/ viernes 14 de febrero de 2020

¡El amor!

D. Laing un psiquiatra inglés en su libro “La política de la experiencia” sugiere algo que resulta provocador, extraño y preocupante, pero que puede constituir un gran reto: “Lo que pensamos es menos de lo que sabemos. Lo que sabemos es menos de lo que amamos. Lo que amamos es mucho menos de lo que existe. Y precisamente en esta medida desarrollamos mucho menos de lo que somos”

¿Y en que consiste nuestro reto ante provocadora idea? Yo creo que en convertirnos en algo más, en conocer y desarrollar todas nuestras potencialidades y no solo conformarnos con lo aceptado, lo consabido, lo habitual. Somos seres individuales y por lo tanto únicos e irrepetibles en todo el universo; y nuestra educación debería estar orientada fundamentalmente a lograr que nosotros descubramos nuestra potencialidad y en qué forma somos únicos y como desarrollarlo y compartirlo.

Vivimos en una sociedad en la que se mide a las personas no por quienes son, sino más bien por lo que tienen. Si tienen mucho, debe ser una gran persona. Si tiene poco, es insignificante. Nos pasamos la vida etiquetando y eso son fenómenos que distancian, nos apartan. Es un indígena, ¿qué es un hombre indígena? Nunca he conocido dos iguales, ¿ama?, ¿le importa alguien? ¿Qué hay sobre sus hijos? ¿Ha llorado alguna vez? ¿Se siente solo? ¿Es feliz? Estas son las cosas importantes, y no el hecho de que sea indígena o moreno, fanático o descreído.

Este es el punto crucial, cuando rompemos los límites que nos han impuesto a través de la domesticación llamada educación y que nosotros voluntariamente hemos aceptado para agradar a los otros o para ser aceptados en la sociedad; y empezamos a aceptarnos y a superarnos. ¿Cómo emprende el vuelo aquél que piensa que no tiene alas? Tania Karam lo contesta en su libro “Renaser”, atreviéndose a ¡AMAR! A partir de que nosotros nos amamos.

Para que una persona pueda amar no necesita ser perfecta, solo necesita ser humana y para ello no debemos renunciar a nuestra capacidad de asombro, de crecimiento y cambio; si no lo creemos, estamos en el proceso de morir. El cambio y el crecimiento se llevan a cabo cuando nos arriesgamos y nos atrevemos a experimentar con nuestra propia vida, confiando en sí mismo. Lo opuesto al amor no es el odio, es la indiferencia.

Pero también se necesita libertad. Thoreau dijo entre otras cosas, algo maravilloso: “los pájaros nunca cantan en las cuevas”. Uno tiene que ser libre para poder aprender y cuando esa libertad me lleva a aprender del otro o de la otra, se inicia una aventura existencial transformadora, siempre y cuando el camino que recorramos juntos tenga corazón.

El amor, díce Leo Buscaglia “es un fenómeno aprendido”, si esto no lo entendemos y nos negamos a enfrentarlo, estaremos como la mayoría de las personas que pasan su vida tratando de encontrar al amor sin conseguirlo. Primeramente no se puede dar amor si no se tiene uno amor. No se puede enseñar a amar a otro, si uno no lo entiende. Y no se puede saber lo que no se estudia o se experimenta... Por lo tanto, la forma en que aprendemos el amor está determinada por la cultura en que nos hemos desenvuelto.

El amor es una interacción dinámica que se vive cada segundo de nuestra vida y durante toda ella, y se encuentra en todas partes y en todo momento. Si uno desea conocer el amor, debe vivirlo activamente “hay que amar hasta que algún día se encuentre la respuesta”, en una planta, en un árbol, en una mascota o en un ser humano, después, ya nada será igual.

Hoy hablamos mucho del amor pero al desconocerlo lo hemos banalizado; y del corazón lo hemos trasladado hedonistamente solo a los genitales. El odio, el egoísmo y la violencia que vivimos solo pueda ser combatida con el amor; y para ello, tenemos que empezar por nosotros mismos.

