/ miércoles 24 de julio de 2019

El verdadero origen de la talavera

Las vajillas de talavera, donde lo mismo se sirve un chocolate espumoso que un chile en nogada, obtuvieron su denominación de origen en 1994 por sus peculiares diseños; sin embargo, no se sabía cómo empezó a producirse esta loza que ha dado fama mundial al estado de Puebla, por lo que la investigadora Emma Yanes Rizo se dio a la tarea de rescatar un siglo perdido de su historia.

La especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) logró determinar que en 1550 un pequeño grupo de artesanos provenientes de los talleres de Talavera de la Reina, Sevilla y Génova se establecieron en la Nueva España, en particular en Puebla, y comenzaron a producir la loza estannífera, la popular talavera.

“Los artesanos españoles aprovecharon el conocimiento prehispánico que tenían los pueblos indígenas en el manejo de las arcillas, y lo incorporaron a sus talleres junto con el propio personal europeo e incluso con esclavos negros. El resultado fue un producto original hoy denominado talavera poblana”.

Existen registros desde 1550 que comprueban la presencia de loceros en Puebla, sitio que facilitó la producción de la loza y el acceso a la materia prima; además esta urbe novohispana ocupó un lugar comercial estratégico, debido a que se construyó como un punto intermedio entre la Ciudad de México y Veracruz, destacó Yanes Rizo.

Al principio, los artesanos procedentes de España produjeron tanto objetos de loza como de cañería; la ciudad, en pleno proceso de construcción, requería tubería para llevar agua a los conventos, iglesias y casas de los principales. En forma simultánea hacían tubería de barro, cazuelas y jarros, y después empezaron a trabajar la loza fina.

Las familias de altos recursos aspiraban a tener una vajilla de porcelana o de loza fina europea, pero el viaje de ida y vuelta al Viejo Continente era muy largo y si una pieza se quebraba debían conseguir otra. Esa fragilidad de la cerámica permitió el desarrollo de la producción de talavera, porque salía más barato hacer un plato nuevo localmente que traerlo de fuera. Así empezó a generarse esta industria, indicó la historiadora.

Señaló que la originalidad en los diseños de la talavera poblana se debió a que en un solo taller novohispano en la Angelópolis trabajaban maestros de Talavera de la Reina y de Sevilla, e incluso de Génova. Esta combinación provocó una fusión de técnicas y el surgimiento de una producción original y distinta de la europea.

Para 1620, los talleres iniciados por un puñado de españoles ya habían pasado a sus hijos o aprendices, generalmente criollos y mestizos, por lo que en esa época hubo una generación de maestros mexicanos que crearon su propio estilo, dijo Emma Yanes.

Los artesanos buscaban elaborar piezas más ricas que las traídas de España, y empezaron a crear loza con el azul cobalto abultado. Aplicando cobalto y estaño, lograron la textura lo que implicaba una ostentación extrema, no sólo por el barroquismo de las piezas, sino por el uso exagerado de esos minerales.

La talavera se utilizó tanto en vajillas como en contenedores para los hospitales, e incluso para el traslado del vino y el pulque, añadió. También se aplicó en los azulejos, primero dentro de los inmuebles, por ejemplo en cocinas, fuentes y altares, y después, principalmente en el siglo XVIII, en las fachadas de casas e iglesias.

Al paso del tiempo, el concepto de vajilla cambió, puesto que en el siglo XVI el servicio de la mesa era muy elemental: consistía en una escudilla, una especie de plato sopero y otro más un poco extendido, un especiero y una fuente al centro, pero esto poco a poco se transformó y se hizo más compleja la producción de plato, platito, platón, taza, tacita etc., lo que propició que en el siglo XVIII la loza estannífera alcanzara auge y gusto entre la sociedad con mayores recursos en la Nueva España, concluyó Yanes Rizo.

La investigadora de la DEH recabó estos datos para su tesis doctoral en el Archivo de Notarías de Puebla, en el Centro de Estudios de San Ángel de Grupo Carso, en el Archivo de Indias de Sevilla y el Archivo Judicial del INAH Puebla, y recurrió a vestigios de tiestos, es decir restos arqueológicos de loza fina de los últimos salvamentos arqueológicos en el Centro Histórico de la ciudad de Puebla, donde se encontraron gran cantidad de fragmentos de mayólica del siglo XVI al XVIII.

