/ miércoles 6 de enero de 2021

En Punto

Eduardo Rivera Pérez pasó Noche Buena y recibió el año nuevo con la certeza de que será el candidato del PAN (en su coalición con el PRI y el PRD) a la presidencia municipal de Puebla.

En efecto, una reunión con el dirigente nacional del partido blanquiazul, Marko Cortés Mendoza, celebrada a mediados de diciembre del año pasado en la capital del país, le dio la noticia de que así será.

“Debido a que eres el aspirante mejor posicionado en las encuestas de medición prelectoral”, le habría dicho Cortés a Rivera, palabras más, palabras menos, “hemos decidido que seas nuestro abanderado por la ciudad de Puebla.”

El panista, por supuesto, expresó los agradecimientos de rigor y se comprometió a encabezar una contienda de primer nivel, que lo lleve a él y a los partidos que lo apoyan a una victoria asegurada, con todo y que en la esquina rival se encuentre con el candidato de Morena, quien –como ya se sabe—contará con toda la fuerza del Estado para competir.

Tras las felicitaciones, los parabienes y los abrazos, Cortés sacó un punto más, uno que no dejó nada contento a Rivera y que lo mantiene atorado hasta el día de hoy: “como único detalle, te quiero pedir un favor”, habría subrayado el presidente nacional del PAN, “ponte de acuerdo con los otros grupos al interior del partido para darles posiciones en tu planilla de candidatos a regidores.”

La petición cayó como balde de agua fría sobre el virtual abanderado, pues justo esa parte es en la que se había jurado no ceder ningún espacio para los “otros grupos”, que básicamente se aglutinan en torno a la presidenta del Comité Directivo Estatal, Genoveva Huerta Villegas, con quien no ha resuelto sus evidentes y públicas diferencias.

***

Rivera Pérez, y así lo ha hecho saber al respetable de distintas maneras, no quiere otorgar ni un sitio en la planilla de regidores que sea para sus oponentes internos.

Salvo las obligadas posiciones que tendrá que entregar tanto al PRI como al PRD, como parte del acuerdo celebrado entre esos tres institutos para armar la coalición electoral, ni a Genoveva Huerta ni al resto de liderazgos que convergen en el blanquiazul pretende “obsequiarles” nada.

El panista usa como principal argumento lo sucedido la primera y única vez que ha sido presidente municipal de Puebla (2011-2014), cuando en la recta final del trienio sufrió la traición de un grupo de regidores, aliado con el finado Rafael Moreno Valle, para votar en contra de su cuenta pública.

“No me volverá a pasar”, ha dicho una y otra y otra vez a sus colaboradores.

Qué bueno que intente ser precavido, pero olvida que la celebración de negociaciones y acuerdos es parte inherente del ejercicio político.

Que no se pasen de la raya los propios aliados depende de la capacidad del líder para convencerlos de permanecer sumados a la causa original, que siempre tiene que ser mayor que los intereses particulares.

Solo hay que recordar cómo quedó integrada la planilla de regidores del candidato que le siguió a Rivera Pérez dentro del PAN, en 2013, José Antonio Gali Fayad.

Aquella vez, Gali le dio seis posiciones a Eduardo Rivera: Myriam Arabian, Marcos Castro, Miguel Méndez, Adán Domínguez, Juan Carlos Espina y Guadalupe Arrubarrena; una a Rafael Micalco: Félix Hernández, y otra a Ana Teresa Aranda: Luis Cobos; además de dos al PRD y una, por igual, a Compromiso por Puebla, Nueva Alianza y Pacto Social de Integración.

Gali solo pudo poner tres regidores y al síndico, Héctor Sánchez Sánchez, y no sufrió problemas relevantes de gobernabilidad en su cabildo.

***

¿Será Eduardo Rivera candidato por otro partido, diferente al PAN, en caso de que no llegue a un buen acuerdo con Genoveva Huerta? Es poco probable.

El panista sabe que se requiere una combinación de dos elementos competitivos, candidato y partido, para poder ganar. Movimiento Ciudadano no alcanza para eso, pero de que podría irse, podría, siempre que fuese presa de un arrebato de furia y frustración.

