/ viernes 19 de junio de 2020

El despertar espiritual

Vivimos de acuerdo con lo que sabemos. Si creemos que el Universo y nosotros mismos somos algo mecánico y material, viviremos en forma mecánica. Por el contrario, si sabemos que formamos parte de un Universo abierto y espiritual, y que nuestra mente es un mar de realidades, viviremos en forma creativa. Si nos imaginamos como seres aislados flotando en un océano de indiferencia, nos comportaremos en la vida de forma diferente a como lo haríamos de sabernos en un Universo holístico. Si creemos que el mundo es estático o fijo nos opondremos a todo cambio, pero si sabemos que es fluido estaremos siempre alentando y participando en el cambio.

Como decía Abraham Maslow “el miedo a saber es en el fondo un miedo a hacer” ya que todo nuevo conocimiento entraña una responsabilidad. Ahora, la ciencia médica no está haciendo más que confirmar paradojas e instituciones con las que la humanidad se ha tropezado repetidas veces, pero empeñándose tercamente en no verlas. Nos están diciendo que nuestra forma de vida y de desarrollo está violando la naturaleza. Nos dedicamos a fragmentar y a alterar lo que debemos dejar moverse; nos empeñamos en destruir nuestro planeta en aras de la modernización. Competimos, cuando en realidad podríamos cooperar; y si entendemos lo que está pasando veremos la necesidad crítica e imperiosa de un cambio que consiste en vivir de acuerdo con la naturaleza y no en contra de ella.

Pero a la par de estas ideas, nos estamos dando cuenta, ya sea por necesidad, por accidente o por un despertar de conciencia que la vida espiritual está resurgiendo y despertando. Y digo resurgiendo y despertando porque siempre ha estado subyacente en la vida del ser humano. En el pasado remoto la brujería y el chamanismo eran prácticas tribales, necesarias para la sobrevivencia. Después fueron combatidas por el dogma y hasta perseguidas, por lo que fueron herméticas y esotéricas, y la Inquisición llenó los calabozos y las hogueras con sus practicantes.

Ahora sabemos que la materia y la mente son diferentes solamente en nuestra imaginación y que de hecho están entrelazadas; y que lo que antes llamaban “magia” o “milagros” es la manifestación de la vida espiritual. El místico alemán Meister Eckarth dijo que “DIOS se hace y se deshace”. Y Rumi, el místico sufí, decía: “Las mentes humanas perciben las causas segundas, pero solo los profetas perciben la acción de la Causa Primera”. Teilhard de Chardin creía que la conciencia humana puede retornar a un punto “en el que las raíces de la materia desaparecen de la vista”. La realidad posee un “dentro”, lo mismo que un “fuera”, afirmaba. Y en los libros de Don Juan, Carlos Castaneda describe dos dimensiones que suenan como las dimensiones holográficas primaria y secundaria: el poderoso “nahual”, un vacío indescriptible en que todo se contiene, y el “tonal”, reflejo ordenado de eso indescriptible y desconocido.

Esta pandemia nos está obligando a entender que “somos seres espirituales que estamos viviendo una experiencia humana”, y que necesitamos retornar a nuestros orígenes para poder convivir sanamente. No vivimos en un Universo hostil, sino noble y generoso, en donde la armonía y la solidaridad son manifiestas. El Amor es la fuerza generadora del TODO, es armonía, es nuestra condición y a ella nos debemos. Cuando esto cambia, por el egoísmo, entonces nos separamos, nos dividimos, nos peleamos, vemos al Universo hostil, todo se vuelve “tierra de nadie” y surgen las guerras y las enfermedades, reflejando el interior caótico y anárquico en el que vivimos.

Esto también pasará, y cuando se abran las puertas otra vez y salgamos a la calle confiados, ¿habremos en verdad cambiado?, ¿o seguiremos destruyéndonos y acabando con el mundo? Cada uno tiene la palabra.

Escúchame mañana a las 9 hrs. en mi programa “CONVERSACIONES”, en el 12.80 de AM. “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”.

