/ jueves 11 de abril de 2019

El niño en el teatro

En la actualidad y de manera general podríamos decir que a nivel mundial, la expresión dramática por excelencia siempre ha sido el teatro.

Dado que no es el objetivo de analizar y definir las características del fenómeno teatral, diremos con el fin de apreciar mejor las diferencias entre aquel y lo que seria una actividad dramática del niño que existe en el teatro.

Los elementos que lo han conformado son: los actores y los espectadores, como términos indispensable de una relación teatral más o menos fija, lo que da lugar a una comunicación particular entre artistas y público en el arte dramático.

A diferencia de esto, vemos que en las representaciones dramáticas espontáneas cada niño integrante de un grupo alterna en sí mismo, los momentos en los que observa y los que actúan, como aspectos de una misma actividad y no como una función más importante que la otra.

Diremos que representar es la posibilidad de hacer presente el comportamiento de un ausente, real o imaginario, mediante la realización de acciones que caractericen a ese ausente.

Esta capacidad de representar, común a todo ser humano, adquiere características muy diferentes, según se trate de una representación teatral o de una actividad dramática infantil.

Y a la ya mencionada diferencia en la reacción actor-espectador en una y otra actividad, quisiéramos añadir otras diferenciaciones importantes.

Comúnmente, lo que vemos y oímos en las representaciones teatrales ha sido definido con anterioridad: el texto ha sido memorizado, los gestos y los movimientos que se utilizaran han sido marcados con anticipación de la representación a la audiencia.

Esta estructura artística se completara al ser presentada al público. En cambio, en la producción dramática infantil ésta se estructura en el momento, y de acuerdo a las necesidades, de lo que va aconteciendo y no de algo prefijado.

Otro aspecto sumamente importante es que en la producción teatral tradicionalmente se da una división de funciones entre los artistas participantes del mismo hecho artístico; existen: el autor, el director, los actores, personal de apoyo, etcétera.

Muy distinto de lo que ocurre en las representaciones espontáneas de los niños, en las que observamos cómo aportan en todos los aspectos del hecho artístico: relatos, ambientación, actuación, participación, etcétera. Estas diferencias básicas entre la actividad teatral de los adultos y la actividad dramática de los niños, a desarrollar en partes con tales propósitos, llevarían a plantearnos distintos ideas, de entre las cuáles, y dado el objetivo del niño en el teatro ¿Para qué le sirve al niño participar en una obra teatral? ¿Qué actitudes le ayudan a desarrollar más en beneficio de su desarrollo emocional y educativo? ¿Su participación en el escenario, sería un contribuyente a su desenvolvimiento personal?

Creemos que, conjuntamente con otras actividades que existen en las escuelas como son la música, las artes plásticas, la expresión corporal y muchas más que se imparten, se completaría la posibilidad de contribuir a la formación del niño actuando completamente desde el plano específico en que contribuye una actividad artística y que influye directamente en el proceso de maduración del niño.

Esto es posible, en primer lugar, tomando en cuenta las diferencias existentes entre la forma de producción artística de los adultos y la de los niños; forma esta última que tienen características propias y que no puede obedecer a reproducciones o adaptaciones de las finalidades y técnicas de la producción artística entre los adultos, recortadas y adaptadas a las posibilidades del niño. Por el contrario, se trata de partir de las posibilidades del niño e instrumentar un trabajo de acuerdo a los intereses y necesidades de su momento evolutivo y que contribuya a su desarrollo. Con participaciones escolares los niños aprenden estas habilidades teatrales en la escuela.

Cada año las escuelas organizan un concurso escolar de obras de teatro, en donde se busca que los maestros y los niños se interrelacionen para poner en escena una pequeña representación de algún autor conocido, pero principalmente para que los niños propongan sus personajes y aumentes sus habilidades creativas con la finalidad de tener una expresión dramática más acorde a su edad y su ámbito de su comunidad escolar.

Estos concursos despiertan el interés de niños, maestros, directivos, escuelas y padres de familia en sobresalir en estas actividades artísticas, desarrollando creatividad y competitividad teatral.


