/ miércoles 3 de junio de 2020

De discursos y controversias dialécticas a pleito de lavadero

Quien tiene como recurso facilidad de palabra provechosamente labra los terrenos del discurso

Roberto Gómez Bolaños (Chespirito)

Cuando se habla de discurso no sólo se refiere a la exposición oral que hace una persona acerca de un tema equis con el fin de convencer a quienes le escuchan por parte de la postura que tiene el expositor.

El discurso, en todo caso, se refiere al trazo que lleva un mensaje y los mensajes se pueden transmitir tanto con palabras, con imágenes, gestos corporales y hasta sonidos. No se necesitan propiamente palabras pronunciadas oralmente.

Por ejemplo, una caricatura, sin decir muchas o incluso ninguna palabra, puede llevar un mensaje duro contra los gobiernos o contra personajes. Es así que este recurso data desde la antigüedad durante el Renacimiento, como un ingenio crítico a la política, la moral, la religión; tal ha sido su fuerza que hasta nuestros días la caricatura es un arma poderosa en la crítica política.

Otro recurso de discurso es el gesto. Y vaya que es todo un discurso, que sin mencionar una solo palabra basta con hacer algún ademán y es todo un insulto que puede ocasionar un gran pleito.

El sonido también conlleva un mensaje que como discurso puede ser también una agresión de una persona a otra persona. Esto me recuerda la famosa tonadita que es muy usada en México sobre todo por parte de los automovilistas cuando por alguna razón se enojan con otro conductor y le suena el claxon.

Así pues, en el caso del discurso oral, aludiendo a Chespirito, el sentido es que, con las palabras se puede generar toda una orientación racional o emocional o ambas en el pensamiento de quienes escuchen las ideas de equis emisor.

En el mismo tenor, el recurso para el debate inteligente de las ideas es mediante la dialéctica, que es la técnica retórica de dialogar con el fin de encontrar la verdad o causas a través de la expresión y controversia o confrontación de razonamientos que son opuestos. O sea, la exposición de dos o más posturas entre personas que se rebaten entre sí.

Lo anterior nos lleva a la semana pasada cuando fuimos testigos de un discurso bajo y hasta vergonzoso entre el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa y el comentarista mediático Francisco Zea del Grupo Imagen.

El primero quiso congraciarse con su cargo tratando de poner límites como si estuviera mandando en su casa, y el segundo pretendió ser muy valiente creyendo que la fama nacional lo hacía invulnerable.

Ambos se sintieron tener el sartén por el mango y brotaron las ofensas sobre todo del comentarista que raspó con un lenguaje insultante en vez de demostrar su agudeza.

Lo que pudo ser una discusión inteligente (dialéctica), asumiendo que son personas inteligentes (se quiera o no), al gobernador le faltó tacto y al comentarista le falto respeto.

Como dice el refrán popular: lo cortés no quita lo valiente. Lo que hubo fue un intercambio de frases pedantes inclusive indignas.

No había necesidad por parte del primero de bajar su martillo con la hoz (no como símbolo de alianza de la clase obrera y los trabajares agrícolas), sino en el sentido del control del Kremlin (ciudadela rusa donde se encontraba el poder soviético).

Por parte del segundo, fue grosero y bajo, hacer mofa de situaciones físicas o de salud contra el gobernador para hablar de lo incorrecto, indebido, inapropiado o hasta ilegal de ser el caso, refiriéndonos a la causa del asunto que fue la Ley de Educación de Puebla.

No conozco a ninguno de los dos, pero me parece que hubo un pleito de lavadero creyendo ambos que eran muy dialécticos. En lo particular me dio vergüenza ajena tal desgarro. ¿Le suena?

Quien tiene como recurso facilidad de palabra provechosamente labra los terrenos del discurso

Roberto Gómez Bolaños (Chespirito)

Cuando se habla de discurso no sólo se refiere a la exposición oral que hace una persona acerca de un tema equis con el fin de convencer a quienes le escuchan por parte de la postura que tiene el expositor.

El discurso, en todo caso, se refiere al trazo que lleva un mensaje y los mensajes se pueden transmitir tanto con palabras, con imágenes, gestos corporales y hasta sonidos. No se necesitan propiamente palabras pronunciadas oralmente.

Por ejemplo, una caricatura, sin decir muchas o incluso ninguna palabra, puede llevar un mensaje duro contra los gobiernos o contra personajes. Es así que este recurso data desde la antigüedad durante el Renacimiento, como un ingenio crítico a la política, la moral, la religión; tal ha sido su fuerza que hasta nuestros días la caricatura es un arma poderosa en la crítica política.

Otro recurso de discurso es el gesto. Y vaya que es todo un discurso, que sin mencionar una solo palabra basta con hacer algún ademán y es todo un insulto que puede ocasionar un gran pleito.

El sonido también conlleva un mensaje que como discurso puede ser también una agresión de una persona a otra persona. Esto me recuerda la famosa tonadita que es muy usada en México sobre todo por parte de los automovilistas cuando por alguna razón se enojan con otro conductor y le suena el claxon.

Así pues, en el caso del discurso oral, aludiendo a Chespirito, el sentido es que, con las palabras se puede generar toda una orientación racional o emocional o ambas en el pensamiento de quienes escuchen las ideas de equis emisor.

En el mismo tenor, el recurso para el debate inteligente de las ideas es mediante la dialéctica, que es la técnica retórica de dialogar con el fin de encontrar la verdad o causas a través de la expresión y controversia o confrontación de razonamientos que son opuestos. O sea, la exposición de dos o más posturas entre personas que se rebaten entre sí.

Lo anterior nos lleva a la semana pasada cuando fuimos testigos de un discurso bajo y hasta vergonzoso entre el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa y el comentarista mediático Francisco Zea del Grupo Imagen.

El primero quiso congraciarse con su cargo tratando de poner límites como si estuviera mandando en su casa, y el segundo pretendió ser muy valiente creyendo que la fama nacional lo hacía invulnerable.

Ambos se sintieron tener el sartén por el mango y brotaron las ofensas sobre todo del comentarista que raspó con un lenguaje insultante en vez de demostrar su agudeza.

Lo que pudo ser una discusión inteligente (dialéctica), asumiendo que son personas inteligentes (se quiera o no), al gobernador le faltó tacto y al comentarista le falto respeto.

Como dice el refrán popular: lo cortés no quita lo valiente. Lo que hubo fue un intercambio de frases pedantes inclusive indignas.

No había necesidad por parte del primero de bajar su martillo con la hoz (no como símbolo de alianza de la clase obrera y los trabajares agrícolas), sino en el sentido del control del Kremlin (ciudadela rusa donde se encontraba el poder soviético).

Por parte del segundo, fue grosero y bajo, hacer mofa de situaciones físicas o de salud contra el gobernador para hablar de lo incorrecto, indebido, inapropiado o hasta ilegal de ser el caso, refiriéndonos a la causa del asunto que fue la Ley de Educación de Puebla.

No conozco a ninguno de los dos, pero me parece que hubo un pleito de lavadero creyendo ambos que eran muy dialécticos. En lo particular me dio vergüenza ajena tal desgarro. ¿Le suena?

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