/ miércoles 1 de julio de 2020

En Punto

El lunes, autoridades estatales y municipales, del ayuntamiento de Puebla, advertían acerca del incremento de casos del nuevo coronavirus que se avecina. En el caso del estado, alertaban de riesgos máximos, con tendencias al alza, que es peor, en cinco de las seis regiones de la entidad. Y en el caso del municipio, se pedía a los habitantes en posibilidades de hacerlo endurecer el cuidado personas y familiar para tratar de frenar la propagación.

Las palabras de los funcionarios de ambos niveles de gobierno, incluidas las del mandatario Miguel Barbosa y de la presidenta municipal Claudia Rivera, no eran derivadas de preocupaciones sin sustento, sino todo lo contrario, de la revisión de número y la opinión de los especialistas, que prevén, en las semanas por venir, un incremento exponencial que podría colapsar el sistema de salud público y en una de esas hasta el privado, que ya está lucrando con la pandemia al cobrar cifras muy elevadas por tratar a pacientes con Covid-19.

Se trata de una situación sumamente delicada.

***

EL SOL DE PUEBLA publica este día un especial que exhibe dos problemas relacionados con la pandemia y con los riesgos severos que enfrenta la población del estado.

Primero el de los números.

Los contagios de Covid-19 se incrementaron en un 323 por ciento desde el inicio de la “nueva normalidad”, decretada por el gobierno federal, es decir, por el mismísimo, muchas veces irresponsable, presidente Andrés Manuel López Obrador.

De acuerdo con el informe de la Secretaría de Salud estatal otorgado el 1 de junio, la entidad tenía confirmados 3 mil 99 casos, mientras que este 30 de junio la misma dependencia dio a conocer que la entidad ya acumula 10 mil 30 casos.

En defunciones es lo mismo.

El otro problema es el social, que refleja una actitud negligente por parte de un sector importante de los poblanos.

“Miles viven atrapados en la ‘vieja normalidad’, esa donde no existe el coronavirus, la sana distancia o los más de mil muertos que tienen a la entidad sumergida en un catálogo de restricciones gubernamentales que no todos cumplen”, asienta el texto del reportero Víctor Hugo Juárez, y muestra evidencia para comprobar sus palabras.

Algunos piensan que el peligro ya pasó, o que ni existió, y eso ocurre en la medida en que más y más poblanos se lanzan a las calles.

Se genera un efecto psicológico de confianza, que en realidad obedece a desinformación, que manda a más personas a romper con la sana distancia, sin hacer caso de las eventuales consecuencias.

***

El gobernador Miguel Barbosa ya mandó al Congreso del Estado su iniciativa de reforma al Código de Instituciones y Procesos Electorales del Estado de Puebla para prohibir la colocación de propaganda electoral en el transporte público, bardas, espectaculares y en portadas de revista.

En caso de que los legisladores aprueben la iniciativa en comisión y luego en el pleno, los candidatos a puestos de elección popular estarán impedidos para colgar, fijar o pintar propaganda en elementos de equipamiento urbano, incluyendo si en este se encuentran mamparas, bastidores o cualquier accesorio que se le cuelgue o fije, así como en equipamiento carretero o ferroviario.

¡Zas!

Un severo golpe para los estrategas que recurrían a este tipo de infraestructura como instrumento de promoción electoral.

¿Terminará la reforma con las inequidades y las trampas que se realizan desde el grupo en el poder en beneficio de su partido político?

Seguramente no.

Solo obligará a buscar, y encontrar, nuevos métodos de promoción.

Nada imposible cuando los recursos públicos están y el poder se tienen a la mano.

El lunes, autoridades estatales y municipales, del ayuntamiento de Puebla, advertían acerca del incremento de casos del nuevo coronavirus que se avecina. En el caso del estado, alertaban de riesgos máximos, con tendencias al alza, que es peor, en cinco de las seis regiones de la entidad. Y en el caso del municipio, se pedía a los habitantes en posibilidades de hacerlo endurecer el cuidado personas y familiar para tratar de frenar la propagación.

Las palabras de los funcionarios de ambos niveles de gobierno, incluidas las del mandatario Miguel Barbosa y de la presidenta municipal Claudia Rivera, no eran derivadas de preocupaciones sin sustento, sino todo lo contrario, de la revisión de número y la opinión de los especialistas, que prevén, en las semanas por venir, un incremento exponencial que podría colapsar el sistema de salud público y en una de esas hasta el privado, que ya está lucrando con la pandemia al cobrar cifras muy elevadas por tratar a pacientes con Covid-19.

Se trata de una situación sumamente delicada.

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EL SOL DE PUEBLA publica este día un especial que exhibe dos problemas relacionados con la pandemia y con los riesgos severos que enfrenta la población del estado.

Primero el de los números.

Los contagios de Covid-19 se incrementaron en un 323 por ciento desde el inicio de la “nueva normalidad”, decretada por el gobierno federal, es decir, por el mismísimo, muchas veces irresponsable, presidente Andrés Manuel López Obrador.

De acuerdo con el informe de la Secretaría de Salud estatal otorgado el 1 de junio, la entidad tenía confirmados 3 mil 99 casos, mientras que este 30 de junio la misma dependencia dio a conocer que la entidad ya acumula 10 mil 30 casos.

En defunciones es lo mismo.

El otro problema es el social, que refleja una actitud negligente por parte de un sector importante de los poblanos.

“Miles viven atrapados en la ‘vieja normalidad’, esa donde no existe el coronavirus, la sana distancia o los más de mil muertos que tienen a la entidad sumergida en un catálogo de restricciones gubernamentales que no todos cumplen”, asienta el texto del reportero Víctor Hugo Juárez, y muestra evidencia para comprobar sus palabras.

Algunos piensan que el peligro ya pasó, o que ni existió, y eso ocurre en la medida en que más y más poblanos se lanzan a las calles.

Se genera un efecto psicológico de confianza, que en realidad obedece a desinformación, que manda a más personas a romper con la sana distancia, sin hacer caso de las eventuales consecuencias.

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El gobernador Miguel Barbosa ya mandó al Congreso del Estado su iniciativa de reforma al Código de Instituciones y Procesos Electorales del Estado de Puebla para prohibir la colocación de propaganda electoral en el transporte público, bardas, espectaculares y en portadas de revista.

En caso de que los legisladores aprueben la iniciativa en comisión y luego en el pleno, los candidatos a puestos de elección popular estarán impedidos para colgar, fijar o pintar propaganda en elementos de equipamiento urbano, incluyendo si en este se encuentran mamparas, bastidores o cualquier accesorio que se le cuelgue o fije, así como en equipamiento carretero o ferroviario.

¡Zas!

Un severo golpe para los estrategas que recurrían a este tipo de infraestructura como instrumento de promoción electoral.

¿Terminará la reforma con las inequidades y las trampas que se realizan desde el grupo en el poder en beneficio de su partido político?

Seguramente no.

Solo obligará a buscar, y encontrar, nuevos métodos de promoción.

Nada imposible cuando los recursos públicos están y el poder se tienen a la mano.

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