Doctor en Educación.

En la actualidad y de manera general podríamos decir que a nivel mundial, la expresión dramática por excelencia siempre ha sido el teatro.

Dado que no es el objetivo de analizar y definir las características del fenómeno teatral, diremos con el fin de apreciar mejor las diferencias entre aquel y lo que seria una actividad dramática del niño que existe en el teatro.

Los elementos que lo han conformado son: los actores y los espectadores, como términos indispensable de una relación teatral más o menos fija, lo que da lugar a una comunicación particular entre artistas y público en el arte dramático.

A diferencia de esto, vemos que en las representaciones dramáticas espontáneas cada niño integrante de un grupo alterna en sí mismo, los momentos en los que observa y los que actúan, como aspectos de una misma actividad y no como una función más importante que la otra.

Diremos que representar es la posibilidad de hacer presente el comportamiento de un ausente, real o imaginario, mediante la realización de acciones que caractericen a ese ausente.

Esta capacidad de representar, común a todo ser humano, adquiere características muy diferentes, según se trate de una representación teatral o de una actividad dramática infantil.

Y a la ya mencionada diferencia en la reacción actor-espectador en una y otra actividad, quisiéramos añadir otras diferenciaciones importantes.

Comúnmente, lo que vemos y oímos en las representaciones teatrales ha sido definido con anterioridad: el texto ha sido memorizado, los gestos y los movimientos que se utilizaran han sido marcados con anticipación de la representación a la audiencia.

Esta estructura artística se completara al ser presentada al público. En cambio, en la producción dramática infantil ésta se estructura en el momento, y de acuerdo a las necesidades, de lo que va aconteciendo y no de algo prefijado.

Otro aspecto sumamente importante es que en la producción teatral tradicionalmente se da una división de funciones entre los artistas participantes del mismo hecho artístico; existen: el autor, el director, los actores, personal de apoyo, etcétera.

Muy distinto de lo que ocurre en las representaciones espontáneas de los niños, en las que observamos cómo aportan en todos los aspectos del hecho artístico: relatos, ambientación, actuación, participación, etcétera. Estas diferencias básicas entre la actividad teatral de los adultos y la actividad dramática de los niños, a desarrollar en partes con tales propósitos, llevarían a plantearnos distintos ideas, de entre las cuáles, y dado el objetivo del niño en el teatro ¿Para qué le sirve al niño participar en una obra teatral? ¿Qué actitudes le ayudan a desarrollar más en beneficio de su desarrollo emocional y educativo? ¿Su participación en el escenario, sería un contribuyente a su desenvolvimiento personal?

Creemos que, conjuntamente con otras actividades que existen en las escuelas como son la música, las artes plásticas, la expresión corporal y muchas más que se imparten, se completaría la posibilidad de contribuir a la formación del niño actuando completamente desde el plano específico en que contribuye una actividad artística y que influye directamente en el proceso de maduración del niño.

Esto es posible, en primer lugar, tomando en cuenta las diferencias existentes entre la forma de producción artística de los adultos y la de los niños; forma esta última que tienen características propias y que no puede obedecer a reproducciones o adaptaciones de las finalidades y técnicas de la producción artística entre los adultos, recortadas y adaptadas a las posibilidades del niño. Por el contrario, se trata de partir de las posibilidades del niño e instrumentar un trabajo de acuerdo a los intereses y necesidades de su momento evolutivo y que contribuya a su desarrollo. Con participaciones escolares los niños aprenden estas habilidades teatrales en la escuela.

Cada año las escuelas organizan un concurso escolar de obras de teatro, en donde se busca que los maestros y los niños se interrelacionen para poner en escena una pequeña representación de algún autor conocido, pero principalmente para que los niños propongan sus personajes y aumentes sus habilidades creativas con la finalidad de tener una expresión dramática más acorde a su edad y su ámbito de su comunidad escolar.

Estos concursos despiertan el interés de niños, maestros, directivos, escuelas y padres de familia en sobresalir en estas actividades artísticas, desarrollando creatividad y competitividad teatral.


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