/ jueves 2 de abril de 2020

Ayudar a los niños

Los padres de familia deben conducir a los niños a nociones, a formas de acción y a posturas a las cuales no pueden llegar por sí mismos, más es estos tiempos.

El desarrollo espontaneo de los niños trae como consecuencia, por una parte experiencias de relaciones personales; por la otra, un gran número de ideas e imágenes transmitidas por la televisión, la prensa, la internet, el cine, etc., recuerdos cuya presencia no se distinguen más y que son amalgamadas en un todo informe.

La base esencial es lo vivido, y por lo tanto la única referencia en relación a la cual puede cobrar resonancia efectiva y profunda lo que haya sido aprendido; resonancia emotiva y asimilación intelectual.

La conversación libre entre los niños, realizada por ciertas intenciones por los padres de familia que cree su deber presentarlas como una opinión entre otras, disponiendo casi del mismo tiempo, de la misma amplitud que los otros, la discusión libre, el texto, la encuesta de ninguna manera son capaces de arrancar al niño del compromiso tibio de los prejuicios y estereotipos.

Esta insuficiencia de espontaneidad remite a dos tipos de motivos. Por un lado las ideas y deseos de los niños, que son a la vez los suyos y el reflejo de las ideas que los rodea, es decir, de la sociedad en la que viven. Por otro lado, lo vivido por ellos, es una perspectiva concreta pero extremadamente limitada a unos pocos individuos.

Entonces los riesgos de equivocarse al querer interpretar ejemplos, comportamientos tan escasos y extraídos de su contexto global serán enormes. Y confrontar varias perspectivas así limitadas no permitirá progresar, porque la cuestión será siempre abordada desde idéntico ángulo.

La acción de los medios de comunicación, fructíferas y estimulantes sin ninguna duda desde muchos puntos de vista, arriesga sin embargo, acentuar ese carácter parcial, fragmentario, discontinuo de la experiencia propia de los niños y desde un comienzo por su misma composición (las actualidades en las películas que se ven por ejemplo, los preparativos de una fiesta, la organización de una familia y muchas cosas más)

Imágenes pintorescas o inquietantes, y que se encuentran absolutizadas. Del mismo modo que la acción del padre de familia, se fortalece la del niño, cuando estas no están realmente retomadas, elaborada, guida, es una superficialidades donde los encuentros azarosos, los fragmentos de conversación o las lecturas se erigen en leyes generales.

Evidentemente, la experiencia del niño constituye el material en relación al cual será organizado todo el resto, pero si se desea sacar provecho del mismo es necesario que del exterior, desde afuera, se introduzca algo realmente diferente, realmente nuevo y a la par una actitud nueva susceptible de ampliar la experiencia ligándola con otras experiencias y con las experiencias de los otros.

Lo que el padre de familia debe aportar al niño desde el interior y el exterior está en relación directa, profundamente vinculado a los conocimientos que el niño posee ya, a las experiencias por las que atravesó y de las que está viviendo hoy.

La iniciativa del padre de familia permite a los niños tomar en consideración puntos de vista a los cuales no habían accedido hasta el momento.

El padre de familia debe asegurarse a cada instante que es comprendido; luego, que interesa, que una actividad de los niños responde a sus proposiciones. La clave de esta armonía que es la afirmación de que el niño reconoce precisamente en las ideas y actitudes a las cuales el padre le ayuda a llegar, las experiencias que él mismo había hecho como elementos de lo que se le enseño, y sobre todo que encuentra en dicha comunicación una respuesta más lucida a una dificultad que había efectivamente experimentado.

Para progresar será indispensable que el niño enriquezca considerablemente las observaciones que el mismo ha hecho, que las organice y llegue a armar un conjunto valido de conocimientos.

No se trata, pues simplemente de un agregado a lo sabido, sino de una actitud nueva, de síntesis, en la que se recoge más, en la que las cosas dicen mucho más, en la que participa el pensamiento y la acción.

El pensamiento, porque se trata de un saber. Y la acción, porque sin apertura a los otros, sin colaboración con ellos, nada de lo que les concierne será verdaderamente conocido.

