/ domingo 17 de marzo de 2019

¡Ay Venezuela, ay amigos! o, bajo el manto del suplicio

“¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!”

Simón Bolívar


Año 1824. Simón Bolívar convocó en Panamá la realización del Congreso Anfictiónico. En 1926 se realizó con la participaron de la Gran Colombia, México, Perú y la República Federal de Centro América.

La intención fue la conformación de un solo país que conjuntara el interés de vivir hermanados en función de tener la misma lengua y religión además del interés de desarrollo económico común que había vulnerado la metrópolis y amenazaba la paz social.

La Corona había ordenado que el comercio sólo podría ser con la metrópoli (imperio español), en detrimento de las colonias. Ni siquiera entre las colonias podía haber comercialización sino se beneficiaba la metrópoli. Esto generó una gran molestia y Bolívar hizo el llamado al Congreso de Panamá.

Debe ser para los panameños -lo es para mí- motivo de gran agradecimiento la intervención de Simón Bolívar, quien con su aporte y apoyo concreto en la lucha de liberación anticolonial contra Virreinato de Nueva Granada, contribuyó a que el 28 de noviembre de 1821 Panamá declara su independencia de España, luego se unió a la Gran Colombia hasta el 3 de noviembre de 1903.

Fueron muchos años en los que estos países (Ecuador, Venezuela, Colombia y Panamá) caminaron juntos; muchos son los lazos culturales que nos unen al grado que hay confusión de nacionalidad originaria.

Pues bien. Hoy el mundo sabe la difícil situación que viven los venezolanos. Es conocido que la población está polarizada porque hay dos proyectos de vida que se presentan.

Para unos, el bolivarismo significa que el bien común se manifiesta a través de una sociedad socialista donde todos se benefician de todo; y, para los otros, el bolivarismo es no estar atados a restricciones sociales ni económicas como ahora, según se plantea.

El hecho cierto y concreto es que hoy hay escasez de comida, de medicinas, ingobernabilidad e inseguridad. A eso se le agrega, por lo mismo, una sucesión de pesadumbre encadenada por los muertos e insuficiencias, no por guerra sino por las alteraciones y deterioro socio-económico-político.

En lo particular, además de lo histórico, a Venezuela me unen familiares políticos, amigos entrañables, así -de cierta forma- compañeros de trabajo y proyectos de vida. Con ellos he tenido mucha comunicación y me cuentan de sus avatares, angustias, dolor e impotencia. Quieren que ya, de una vez y por todas, las cosas cambien; que haya, de verdad, la hermandad de la que hablaba Bolívar.

Saber de las necesidades suyas me genera un dolor auténtico al que se le suma también la imposibilidad concreta de apoyar a dar un giro. Causa un gran ahogo no poder hacer más que decir esto que digo, que no quisiera que sucediera ni allá y en ninguna parte del mundo, por lo tanto, tampoco aquí a en esta tierra que tanto me ha dado y que también agradezco infinitamente.

A continuación, copio (bis) parte del intercambio de información que se dio recientemente entre y con algunos de esos venezolanos. Por si acaso cambio los nombres para protegerlos.

Marta: “Perdón por no haber escrito, llego un pelo de agua y estaba llenando todo, saqué hasta una piscina plástica…”. Carlos: “Esperemos que llegue porque los tanques están vacíos. Desde ayer tenemos que ir a otros sitios a ducharnos y lavar.” Marcos: “Quitaron el agua del edificio porque no está entrando de la calle y se establecen los horarios de racionamiento normal.”

Podría seguir transcribiendo, pero mejor lo dejo ahí. Les mando un abrazo hermanos venezolanos y mi total solidaridad.


*Consultor y Asesor en Comunicación Política y Organizacional; jdelrsf@gmail.com; twiter: @jdelrsf

“¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!”

Simón Bolívar


Año 1824. Simón Bolívar convocó en Panamá la realización del Congreso Anfictiónico. En 1926 se realizó con la participaron de la Gran Colombia, México, Perú y la República Federal de Centro América.

La intención fue la conformación de un solo país que conjuntara el interés de vivir hermanados en función de tener la misma lengua y religión además del interés de desarrollo económico común que había vulnerado la metrópolis y amenazaba la paz social.

La Corona había ordenado que el comercio sólo podría ser con la metrópoli (imperio español), en detrimento de las colonias. Ni siquiera entre las colonias podía haber comercialización sino se beneficiaba la metrópoli. Esto generó una gran molestia y Bolívar hizo el llamado al Congreso de Panamá.

Debe ser para los panameños -lo es para mí- motivo de gran agradecimiento la intervención de Simón Bolívar, quien con su aporte y apoyo concreto en la lucha de liberación anticolonial contra Virreinato de Nueva Granada, contribuyó a que el 28 de noviembre de 1821 Panamá declara su independencia de España, luego se unió a la Gran Colombia hasta el 3 de noviembre de 1903.

Fueron muchos años en los que estos países (Ecuador, Venezuela, Colombia y Panamá) caminaron juntos; muchos son los lazos culturales que nos unen al grado que hay confusión de nacionalidad originaria.

Pues bien. Hoy el mundo sabe la difícil situación que viven los venezolanos. Es conocido que la población está polarizada porque hay dos proyectos de vida que se presentan.

Para unos, el bolivarismo significa que el bien común se manifiesta a través de una sociedad socialista donde todos se benefician de todo; y, para los otros, el bolivarismo es no estar atados a restricciones sociales ni económicas como ahora, según se plantea.

El hecho cierto y concreto es que hoy hay escasez de comida, de medicinas, ingobernabilidad e inseguridad. A eso se le agrega, por lo mismo, una sucesión de pesadumbre encadenada por los muertos e insuficiencias, no por guerra sino por las alteraciones y deterioro socio-económico-político.

En lo particular, además de lo histórico, a Venezuela me unen familiares políticos, amigos entrañables, así -de cierta forma- compañeros de trabajo y proyectos de vida. Con ellos he tenido mucha comunicación y me cuentan de sus avatares, angustias, dolor e impotencia. Quieren que ya, de una vez y por todas, las cosas cambien; que haya, de verdad, la hermandad de la que hablaba Bolívar.

Saber de las necesidades suyas me genera un dolor auténtico al que se le suma también la imposibilidad concreta de apoyar a dar un giro. Causa un gran ahogo no poder hacer más que decir esto que digo, que no quisiera que sucediera ni allá y en ninguna parte del mundo, por lo tanto, tampoco aquí a en esta tierra que tanto me ha dado y que también agradezco infinitamente.

A continuación, copio (bis) parte del intercambio de información que se dio recientemente entre y con algunos de esos venezolanos. Por si acaso cambio los nombres para protegerlos.

Marta: “Perdón por no haber escrito, llego un pelo de agua y estaba llenando todo, saqué hasta una piscina plástica…”. Carlos: “Esperemos que llegue porque los tanques están vacíos. Desde ayer tenemos que ir a otros sitios a ducharnos y lavar.” Marcos: “Quitaron el agua del edificio porque no está entrando de la calle y se establecen los horarios de racionamiento normal.”

Podría seguir transcribiendo, pero mejor lo dejo ahí. Les mando un abrazo hermanos venezolanos y mi total solidaridad.


*Consultor y Asesor en Comunicación Política y Organizacional; jdelrsf@gmail.com; twiter: @jdelrsf

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