/ viernes 17 de mayo de 2019

En ausencia de lo sagrado

¿Imaginan ustedes destrozar la Basílica de San Pedro para vender su mármol?, ¿no verdad?, pues a eso equivale la criminal destrucción de nuestros bosques y selvas, verdaderos santuarios de la vida en la tierra.

Hemos talado impunemente nuestras laderas y montañas del Popo, del Iztaccíhuatl y de la Malinche, que además de proveernos de oxígeno y propiciar la lluvia son nuestras barreras naturales para contener las ventiscas y los fuertes vientos sobre nuestro valle. Ahora ya no llueve como antes. Te volviste airosa, querida Puebla, y esta semana estuvimos, por primera vez en nuestra historia, en un estado de contingencia ambiental Fase 1, que alcanzó los 152 puntos en el Índice Metropolitano de la Calidad del Aire (IMECA).

En “The Dream of the Earth” (El sueño de la tierra), Thomas Berry describe toda la era industrial como “un período de embelesamiento, un estado alterado de conciencia, una fijación mental, que es la única explicación posible de que por qué llegamos a arruinar nuestro aire, nuestra agua y nuestro suelo e infligir graves daños a todos nuestros sistemas básicos de sustento de vida”. A lo que yo agregaría que hemos sacrificado la Madre Tierra y lo que ella nos provee a cambio del comercio y el dinero, con el pretexto de “la civilización”. De continuar irracionalmente depredando la tierra llegará el momento en que solo tengamos el dinero… para comerlo.

En el informe que acaba de presentar en París el IPBES, por sus siglas en inglés, (“Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Eco sistémicos”) nos presagia, casi apocalípticamente lo que nos puede pasar de continuar con esta locura de acabar con la tierra: “Un millón de especies, animales, vegetales, podrían desaparecer en unas pocas décadas, desde los arboles de zonas tropicales hasta los corales, así como numerosas especies de anfibios, peces, aves, mamíferos y hasta insectos, nadie se salva, y menos aún nosotros, con nuestras grandes ciudades, nuestro delirio consumista y nuestra escasa visión de un futuro sostenible... en América Latina, han desaparecido 42 millones de hectáreas de bosques tropicales, entre 1980 y 2000; y alerta sobre la extinción de 150 especies animales por día.”

El cambio climático es una realidad alarmante y terrible que solo la soberbia lo puede ignorar. Los incendios forestales en nuestro valle, la ausencia de lluvias y el sargazo en las playas de Quintana Roo son evidencias contundentes de su realismo dramático. En los Estados Unidos, la historia trágica y sublevante de la paloma migratoria, es un episodio desolador. A inicios del siglo XIX existían millones de ellas, cubrían el cielo de algunos estados, pero al final de esa centuria desparecieron de la faz de la tierra. Las mataron por deporte o por necesidad. A comienzos del siglo XX solo quedó una, de nombre Martha, que murió en el zoológico de Cincinnati un aciago 1 de diciembre de 1914.

Es irónico, hoy buscamos pájaros en el mundo de Pokémon en vez de buscarlos en los árboles y creemos conocer la naturaleza viendo series de Nat Geo. Y es que estamos desarraigados de la Tierra, no entendemos que formamos parte de ella, y por lo tanto, si no la conocemos, no la amamos. Estamos AUSENTES DE LO SAGRADO. La Tierra es una expresión espiritual de la vida, destruirla es indudablemente DESTRUIRNOS.

Hagamos algo por evitar esta locura, aún es tiempo de abrir nuestra conciencia.

Gracias Puebla. Escúchame mañana sábado a las 9 hrs. en mi programa “CONVERSACIONES”, en ABC Radio, 12.80 de AM y en Facebook Live, en mi página que es pública. Y como siempre te recuerdo: “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

¿Imaginan ustedes destrozar la Basílica de San Pedro para vender su mármol?, ¿no verdad?, pues a eso equivale la criminal destrucción de nuestros bosques y selvas, verdaderos santuarios de la vida en la tierra.

Hemos talado impunemente nuestras laderas y montañas del Popo, del Iztaccíhuatl y de la Malinche, que además de proveernos de oxígeno y propiciar la lluvia son nuestras barreras naturales para contener las ventiscas y los fuertes vientos sobre nuestro valle. Ahora ya no llueve como antes. Te volviste airosa, querida Puebla, y esta semana estuvimos, por primera vez en nuestra historia, en un estado de contingencia ambiental Fase 1, que alcanzó los 152 puntos en el Índice Metropolitano de la Calidad del Aire (IMECA).

En “The Dream of the Earth” (El sueño de la tierra), Thomas Berry describe toda la era industrial como “un período de embelesamiento, un estado alterado de conciencia, una fijación mental, que es la única explicación posible de que por qué llegamos a arruinar nuestro aire, nuestra agua y nuestro suelo e infligir graves daños a todos nuestros sistemas básicos de sustento de vida”. A lo que yo agregaría que hemos sacrificado la Madre Tierra y lo que ella nos provee a cambio del comercio y el dinero, con el pretexto de “la civilización”. De continuar irracionalmente depredando la tierra llegará el momento en que solo tengamos el dinero… para comerlo.

En el informe que acaba de presentar en París el IPBES, por sus siglas en inglés, (“Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Eco sistémicos”) nos presagia, casi apocalípticamente lo que nos puede pasar de continuar con esta locura de acabar con la tierra: “Un millón de especies, animales, vegetales, podrían desaparecer en unas pocas décadas, desde los arboles de zonas tropicales hasta los corales, así como numerosas especies de anfibios, peces, aves, mamíferos y hasta insectos, nadie se salva, y menos aún nosotros, con nuestras grandes ciudades, nuestro delirio consumista y nuestra escasa visión de un futuro sostenible... en América Latina, han desaparecido 42 millones de hectáreas de bosques tropicales, entre 1980 y 2000; y alerta sobre la extinción de 150 especies animales por día.”

El cambio climático es una realidad alarmante y terrible que solo la soberbia lo puede ignorar. Los incendios forestales en nuestro valle, la ausencia de lluvias y el sargazo en las playas de Quintana Roo son evidencias contundentes de su realismo dramático. En los Estados Unidos, la historia trágica y sublevante de la paloma migratoria, es un episodio desolador. A inicios del siglo XIX existían millones de ellas, cubrían el cielo de algunos estados, pero al final de esa centuria desparecieron de la faz de la tierra. Las mataron por deporte o por necesidad. A comienzos del siglo XX solo quedó una, de nombre Martha, que murió en el zoológico de Cincinnati un aciago 1 de diciembre de 1914.

Es irónico, hoy buscamos pájaros en el mundo de Pokémon en vez de buscarlos en los árboles y creemos conocer la naturaleza viendo series de Nat Geo. Y es que estamos desarraigados de la Tierra, no entendemos que formamos parte de ella, y por lo tanto, si no la conocemos, no la amamos. Estamos AUSENTES DE LO SAGRADO. La Tierra es una expresión espiritual de la vida, destruirla es indudablemente DESTRUIRNOS.

Hagamos algo por evitar esta locura, aún es tiempo de abrir nuestra conciencia.

Gracias Puebla. Escúchame mañana sábado a las 9 hrs. en mi programa “CONVERSACIONES”, en ABC Radio, 12.80 de AM y en Facebook Live, en mi página que es pública. Y como siempre te recuerdo: “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

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