/ domingo 12 de mayo de 2019

Aladino, el verdadero canallín de la cuarta

“¿Líos? ¿Cuáles? Solo hay líos si me atrapan”.

Aladino

Nunca falta un villano. ¡Qué mal! Entre cachetaditas salió el Judas de la Cuarta Transformación.

Es que el entonces y aún candidato en campaña, denunciando toda la ola de deficiencias públicas y a sabiendas de todo lo que el país estaba (está), atravesando en inseguridad, educación, economía, salud (por decir algunos aspectos), firmó que todo se arreglaba con un presidente honesto (o sea él) tan pronto le pusieran la banda presidencial.

Salió más fregón que Vicente Fox quien dijo que quince minutos eran suficientes para pacificar Chiapas, por el levantamiento indígena de 1994 encauzado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Han pasado cinco meses y 12 días desde que le fue puesta la banda presidencial; pero, fuera de refrendar leyes y memorándum, beneficiar a amigos, cacareos retóricos, etc.; en términos reales no ha sido más eficaz (hasta ahora) que los anteriores.

¡Claro! ¿Cómo no lo pensé antes? El país no se arregla de la noche a la mañana, aunque en campaña todo es posible. Así, se hicieron los arreglos necesarios para llegar al poder; el genio saldría de la lámpara y zas, todo resuelto ya. Pero no.

Pues, ¿qué creen? No se sabe si es que Aladino se quedó dormido o, en efecto, fue traición; o, se le dañó la lampara.

De acuerdo a las palabras del Jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, dijo: “Lo que pasa es que no somos lámparas de Aladino, no resolvemos las cosas de un día para otro, porque ningún problema en el mundo se resuelve de un día para el otro”.

¡Eureka, gran descubrimiento! Pero… ¿no que sabían cómo estaba el país, que tenían un diagnóstico claro de todas las deficiencias, de lo que se requería hacer, lo que costaba, de los tiempos de solución...?

Sí. Definitivamente la culpa es de Aladino, o lo que haya dentro de la cueva.

Para enlazar, los dejo con uno de mis poemas denuncia.

DIALÉCTICA DE LODO

Vencer y ser victoriosos son sinónimos, pero no es igual.

Quien vence aplasta, quien es victorioso consuela.

En los aires del vencer se han montado en olas gigantes que inundan los sepulcros de otras luchas.

Se suben a sus cúspides engañosas; construyen refugios transformados en aspiraciones de papel.

Se habla de verdades vestidas de luto y se aplauden mentiras desveladas.

Cuerpos flácidos y mentes porosas se tragan -sin eructar- los ramalazos del pueblo.

El territorio tiene espasmos, convulsiones y miradas torcidas.

Le arrojan vituperios sobre pentagramas sin notas, son manchas pintadas con cuentos.

Cuentos brotados en las sienes de quien confunde realidad y ocurrencias en sus sueños de opio.

Una camisa blanca reviste cuello abajo el medio palpitar de una piel tallada con placeres apáticos.

Escenas pintorreteadas con escupitajos verborreicos generan nuevas alucinaciones.

El semblante está esclavizado por los reflejos diurnos de la luna pasmada.

Los aplausos empiezan a convertirse en lágrimas por la decisión confiada.

Los mosaicos ideales no se han convertido en las pirámides prometidas; escasamente son chozas de lodo.

Lodo lo dicho amasado entre mañanas, lodo derramado entre las piernas ligeras cimentadas en más lodo.

El país sucumbe ante las jerigonzas de fuego de un reptil metido en las alas de un dragón resentido.

¿Y los ideales? ¡Cuidado! Llegan prestos los ángeles migrantes del pasado como si las leyes aquellas fuera el sumo invento.

No hay sorpresa. No es cierto. Son simulacros batidos en la tierra mojada, lodo.

Es el lodo devuelto por el apéndice arrogante en la sub-cátedra política de cada día.

Mañana amanecerá otra vez y veremos.