Vivimos de acuerdo con lo que sabemos. Si creemos que el Universo y nosotros mismos somos algo mecánico y material, viviremos en forma mecánica. Por el contrario, si sabemos que formamos parte de un Universo abierto y espiritual, y que nuestra mente es un mar de realidades, viviremos en forma creativa. Si nos imaginamos como seres aislados flotando en un océano de indiferencia, nos comportaremos en la vida de forma diferente a como lo haríamos de sabernos en un Universo holístico. Si creemos que el mundo es estático o fijo nos opondremos a todo cambio, pero si sabemos que es fluido estaremos siempre alentando y participando en el cambio.

Como decía Abraham Maslow “el miedo a saber es en el fondo un miedo a hacer” ya que todo nuevo conocimiento entraña una responsabilidad. Ahora, la ciencia médica no está haciendo más que confirmar paradojas e instituciones con las que la humanidad se ha tropezado repetidas veces, pero empeñándose tercamente en no verlas. Nos están diciendo que nuestra forma de vida y de desarrollo está violando la naturaleza. Nos dedicamos a fragmentar y a alterar lo que debemos dejar moverse; nos empeñamos en destruir nuestro planeta en aras de la modernización. Competimos, cuando en realidad podríamos cooperar; y si entendemos lo que está pasando veremos la necesidad crítica e imperiosa de un cambio que consiste en vivir de acuerdo con la naturaleza y no en contra de ella.

Pero a la par de estas ideas, nos estamos dando cuenta, ya sea por necesidad, por accidente o por un despertar de conciencia que la vida espiritual está resurgiendo y despertando. Y digo resurgiendo y despertando porque siempre ha estado subyacente en la vida del ser humano. En el pasado remoto la brujería y el chamanismo eran prácticas tribales, necesarias para la sobrevivencia. Después fueron combatidas por el dogma y hasta perseguidas, por lo que fueron herméticas y esotéricas, y la Inquisición llenó los calabozos y las hogueras con sus practicantes.

Ahora sabemos que la materia y la mente son diferentes solamente en nuestra imaginación y que de hecho están entrelazadas; y que lo que antes llamaban “magia” o “milagros” es la manifestación de la vida espiritual. El místico alemán Meister Eckarth dijo que “DIOS se hace y se deshace”. Y Rumi, el místico sufí, decía: “Las mentes humanas perciben las causas segundas, pero solo los profetas perciben la acción de la Causa Primera”. Teilhard de Chardin creía que la conciencia humana puede retornar a un punto “en el que las raíces de la materia desaparecen de la vista”. La realidad posee un “dentro”, lo mismo que un “fuera”, afirmaba. Y en los libros de Don Juan, Carlos Castaneda describe dos dimensiones que suenan como las dimensiones holográficas primaria y secundaria: el poderoso “nahual”, un vacío indescriptible en que todo se contiene, y el “tonal”, reflejo ordenado de eso indescriptible y desconocido.

Esta pandemia nos está obligando a entender que “somos seres espirituales que estamos viviendo una experiencia humana”, y que necesitamos retornar a nuestros orígenes para poder convivir sanamente. No vivimos en un Universo hostil, sino noble y generoso, en donde la armonía y la solidaridad son manifiestas. El Amor es la fuerza generadora del TODO, es armonía, es nuestra condición y a ella nos debemos. Cuando esto cambia, por el egoísmo, entonces nos separamos, nos dividimos, nos peleamos, vemos al Universo hostil, todo se vuelve “tierra de nadie” y surgen las guerras y las enfermedades, reflejando el interior caótico y anárquico en el que vivimos.

Esto también pasará, y cuando se abran las puertas otra vez y salgamos a la calle confiados, ¿habremos en verdad cambiado?, ¿o seguiremos destruyéndonos y acabando con el mundo? Cada uno tiene la palabra.

Escúchame mañana a las 9 hrs. en mi programa “CONVERSACIONES”, en el 12.80 de AM. “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”.

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