/ viernes 17 de septiembre de 2021

En Punto

La última representación del grito de Independencia en la que pudo estar Claudia Rivera Vivanco, presidenta municipal de Puebla, celebrada la noche del miércoles frente al zócalo, destacó por la soledad de quien está a poco de concluir su gestión y no tiene enfrente de sí ninguna meta o proyecto claro para seguir considerándola un personaje con futuro entre la clase política.

No solo se notó la ausencia del gobernador Miguel Barbosa, quien hizo su propia arenga a unos metros del palacio municipal, en Casa Aguayo, sino la de un sector que, apenas arrancado el ayuntamiento, en octubre de 2018, comenzó a distanciarse de la edil por considerar maltratados sus intereses y desatendidas sus demandas en la capital.

Se trata de los empresarios. Ninguno de los representantes de la iniciativa privada estuvo en la noche mexicana de despedida de la alcaldesa y no sorprende.

Los hombres y mujeres de negocios fueron menospreciados en el gobierno municipal en al menos tres momentos importantes de la gestión que está por concluir.

Uno de ellos tuvo que ver con la escasa respuesta que recibieron ante la demanda de estímulos económicos e incentivos fiscales para hacerle frente a la pandemia por coronavirus; otro fue el despido de Eduardo Peniche García como secretario de Economía, quien había sido propuesto por la IP, y el tercero y más relevante fue la permisividad al comercio ambulante.

A Rivera Vivanco la acompañaron solo sus colaboradores.

***

En el otro escenario independentista, a solo un kilómetro de distancia, el gobernador Barbosa lució como quien se encuentra a medio camino de su gestión, en la plenitud del poder, y lo evidenció teniendo como compañía al presidente municipal electo de Puebla, Eduardo Rivera Pérez, del PAN.

Fue un atípico grito de Independencia.

Barbosa hizo la arenga desde el balcón de Casa Aguayo, lo que no había sucedido antes, en ninguna otra administración estatal.

Desde ese punto, el mandatario tocó la campana instalada para la ocasión y ondeó la bandera tricolor después de hacer las proclamas de la noche: “Vivan los poblanos”, “viva el personal de salud” y “que reviva Puebla” fueron las más aplaudidas por los asistentes.

Rivera Pérez no estuvo en el balcón durante la representación del grito.

Antes sí lo hizo. Asomó por ahí, saludó a la gente y aceptó fotografiarse con todo aquel que le pidió la selfie para presumir en redes sociales.

En este grito se miraba hacia el futuro, con un gobernador al que le restan todavía tres años y un próximo edil de Puebla al que, además del trienio, le sonríe la posibilidad de convertirse en sucesor de Barbosa (en 2024) o intentar reelegirse en el ayuntamiento para un segundo y último periodo.

Así fueron de contrastantes los dos escenarios, el de palacio municipal y el de Casa Aguayo.

***

A propósito de las expectativas de los empresarios ante la celebración de la noche mexicana, parece que éstas no fueron concordantes con la realidad, según se desprende de la queja planteada por Olga Méndez Juárez, presidenta de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y Alimentos Condimentados (Canirac).

El cierre de calles por la arenga del 15 en el zócalo de la ciudad de Puebla afectó a un total de 35 restaurantes de la zona, por lo que sus ventas no alcanzaron ni el 10 por ciento, cuando la expectativa era del 25 por ciento.

“Ante el cierre de calles hubo mucha cancelación de reservaciones. (…) La poca afluencia de comensales hizo que los restaurantes cerraran entre las 8 y 9 de la noche, cuando podían hacerlo hasta la media noche, por lo que ni siquiera pudieron aprovechar la ampliación del horario”, lamentó, con toda razón.


La última representación del grito de Independencia en la que pudo estar Claudia Rivera Vivanco, presidenta municipal de Puebla, celebrada la noche del miércoles frente al zócalo, destacó por la soledad de quien está a poco de concluir su gestión y no tiene enfrente de sí ninguna meta o proyecto claro para seguir considerándola un personaje con futuro entre la clase política.

No solo se notó la ausencia del gobernador Miguel Barbosa, quien hizo su propia arenga a unos metros del palacio municipal, en Casa Aguayo, sino la de un sector que, apenas arrancado el ayuntamiento, en octubre de 2018, comenzó a distanciarse de la edil por considerar maltratados sus intereses y desatendidas sus demandas en la capital.

Se trata de los empresarios. Ninguno de los representantes de la iniciativa privada estuvo en la noche mexicana de despedida de la alcaldesa y no sorprende.

Los hombres y mujeres de negocios fueron menospreciados en el gobierno municipal en al menos tres momentos importantes de la gestión que está por concluir.

Uno de ellos tuvo que ver con la escasa respuesta que recibieron ante la demanda de estímulos económicos e incentivos fiscales para hacerle frente a la pandemia por coronavirus; otro fue el despido de Eduardo Peniche García como secretario de Economía, quien había sido propuesto por la IP, y el tercero y más relevante fue la permisividad al comercio ambulante.

A Rivera Vivanco la acompañaron solo sus colaboradores.

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En el otro escenario independentista, a solo un kilómetro de distancia, el gobernador Barbosa lució como quien se encuentra a medio camino de su gestión, en la plenitud del poder, y lo evidenció teniendo como compañía al presidente municipal electo de Puebla, Eduardo Rivera Pérez, del PAN.

Fue un atípico grito de Independencia.

Barbosa hizo la arenga desde el balcón de Casa Aguayo, lo que no había sucedido antes, en ninguna otra administración estatal.

Desde ese punto, el mandatario tocó la campana instalada para la ocasión y ondeó la bandera tricolor después de hacer las proclamas de la noche: “Vivan los poblanos”, “viva el personal de salud” y “que reviva Puebla” fueron las más aplaudidas por los asistentes.

Rivera Pérez no estuvo en el balcón durante la representación del grito.

Antes sí lo hizo. Asomó por ahí, saludó a la gente y aceptó fotografiarse con todo aquel que le pidió la selfie para presumir en redes sociales.

En este grito se miraba hacia el futuro, con un gobernador al que le restan todavía tres años y un próximo edil de Puebla al que, además del trienio, le sonríe la posibilidad de convertirse en sucesor de Barbosa (en 2024) o intentar reelegirse en el ayuntamiento para un segundo y último periodo.

Así fueron de contrastantes los dos escenarios, el de palacio municipal y el de Casa Aguayo.

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A propósito de las expectativas de los empresarios ante la celebración de la noche mexicana, parece que éstas no fueron concordantes con la realidad, según se desprende de la queja planteada por Olga Méndez Juárez, presidenta de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y Alimentos Condimentados (Canirac).

El cierre de calles por la arenga del 15 en el zócalo de la ciudad de Puebla afectó a un total de 35 restaurantes de la zona, por lo que sus ventas no alcanzaron ni el 10 por ciento, cuando la expectativa era del 25 por ciento.

“Ante el cierre de calles hubo mucha cancelación de reservaciones. (…) La poca afluencia de comensales hizo que los restaurantes cerraran entre las 8 y 9 de la noche, cuando podían hacerlo hasta la media noche, por lo que ni siquiera pudieron aprovechar la ampliación del horario”, lamentó, con toda razón.


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