/ sábado 1 de diciembre de 2018

Ciudades resilientes

A nivel mundial, todas las ciudades son vulnerables a impactos provocados por conmociones y presiones de origen natural o humano, por lo que actualmente las ciudades y sus habitantes se enfrentan a más desafíos debido a los efectos de la urbanización masiva, el cambio climático y la inestabilidad política.

La urbanización sin precedentes está transformando el planeta y la forma en que vivimos, hoy en día, el 50% de la población vive en ciudades, y está previsto que esta cifra aumentará al 70% en 2050. La mayor concentración de población en las urbes hace que el impacto de los desastres naturales y de un clima cambiante, pueda ser devastador en términos tanto de pérdida de vidas humanas como de destrucción de los medios de subsistencia.

Ante esta situación, es necesario construir nuevas herramientas y planteamientos que den poder a los gobiernos locales y a los ciudadanos, e incrementen su capacidad para afrontar nuevos desafíos protegiendo a la población en general.

En este sentido, la resiliencia describe la habilidad de cualquier sistema urbano de mantener continuidad después de impactos o de catástrofes mientras contribuye positivamente a la adaptación y la transformación. Una ciudad resiliente es aquella que evalúa, planea y actúa para preparar y responder a todo tipo de obstáculos, ya sean repentinos o lentos de origen, esperados o inesperados.

Las consecuencias de cada crisis dependen de la preparación de la ciudad para hacer frente a determinados impactos, así como de la manera en que la ciudadanía percibe y reacciona ante ellos. Estos factores son extremadamente variables y dependen de valores tan dispares como el buen funcionamiento de los sistemas o el grado de tolerancia que cada sociedad muestra ante los acontecimientos.

En consecuencia, ciudades de todo el mundo están iniciando su camino para convertirse en resilientes y proteger a sus habitantes, sus bienes y el mantenimiento de la funcionalidad ante las crisis.

De esta forma, las urbes están mejor preparadas para proteger y mejorar la vida de sus habitantes, para asegurar avances en el desarrollo, para fomentar un entorno en el cual se pueda invertir, y promover el cambio positivo.

Una agricultura apoyada por la comunidad, la peatonalización, unas redes de comunicación eficientes, el uso de biocombustibles o la promoción de sistemas públicos de transportes sostenibles como la bicicleta, son algunos de los aspectos que la Fundación Rockefeller, a través de su programa 100 ciudades resilientes, considera necesarios para que una urbe sea considerada bajo este calificativo.

A medida que los riesgos y la población urbana van aumentando, el concepto de resiliencia ha ganado más prominencia en las agendas internacionales de desarrollo. Promover la resiliencia, debe significar reducir riesgos, aumentando las capacidades y disminuyendo la fragilidad para implementar soluciones efectivas.

La resiliencia urbana es un proceso vivo que requiere una constante revisión y actualización de la situación de las ciudades. La evaluación de la información disponible permite avanzar en el conocimiento y consolida la toma de decisiones informada y eficaz, optimizando las inversiones para reducir los riesgos y mejorar la vida de todas las personas.

En un mundo globalizado, en el que todas las sociedades son conscientes de la escasez de recursos del planeta y sufren las consecuencias de la falta de capacidad para protegerse de los desastres que las amenazan, es el momento de dar un paso más hacia la resiliencia, haciendo partícipes a los ciudadanos e invirtiendo en educación, para convertir nuestras ciudades en lugares más habitables, seguros y con una mejor calidad de vida.

monserrat.publicaciones@gmail.com


A nivel mundial, todas las ciudades son vulnerables a impactos provocados por conmociones y presiones de origen natural o humano, por lo que actualmente las ciudades y sus habitantes se enfrentan a más desafíos debido a los efectos de la urbanización masiva, el cambio climático y la inestabilidad política.

La urbanización sin precedentes está transformando el planeta y la forma en que vivimos, hoy en día, el 50% de la población vive en ciudades, y está previsto que esta cifra aumentará al 70% en 2050. La mayor concentración de población en las urbes hace que el impacto de los desastres naturales y de un clima cambiante, pueda ser devastador en términos tanto de pérdida de vidas humanas como de destrucción de los medios de subsistencia.

Ante esta situación, es necesario construir nuevas herramientas y planteamientos que den poder a los gobiernos locales y a los ciudadanos, e incrementen su capacidad para afrontar nuevos desafíos protegiendo a la población en general.

En este sentido, la resiliencia describe la habilidad de cualquier sistema urbano de mantener continuidad después de impactos o de catástrofes mientras contribuye positivamente a la adaptación y la transformación. Una ciudad resiliente es aquella que evalúa, planea y actúa para preparar y responder a todo tipo de obstáculos, ya sean repentinos o lentos de origen, esperados o inesperados.

Las consecuencias de cada crisis dependen de la preparación de la ciudad para hacer frente a determinados impactos, así como de la manera en que la ciudadanía percibe y reacciona ante ellos. Estos factores son extremadamente variables y dependen de valores tan dispares como el buen funcionamiento de los sistemas o el grado de tolerancia que cada sociedad muestra ante los acontecimientos.

En consecuencia, ciudades de todo el mundo están iniciando su camino para convertirse en resilientes y proteger a sus habitantes, sus bienes y el mantenimiento de la funcionalidad ante las crisis.

De esta forma, las urbes están mejor preparadas para proteger y mejorar la vida de sus habitantes, para asegurar avances en el desarrollo, para fomentar un entorno en el cual se pueda invertir, y promover el cambio positivo.

Una agricultura apoyada por la comunidad, la peatonalización, unas redes de comunicación eficientes, el uso de biocombustibles o la promoción de sistemas públicos de transportes sostenibles como la bicicleta, son algunos de los aspectos que la Fundación Rockefeller, a través de su programa 100 ciudades resilientes, considera necesarios para que una urbe sea considerada bajo este calificativo.

A medida que los riesgos y la población urbana van aumentando, el concepto de resiliencia ha ganado más prominencia en las agendas internacionales de desarrollo. Promover la resiliencia, debe significar reducir riesgos, aumentando las capacidades y disminuyendo la fragilidad para implementar soluciones efectivas.

La resiliencia urbana es un proceso vivo que requiere una constante revisión y actualización de la situación de las ciudades. La evaluación de la información disponible permite avanzar en el conocimiento y consolida la toma de decisiones informada y eficaz, optimizando las inversiones para reducir los riesgos y mejorar la vida de todas las personas.

En un mundo globalizado, en el que todas las sociedades son conscientes de la escasez de recursos del planeta y sufren las consecuencias de la falta de capacidad para protegerse de los desastres que las amenazan, es el momento de dar un paso más hacia la resiliencia, haciendo partícipes a los ciudadanos e invirtiendo en educación, para convertir nuestras ciudades en lugares más habitables, seguros y con una mejor calidad de vida.

monserrat.publicaciones@gmail.com


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