*Consultor y Asesor en Comunicación Política y Organizacional; jdelrsf@gmail.com; twiter: @jdelrsf

“¿Líos? ¿Cuáles? Solo hay líos si me atrapan”.

Aladino

Nunca falta un villano. ¡Qué mal! Entre cachetaditas salió el Judas de la Cuarta Transformación.

Es que el entonces y aún candidato en campaña, denunciando toda la ola de deficiencias públicas y a sabiendas de todo lo que el país estaba (está), atravesando en inseguridad, educación, economía, salud (por decir algunos aspectos), firmó que todo se arreglaba con un presidente honesto (o sea él) tan pronto le pusieran la banda presidencial.

Salió más fregón que Vicente Fox quien dijo que quince minutos eran suficientes para pacificar Chiapas, por el levantamiento indígena de 1994 encauzado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Han pasado cinco meses y 12 días desde que le fue puesta la banda presidencial; pero, fuera de refrendar leyes y memorándum, beneficiar a amigos, cacareos retóricos, etc.; en términos reales no ha sido más eficaz (hasta ahora) que los anteriores.

¡Claro! ¿Cómo no lo pensé antes? El país no se arregla de la noche a la mañana, aunque en campaña todo es posible. Así, se hicieron los arreglos necesarios para llegar al poder; el genio saldría de la lámpara y zas, todo resuelto ya. Pero no.

Pues, ¿qué creen? No se sabe si es que Aladino se quedó dormido o, en efecto, fue traición; o, se le dañó la lampara.

De acuerdo a las palabras del Jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, dijo: “Lo que pasa es que no somos lámparas de Aladino, no resolvemos las cosas de un día para otro, porque ningún problema en el mundo se resuelve de un día para el otro”.

¡Eureka, gran descubrimiento! Pero… ¿no que sabían cómo estaba el país, que tenían un diagnóstico claro de todas las deficiencias, de lo que se requería hacer, lo que costaba, de los tiempos de solución...?

Sí. Definitivamente la culpa es de Aladino, o lo que haya dentro de la cueva.

Para enlazar, los dejo con uno de mis poemas denuncia.

DIALÉCTICA DE LODO

Vencer y ser victoriosos son sinónimos, pero no es igual.

Quien vence aplasta, quien es victorioso consuela.

En los aires del vencer se han montado en olas gigantes que inundan los sepulcros de otras luchas.

Se suben a sus cúspides engañosas; construyen refugios transformados en aspiraciones de papel.

Se habla de verdades vestidas de luto y se aplauden mentiras desveladas.

Cuerpos flácidos y mentes porosas se tragan -sin eructar- los ramalazos del pueblo.

El territorio tiene espasmos, convulsiones y miradas torcidas.

Le arrojan vituperios sobre pentagramas sin notas, son manchas pintadas con cuentos.

Cuentos brotados en las sienes de quien confunde realidad y ocurrencias en sus sueños de opio.

Una camisa blanca reviste cuello abajo el medio palpitar de una piel tallada con placeres apáticos.

Escenas pintorreteadas con escupitajos verborreicos generan nuevas alucinaciones.

El semblante está esclavizado por los reflejos diurnos de la luna pasmada.

Los aplausos empiezan a convertirse en lágrimas por la decisión confiada.

Los mosaicos ideales no se han convertido en las pirámides prometidas; escasamente son chozas de lodo.

Lodo lo dicho amasado entre mañanas, lodo derramado entre las piernas ligeras cimentadas en más lodo.

El país sucumbe ante las jerigonzas de fuego de un reptil metido en las alas de un dragón resentido.

¿Y los ideales? ¡Cuidado! Llegan prestos los ángeles migrantes del pasado como si las leyes aquellas fuera el sumo invento.

No hay sorpresa. No es cierto. Son simulacros batidos en la tierra mojada, lodo.

Es el lodo devuelto por el apéndice arrogante en la sub-cátedra política de cada día.

Mañana amanecerá otra vez y veremos.

*Consultor y Asesor en Comunicación Política y Organizacional; jdelrsf@gmail.com; twiter: @jdelrsf

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