La tesis para obtener el grado de doctora en Historia del Arte la elaboró en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, con el título La Loza Estannífera de Puebla, de la Comunidad Original de Loceros a la Formación del Gremio (1550-1653).

Dicha tesis, se ha convertido en un libro. Emma escribió su libro Que de Dónde, Amigo Vengo. Los Orígenes de la Loza Estannífera o Talavera Poblana. 1550-1653, donde resume la sensación placentera de mirar la famosa cerámica. Recientemente fue presentado en Puebla Capital.

FACTOR CIUDADANO

En su XV Edición, la asociación civil Factor Ciudadano que encabeza Julio Leopoldo de Lara, entregó sus galardones 2019 el viernes pasado en el sector de Arte y Cultura a Jaime Alejandro Andrade García; Jorge Altieri Hernández, Vidal Calvario Tepox, Coral Colmenares Martínez, Elías Guerra Castillo, Javier Martínez Arellano, Ricardo Pérez Quit y Martí Esther Rodríguez Enríquez.

En Educación lo recibieron Alejandro Ariza Alonso y Frida Margarita Huerta González. En reconocimiento al Talento, fueron premiados César Bonilla Yunes y Juan Vanzini Sepúlveda. En Turismo, Juan Ramón Álvarez Cuspineira y María Elena Jean Muñoz.

Finalmente en el Sector Social, estuvieron Francisco Castillo Montemayor, Alberto Jiménez Merino y Rodolfo Ruiz Rodríguez. Hubo un reconocimiento póstumo al capitán Jorge Morado Nava.

Le invito a escuchar La Revista ABC, jueves y viernes de cada semana de 11:00 a 12:00 del mediodía, a través de 1280 de Amplitud Modulada, ABC Radio. También puede verlo y oírlo por Internet. La dirección es: http://www.abcradiopuebla.com.mx y por Facebook: La Revista ABC.

leticia_montagner@hotmail.com

Las vajillas de talavera, donde lo mismo se sirve un chocolate espumoso que un chile en nogada, obtuvieron su denominación de origen en 1994 por sus peculiares diseños; sin embargo, no se sabía cómo empezó a producirse esta loza que ha dado fama mundial al estado de Puebla, por lo que la investigadora Emma Yanes Rizo se dio a la tarea de rescatar un siglo perdido de su historia.

La especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) logró determinar que en 1550 un pequeño grupo de artesanos provenientes de los talleres de Talavera de la Reina, Sevilla y Génova se establecieron en la Nueva España, en particular en Puebla, y comenzaron a producir la loza estannífera, la popular talavera.

“Los artesanos españoles aprovecharon el conocimiento prehispánico que tenían los pueblos indígenas en el manejo de las arcillas, y lo incorporaron a sus talleres junto con el propio personal europeo e incluso con esclavos negros. El resultado fue un producto original hoy denominado talavera poblana”.

Existen registros desde 1550 que comprueban la presencia de loceros en Puebla, sitio que facilitó la producción de la loza y el acceso a la materia prima; además esta urbe novohispana ocupó un lugar comercial estratégico, debido a que se construyó como un punto intermedio entre la Ciudad de México y Veracruz, destacó Yanes Rizo.

Al principio, los artesanos procedentes de España produjeron tanto objetos de loza como de cañería; la ciudad, en pleno proceso de construcción, requería tubería para llevar agua a los conventos, iglesias y casas de los principales. En forma simultánea hacían tubería de barro, cazuelas y jarros, y después empezaron a trabajar la loza fina.

Las familias de altos recursos aspiraban a tener una vajilla de porcelana o de loza fina europea, pero el viaje de ida y vuelta al Viejo Continente era muy largo y si una pieza se quebraba debían conseguir otra. Esa fragilidad de la cerámica permitió el desarrollo de la producción de talavera, porque salía más barato hacer un plato nuevo localmente que traerlo de fuera. Así empezó a generarse esta industria, indicó la historiadora.

