haya devastado en proporciones alarmantes y de paso arruinado la economía mundial de las personas y de los estados.

Se dice por los expertos, que es la fase más peligrosa de la pandemia porque ya es local, ya que todos somos susceptibles de ser portadores y desde luego contagiados, es decir nos podemos infectar en cualquier lugar, no necesariamente por un extranjero o por un enfermo; sin saber dónde se adquirió la enfermedad todos somos potencialmente portadores del virus. Esta es la gravedad a la que nos vamos a enfrentar en estos días.

¿Qué debemos hacer?, ¡quedarnos en casa!, ¡aislamiento total! Sana distancia, extremando las precauciones de prevención e higiene, ya que los contagios pueden sucederse exponencialmente como ocurrió en Italia o en España y ahora mismo en Nueva York y las consecuencias serían incalculables y funestas, rebasando la capacidad de los hospitales destinados para el tratamiento.

Esto va en serio y está de por medio nuestra vida. El mapa del país, que antes aparecía solo con algunos lugares infectados, prácticamente se ha cubierto todo y empiezan a encenderse las alarmas. Ya se reportaron en un solo día 170 muertos en el país, lo cual es ya un dato alarmante que expresa la grave preocupación por la que estamos atravesando.

¿Cómo ayudo? Fundamentalmente aislándome totalmente en mi casa y extremando las medidas de prevención e higiene, llevando puntualmente la sana distancia y el nulo contacto con las personas en el exterior. Así evitaré contagiar y ser contagiado.

Ahora se requerirá nuestra capacidad de resiliencia, esto es, de soportar y conducirnos positivamente ante la adversidad y el aislamiento, con todas sus consecuencias, sobre todo en nuestra salud mental y física; precisamente es aquí donde emerge el sentido espiritual de nuestra vida.

Pocos son conscientes de que los seres humanos no tan solo tenemos un sistema inmune biológico material, sino también un sistema inmune espiritual que nos protege a través del aura, de las energías negativas. La calidad, color y tamaño del aura energética de una persona está directamente relacionada con el nivel de equilibrio energético, que tiene que ver con la salud general, el funcionamiento bio-neurológico y la conexión espiritual a la que esa persona tiene acceso, de conformidad con su mayor o menor consciencia.

En todo lo relativo a la salud personal, bienestar y desarrollo espiritual necesitamos consultar con nuestro yo interno y la fuente de DIOS como nuestro verdadero médico sanador, y pedir que se manifieste su perfección de AMOR en nosotros. Cuando aplicamos esta comprensión, por ejemplo en estas circunstancias de crisis que estamos viviendo, debemos entender que en este evento no se trata de un misterioso virus sino de la orquestación de una guerra espiritual que se está llevando a cabo a escala mundial para atacar al cuerpo de luz de la humanidad entera.

Cuando nos sintonizamos con el mundo espiritual a través de la oración y la meditación, estamos mucho más equilibrados para resistir los ataques energéticos negativos, que generalmente se manifiestan en una sensación de miedo insuperable, ataques de pánico, ansiedad y dudas. La práctica de la oración y la meditación nos conecta con la Inteligencia Superior y tiene un impacto positivo en la calma de nuestra mente. Cuando hacemos oración o meditamos, estamos centrados en el amor, la gratitud y la compasión, que son las llaves que abren la puerta de la bondad y la misericordia.

Esta pandemia nos está revelando que nuestro mundo necesita desesperadamente amor, para sanar espiritual y físicamente. Ojalá lo entendamos.

El martes 21 de abril el Gobierno Federal declaró la Fase 3 de la pandemia del Covid-19 o coronavirus, que ha propiciado incalculables daños en la vida y en la economía de las personas en todo el mundo. Impensable entender que un virus nos haya devastado en proporciones alarmantes y de paso arruinado la economía mundial de las personas y de los estados.

Se dice por los expertos, que es la fase más peligrosa de la pandemia porque ya es local, ya que todos somos susceptibles de ser portadores y desde luego contagiados, es decir nos podemos infectar en cualquier lugar, no necesariamente por un extranjero o por un enfermo; sin saber dónde se adquirió la enfermedad todos somos potencialmente portadores del virus. Esta es la gravedad a la que nos vamos a enfrentar en estos días.

¿Qué debemos hacer?, ¡quedarnos en casa!, ¡aislamiento total! Sana distancia, extremando las precauciones de prevención e higiene, ya que los contagios pueden sucederse exponencialmente como ocurrió en Italia o en España y ahora mismo en Nueva York y las consecuencias serían incalculables y funestas, rebasando la capacidad de los hospitales destinados para el tratamiento.

Esto va en serio y está de por medio nuestra vida. El mapa del país, que antes aparecía solo con algunos lugares infectados, prácticamente se ha cubierto todo y empiezan a encenderse las alarmas. Ya se reportaron en un solo día 170 muertos en el país, lo cual es ya un dato alarmante que expresa la grave preocupación por la que estamos atravesando.

¿Cómo ayudo? Fundamentalmente aislándome totalmente en mi casa y extremando las medidas de prevención e higiene, llevando puntualmente la sana distancia y el nulo contacto con las personas en el exterior. Así evitaré contagiar y ser contagiado.

Ahora se requerirá nuestra capacidad de resiliencia, esto es, de soportar y conducirnos positivamente ante la adversidad y el aislamiento, con todas sus consecuencias, sobre todo en nuestra salud mental y física; precisamente es aquí donde emerge el sentido espiritual de nuestra vida.

Pocos son conscientes de que los seres humanos no tan solo tenemos un sistema inmune biológico material, sino también un sistema inmune espiritual que nos protege a través del aura, de las energías negativas. La calidad, color y tamaño del aura energética de una persona está directamente relacionada con el nivel de equilibrio energético, que tiene que ver con la salud general, el funcionamiento bio-neurológico y la conexión espiritual a la que esa persona tiene acceso, de conformidad con su mayor o menor consciencia.

En todo lo relativo a la salud personal, bienestar y desarrollo espiritual necesitamos consultar con nuestro yo interno y la fuente de DIOS como nuestro verdadero médico sanador, y pedir que se manifieste su perfección de AMOR en nosotros. Cuando aplicamos esta comprensión, por ejemplo en estas circunstancias de crisis que estamos viviendo, debemos entender que en este evento no se trata de un misterioso virus sino de la orquestación de una guerra espiritual que se está llevando a cabo a escala mundial para atacar al cuerpo de luz de la humanidad entera.

Cuando nos sintonizamos con el mundo espiritual a través de la oración y la meditación, estamos mucho más equilibrados para resistir los ataques energéticos negativos, que generalmente se manifiestan en una sensación de miedo insuperable, ataques de pánico, ansiedad y dudas. La práctica de la oración y la meditación nos conecta con la Inteligencia Superior y tiene un impacto positivo en la calma de nuestra mente. Cuando hacemos oración o meditamos, estamos centrados en el amor, la gratitud y la compasión, que son las llaves que abren la puerta de la bondad y la misericordia.

Esta pandemia nos está revelando que nuestro mundo necesita desesperadamente amor, para sanar espiritual y físicamente. Ojalá lo entendamos.

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