Los padres de familia deben conducir a los niños a nociones, a formas de acción y a posturas a las cuales no pueden llegar por sí mismos, más es estos tiempos.

El desarrollo espontaneo de los niños trae como consecuencia, por una parte experiencias de relaciones personales; por la otra, un gran número de ideas e imágenes transmitidas por la televisión, la prensa, la internet, el cine, etc., recuerdos cuya presencia no se distinguen más y que son amalgamadas en un todo informe.

La base esencial es lo vivido, y por lo tanto la única referencia en relación a la cual puede cobrar resonancia efectiva y profunda lo que haya sido aprendido; resonancia emotiva y asimilación intelectual.

La conversación libre entre los niños, realizada por ciertas intenciones por los padres de familia que cree su deber presentarlas como una opinión entre otras, disponiendo casi del mismo tiempo, de la misma amplitud que los otros, la discusión libre, el texto, la encuesta de ninguna manera son capaces de arrancar al niño del compromiso tibio de los prejuicios y estereotipos.

Esta insuficiencia de espontaneidad remite a dos tipos de motivos. Por un lado las ideas y deseos de los niños, que son a la vez los suyos y el reflejo de las ideas que los rodea, es decir, de la sociedad en la que viven. Por otro lado, lo vivido por ellos, es una perspectiva concreta pero extremadamente limitada a unos pocos individuos.

Entonces los riesgos de equivocarse al querer interpretar ejemplos, comportamientos tan escasos y extraídos de su contexto global serán enormes. Y confrontar varias perspectivas así limitadas no permitirá progresar, porque la cuestión será siempre abordada desde idéntico ángulo.

La acción de los medios de comunicación, fructíferas y estimulantes sin ninguna duda desde muchos puntos de vista, arriesga sin embargo, acentuar ese carácter parcial, fragmentario, discontinuo de la experiencia propia de los niños y desde un comienzo por su misma composición (las actualidades en las películas que se ven por ejemplo, los preparativos de una fiesta, la organización de una familia y muchas cosas más)

Imágenes pintorescas o inquietantes, y que se encuentran absolutizadas. Del mismo modo que la acción del padre de familia, se fortalece la del niño, cuando estas no están realmente retomadas, elaborada, guida, es una superficialidades donde los encuentros azarosos, los fragmentos de conversación o las lecturas se erigen en leyes generales.

Evidentemente, la experiencia del niño constituye el material en relación al cual será organizado todo el resto, pero si se desea sacar provecho del mismo es necesario que del exterior, desde afuera, se introduzca algo realmente diferente, realmente nuevo y a la par una actitud nueva susceptible de ampliar la experiencia ligándola con otras experiencias y con las experiencias de los otros.

Lo que el padre de familia debe aportar al niño desde el interior y el exterior está en relación directa, profundamente vinculado a los conocimientos que el niño posee ya, a las experiencias por las que atravesó y de las que está viviendo hoy.

La iniciativa del padre de familia permite a los niños tomar en consideración puntos de vista a los cuales no habían accedido hasta el momento.

El padre de familia debe asegurarse a cada instante que es comprendido; luego, que interesa, que una actividad de los niños responde a sus proposiciones. La clave de esta armonía que es la afirmación de que el niño reconoce precisamente en las ideas y actitudes a las cuales el padre le ayuda a llegar, las experiencias que él mismo había hecho como elementos de lo que se le enseño, y sobre todo que encuentra en dicha comunicación una respuesta más lucida a una dificultad que había efectivamente experimentado.

Para progresar será indispensable que el niño enriquezca considerablemente las observaciones que el mismo ha hecho, que las organice y llegue a armar un conjunto valido de conocimientos.

No se trata, pues simplemente de un agregado a lo sabido, sino de una actitud nueva, de síntesis, en la que se recoge más, en la que las cosas dicen mucho más, en la que participa el pensamiento y la acción.

El pensamiento, porque se trata de un saber. Y la acción, porque sin apertura a los otros, sin colaboración con ellos, nada de lo que les concierne será verdaderamente conocido.

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