/ viernes 5 de abril de 2019

Del pasado al futuro

Lo tengo muy claro. Era una noche de verano aproximadamente a las 9 de la noche, salía de la casa de unas amistades en Acatzingo, quienes me habían invitado a cenar después de una conferencia que impartí sobre metafísica. Abordé un taxi y emprendí mi regreso a la Ciudad de Puebla. En el trayecto de hora y media aproximadamente conversé prolijamente con Benito, el chofer, sobre diversos tópicos del tiempo y de la vida (los taxistas son filósofos naturales y experimentados); pero de toda la plática que tuvimos sólo me quedó este recuerdo y esta enseñanza. Aprovechando su experiencia en los Estados Unidos, pues había vivido 10 años en Palo Verde, California, trabajando como chofer y asistente de una familia americana, le pregunté en qué consistía, para él, la diferencia entre el pensamiento básico del mexicano y el del estadounidense. Sin más preámbulos y sin pensarlo me contestó inmediatamente: “Ellos piensan en el futuro, nosotros pensamos en el pasado”.

Desde entonces lo he meditado mucho, lo he reflexionado con compañeros de profesión y de escuela y con mis alumnos, y ahora después de leer el artículo de Andrés Oppenheimer en el periódico Reforma, publicado el lunes 1° de abril, lo confirmo. Es totalmente cierta la sabia reflexión de un chofer de taxi mexicano que vivió en los Estados Unidos por 10 años con una familia de clase media alta de ascendencia inglesa e italiana.

Ahora que nuevamente está en el centro de la discusión pública nacional la “Reforma Educativa”, y que por lo visto y escuchado lo que menos está importando es el nivel y la calidad de la educación que debe impartirse a los escolares, y sí los aspectos administrativos y laborales de los maestros, me pregunto si no sería de importancia fundamental introducir en la educación obligatoria de los niños y adolescentes las materias y los idiomas que les abran las puertas del mundo de la realidad actual y futura.

Pedir disculpas a España y al Papado por la conquista es más que nada un tema distractor carente de importancia para nuestra realidad actual. Lo verdaderamente preocupante, más allá de la economía, es el futuro que les espera a mis nietos, a los suyos, y a los niños y jóvenes estudiantes, tomando en consideración el nivel actual de la educación en México.

En el “Panorama de la Educación 2017” de la OCDE se dijo que “más de la mitad de la población adulta en el país se quedó en la secundaria”; esto es, en el 2016, el 53% de los adultos jóvenes (de 25 a 34 años) sólo contaban con educación por debajo de media superior, cifra que aumenta al 63% en el caso de personas entre 25 y 64 años. Y, además, nosotros ocupamos la proporción más baja entre los países de la OCDE, ya que solo el 17% de las personas de entre 25 a 64 años de edad habían cursado la Educación Superior en el año 2016. Y en los datos que arrojó la Encuesta Nacional de Educación y Empleo se refleja que de los 1.8 millones de desocupados que hay en el país, prácticamente la mitad, o sea 899 mil 353 tienen preparatoria o licenciatura. Baste decir, que tan solo en el 2017 más de 47 mil personas con ese nivel académico se sumaron a las filas de los desempleados.

Este es nuestro país en materia de educación, en donde sólo registramos 407 patentes de nuevos inventos, en comparación con las 90 mil 847 de Corea del Sur, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de las Naciones Unidas. En otros terrenos, las fábricas de China ya tienen 97 robots industriales por cada 10 mil trabajadores, mientras que México sólo tiene 36, en la misma proporción, según datos de la Federación Internacional de Robótica.

Sé que la historia es la raíz cultural de un pueblo, y que si no la aprendemos estamos obligados a repetirla; pero esto es válido en la educación básica, ya que en la media superior y superior la enseñanza debe estar orientada al futuro inmediato. ¿Usted qué opina?

Gracias Puebla.

Lo tengo muy claro. Era una noche de verano aproximadamente a las 9 de la noche, salía de la casa de unas amistades en Acatzingo, quienes me habían invitado a cenar después de una conferencia que impartí sobre metafísica. Abordé un taxi y emprendí mi regreso a la Ciudad de Puebla. En el trayecto de hora y media aproximadamente conversé prolijamente con Benito, el chofer, sobre diversos tópicos del tiempo y de la vida (los taxistas son filósofos naturales y experimentados); pero de toda la plática que tuvimos sólo me quedó este recuerdo y esta enseñanza. Aprovechando su experiencia en los Estados Unidos, pues había vivido 10 años en Palo Verde, California, trabajando como chofer y asistente de una familia americana, le pregunté en qué consistía, para él, la diferencia entre el pensamiento básico del mexicano y el del estadounidense. Sin más preámbulos y sin pensarlo me contestó inmediatamente: “Ellos piensan en el futuro, nosotros pensamos en el pasado”.

Desde entonces lo he meditado mucho, lo he reflexionado con compañeros de profesión y de escuela y con mis alumnos, y ahora después de leer el artículo de Andrés Oppenheimer en el periódico Reforma, publicado el lunes 1° de abril, lo confirmo. Es totalmente cierta la sabia reflexión de un chofer de taxi mexicano que vivió en los Estados Unidos por 10 años con una familia de clase media alta de ascendencia inglesa e italiana.

Ahora que nuevamente está en el centro de la discusión pública nacional la “Reforma Educativa”, y que por lo visto y escuchado lo que menos está importando es el nivel y la calidad de la educación que debe impartirse a los escolares, y sí los aspectos administrativos y laborales de los maestros, me pregunto si no sería de importancia fundamental introducir en la educación obligatoria de los niños y adolescentes las materias y los idiomas que les abran las puertas del mundo de la realidad actual y futura.

Pedir disculpas a España y al Papado por la conquista es más que nada un tema distractor carente de importancia para nuestra realidad actual. Lo verdaderamente preocupante, más allá de la economía, es el futuro que les espera a mis nietos, a los suyos, y a los niños y jóvenes estudiantes, tomando en consideración el nivel actual de la educación en México.

En el “Panorama de la Educación 2017” de la OCDE se dijo que “más de la mitad de la población adulta en el país se quedó en la secundaria”; esto es, en el 2016, el 53% de los adultos jóvenes (de 25 a 34 años) sólo contaban con educación por debajo de media superior, cifra que aumenta al 63% en el caso de personas entre 25 y 64 años. Y, además, nosotros ocupamos la proporción más baja entre los países de la OCDE, ya que solo el 17% de las personas de entre 25 a 64 años de edad habían cursado la Educación Superior en el año 2016. Y en los datos que arrojó la Encuesta Nacional de Educación y Empleo se refleja que de los 1.8 millones de desocupados que hay en el país, prácticamente la mitad, o sea 899 mil 353 tienen preparatoria o licenciatura. Baste decir, que tan solo en el 2017 más de 47 mil personas con ese nivel académico se sumaron a las filas de los desempleados.

Este es nuestro país en materia de educación, en donde sólo registramos 407 patentes de nuevos inventos, en comparación con las 90 mil 847 de Corea del Sur, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de las Naciones Unidas. En otros terrenos, las fábricas de China ya tienen 97 robots industriales por cada 10 mil trabajadores, mientras que México sólo tiene 36, en la misma proporción, según datos de la Federación Internacional de Robótica.

Sé que la historia es la raíz cultural de un pueblo, y que si no la aprendemos estamos obligados a repetirla; pero esto es válido en la educación básica, ya que en la media superior y superior la enseñanza debe estar orientada al futuro inmediato. ¿Usted qué opina?

Gracias Puebla.

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