Eduardo Rivera Pérez pasó Noche Buena y recibió el año nuevo con la certeza de que será el candidato del PAN (en su coalición con el PRI y el PRD) a la presidencia municipal de Puebla.

En efecto, una reunión con el dirigente nacional del partido blanquiazul, Marko Cortés Mendoza, celebrada a mediados de diciembre del año pasado en la capital del país, le dio la noticia de que así será.

“Debido a que eres el aspirante mejor posicionado en las encuestas de medición prelectoral”, le habría dicho Cortés a Rivera, palabras más, palabras menos, “hemos decidido que seas nuestro abanderado por la ciudad de Puebla.”

El panista, por supuesto, expresó los agradecimientos de rigor y se comprometió a encabezar una contienda de primer nivel, que lo lleve a él y a los partidos que lo apoyan a una victoria asegurada, con todo y que en la esquina rival se encuentre con el candidato de Morena, quien –como ya se sabe—contará con toda la fuerza del Estado para competir.

Tras las felicitaciones, los parabienes y los abrazos, Cortés sacó un punto más, uno que no dejó nada contento a Rivera y que lo mantiene atorado hasta el día de hoy: “como único detalle, te quiero pedir un favor”, habría subrayado el presidente nacional del PAN, “ponte de acuerdo con los otros grupos al interior del partido para darles posiciones en tu planilla de candidatos a regidores.”

La petición cayó como balde de agua fría sobre el virtual abanderado, pues justo esa parte es en la que se había jurado no ceder ningún espacio para los “otros grupos”, que básicamente se aglutinan en torno a la presidenta del Comité Directivo Estatal, Genoveva Huerta Villegas, con quien no ha resuelto sus evidentes y públicas diferencias.

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Rivera Pérez, y así lo ha hecho saber al respetable de distintas maneras, no quiere otorgar ni un sitio en la planilla de regidores que sea para sus oponentes internos.

Salvo las obligadas posiciones que tendrá que entregar tanto al PRI como al PRD, como parte del acuerdo celebrado entre esos tres institutos para armar la coalición electoral, ni a Genoveva Huerta ni al resto de liderazgos que convergen en el blanquiazul pretende “obsequiarles” nada.

El panista usa como principal argumento lo sucedido la primera y única vez que ha sido presidente municipal de Puebla (2011-2014), cuando en la recta final del trienio sufrió la traición de un grupo de regidores, aliado con el finado Rafael Moreno Valle, para votar en contra de su cuenta pública.

“No me volverá a pasar”, ha dicho una y otra y otra vez a sus colaboradores.

Qué bueno que intente ser precavido, pero olvida que la celebración de negociaciones y acuerdos es parte inherente del ejercicio político.

Que no se pasen de la raya los propios aliados depende de la capacidad del líder para convencerlos de permanecer sumados a la causa original, que siempre tiene que ser mayor que los intereses particulares.

Solo hay que recordar cómo quedó integrada la planilla de regidores del candidato que le siguió a Rivera Pérez dentro del PAN, en 2013, José Antonio Gali Fayad.

Aquella vez, Gali le dio seis posiciones a Eduardo Rivera: Myriam Arabian, Marcos Castro, Miguel Méndez, Adán Domínguez, Juan Carlos Espina y Guadalupe Arrubarrena; una a Rafael Micalco: Félix Hernández, y otra a Ana Teresa Aranda: Luis Cobos; además de dos al PRD y una, por igual, a Compromiso por Puebla, Nueva Alianza y Pacto Social de Integración.

Gali solo pudo poner tres regidores y al síndico, Héctor Sánchez Sánchez, y no sufrió problemas relevantes de gobernabilidad en su cabildo.

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¿Será Eduardo Rivera candidato por otro partido, diferente al PAN, en caso de que no llegue a un buen acuerdo con Genoveva Huerta? Es poco probable.

El panista sabe que se requiere una combinación de dos elementos competitivos, candidato y partido, para poder ganar. Movimiento Ciudadano no alcanza para eso, pero de que podría irse, podría, siempre que fuese presa de un arrebato de furia y frustración.

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