Gracias Puebla. Y te recuerdo “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

D. Laing un psiquiatra inglés en su libro “La política de la experiencia” sugiere algo que resulta provocador, extraño y preocupante, pero que puede constituir un gran reto: “Lo que pensamos es menos de lo que sabemos. Lo que sabemos es menos de lo que amamos. Lo que amamos es mucho menos de lo que existe. Y precisamente en esta medida desarrollamos mucho menos de lo que somos”

¿Y en que consiste nuestro reto ante provocadora idea? Yo creo que en convertirnos en algo más, en conocer y desarrollar todas nuestras potencialidades y no solo conformarnos con lo aceptado, lo consabido, lo habitual. Somos seres individuales y por lo tanto únicos e irrepetibles en todo el universo; y nuestra educación debería estar orientada fundamentalmente a lograr que nosotros descubramos nuestra potencialidad y en qué forma somos únicos y como desarrollarlo y compartirlo.

Vivimos en una sociedad en la que se mide a las personas no por quienes son, sino más bien por lo que tienen. Si tienen mucho, debe ser una gran persona. Si tiene poco, es insignificante. Nos pasamos la vida etiquetando y eso son fenómenos que distancian, nos apartan. Es un indígena, ¿qué es un hombre indígena? Nunca he conocido dos iguales, ¿ama?, ¿le importa alguien? ¿Qué hay sobre sus hijos? ¿Ha llorado alguna vez? ¿Se siente solo? ¿Es feliz? Estas son las cosas importantes, y no el hecho de que sea indígena o moreno, fanático o descreído.

Este es el punto crucial, cuando rompemos los límites que nos han impuesto a través de la domesticación llamada educación y que nosotros voluntariamente hemos aceptado para agradar a los otros o para ser aceptados en la sociedad; y empezamos a aceptarnos y a superarnos. ¿Cómo emprende el vuelo aquél que piensa que no tiene alas? Tania Karam lo contesta en su libro “Renaser”, atreviéndose a ¡AMAR! A partir de que nosotros nos amamos.

Para que una persona pueda amar no necesita ser perfecta, solo necesita ser humana y para ello no debemos renunciar a nuestra capacidad de asombro, de crecimiento y cambio; si no lo creemos, estamos en el proceso de morir. El cambio y el crecimiento se llevan a cabo cuando nos arriesgamos y nos atrevemos a experimentar con nuestra propia vida, confiando en sí mismo. Lo opuesto al amor no es el odio, es la indiferencia.

Pero también se necesita libertad. Thoreau dijo entre otras cosas, algo maravilloso: “los pájaros nunca cantan en las cuevas”. Uno tiene que ser libre para poder aprender y cuando esa libertad me lleva a aprender del otro o de la otra, se inicia una aventura existencial transformadora, siempre y cuando el camino que recorramos juntos tenga corazón.

El amor, díce Leo Buscaglia “es un fenómeno aprendido”, si esto no lo entendemos y nos negamos a enfrentarlo, estaremos como la mayoría de las personas que pasan su vida tratando de encontrar al amor sin conseguirlo. Primeramente no se puede dar amor si no se tiene uno amor. No se puede enseñar a amar a otro, si uno no lo entiende. Y no se puede saber lo que no se estudia o se experimenta... Por lo tanto, la forma en que aprendemos el amor está determinada por la cultura en que nos hemos desenvuelto.

El amor es una interacción dinámica que se vive cada segundo de nuestra vida y durante toda ella, y se encuentra en todas partes y en todo momento. Si uno desea conocer el amor, debe vivirlo activamente “hay que amar hasta que algún día se encuentre la respuesta”, en una planta, en un árbol, en una mascota o en un ser humano, después, ya nada será igual.

Hoy hablamos mucho del amor pero al desconocerlo lo hemos banalizado; y del corazón lo hemos trasladado hedonistamente solo a los genitales. El odio, el egoísmo y la violencia que vivimos solo pueda ser combatida con el amor; y para ello, tenemos que empezar por nosotros mismos.

Gracias Puebla. Y te recuerdo “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

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