Señaló que la originalidad en los diseños de la talavera poblana se debió a que en un solo taller novohispano en la Angelópolis trabajaban maestros de Talavera de la Reina y de Sevilla, e incluso de Génova. Esta combinación provocó una fusión de técnicas y el surgimiento de una producción original y distinta de la europea.

Para 1620, los talleres iniciados por un puñado de españoles ya habían pasado a sus hijos o aprendices, generalmente criollos y mestizos, por lo que en esa época hubo una generación de maestros mexicanos que crearon su propio estilo, dijo Emma Yanes.

Los artesanos buscaban elaborar piezas más ricas que las traídas de España, y empezaron a crear loza con el azul cobalto abultado. Aplicando cobalto y estaño, lograron la textura lo que implicaba una ostentación extrema, no sólo por el barroquismo de las piezas, sino por el uso exagerado de esos minerales.

La talavera se utilizó tanto en vajillas como en contenedores para los hospitales, e incluso para el traslado del vino y el pulque, añadió. También se aplicó en los azulejos, primero dentro de los inmuebles, por ejemplo en cocinas, fuentes y altares, y después, principalmente en el siglo XVIII, en las fachadas de casas e iglesias.

Al paso del tiempo, el concepto de vajilla cambió, puesto que en el siglo XVI el servicio de la mesa era muy elemental: consistía en una escudilla, una especie de plato sopero y otro más un poco extendido, un especiero y una fuente al centro, pero esto poco a poco se transformó y se hizo más compleja la producción de plato, platito, platón, taza, tacita etc., lo que propició que en el siglo XVIII la loza estannífera alcanzara auge y gusto entre la sociedad con mayores recursos en la Nueva España, concluyó Yanes Rizo.

La investigadora de la DEH recabó estos datos para su tesis doctoral en el Archivo de Notarías de Puebla, en el Centro de Estudios de San Ángel de Grupo Carso, en el Archivo de Indias de Sevilla y el Archivo Judicial del INAH Puebla, y recurrió a vestigios de tiestos, es decir restos arqueológicos de loza fina de los últimos salvamentos arqueológicos en el Centro Histórico de la ciudad de Puebla, donde se encontraron gran cantidad de fragmentos de mayólica del siglo XVI al XVIII.

La tesis para obtener el grado de doctora en Historia del Arte la elaboró en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, con el título La Loza Estannífera de Puebla, de la Comunidad Original de Loceros a la Formación del Gremio (1550-1653).

Dicha tesis, se ha convertido en un libro. Emma escribió su libro Que de Dónde, Amigo Vengo. Los Orígenes de la Loza Estannífera o Talavera Poblana. 1550-1653, donde resume la sensación placentera de mirar la famosa cerámica. Recientemente fue presentado en Puebla Capital.

FACTOR CIUDADANO

En su XV Edición, la asociación civil Factor Ciudadano que encabeza Julio Leopoldo de Lara, entregó sus galardones 2019 el viernes pasado en el sector de Arte y Cultura a Jaime Alejandro Andrade García; Jorge Altieri Hernández, Vidal Calvario Tepox, Coral Colmenares Martínez, Elías Guerra Castillo, Javier Martínez Arellano, Ricardo Pérez Quit y Martí Esther Rodríguez Enríquez.

En Educación lo recibieron Alejandro Ariza Alonso y Frida Margarita Huerta González. En reconocimiento al Talento, fueron premiados César Bonilla Yunes y Juan Vanzini Sepúlveda. En Turismo, Juan Ramón Álvarez Cuspineira y María Elena Jean Muñoz.

Finalmente en el Sector Social, estuvieron Francisco Castillo Montemayor, Alberto Jiménez Merino y Rodolfo Ruiz Rodríguez. Hubo un reconocimiento póstumo al capitán Jorge Morado Nava.

Le invito a escuchar La Revista ABC, jueves y viernes de cada semana de 11:00 a 12:00 del mediodía, a través de 1280 de Amplitud Modulada, ABC Radio. También puede verlo y oírlo por Internet. La dirección es: http://www.abcradiopuebla.com.mx y por Facebook: La Revista ABC.

leticia_montagner@hotmail.com

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