/ miércoles 4 de mayo de 2022

En Punto

Sin querer queriendo, el gobernador Miguel Barbosa ha hecho público este martes uno de los diversos motivos que llevaron a dinamitar la buena relación (al menos institucional) que en algún momento hubo entre el mandatario y el ahora exauditor Superior del Estado, Francisco José Romero Serrano.

Según las palabras del mismo gobernador, Romero Serrano encubrió irregularidades del ayuntamiento de Claudia Rivera Vivanco debido a que hizo negocios con la entonces presidenta municipal, vendiéndole todos los instrumentos de prevención del coronavirus que el gobierno de la ciudad utilizó durante la pandemia.

El negocio, agregó Barbosa, se hizo a través de una persona sentimentalmente cercana al auditor, lo que no deja lugar a dudas acerca de las implicaciones que Romero Serrano tuvo con la alcaldesa emanada de Morena.

¡¿Qué tal?!

La revelación viene en realidad a confirmar un rumor que ya se comentaba entre los colaboradores del primer círculo del mandatario.

Dejó de ser un rumor para convertirse en un dicho del gobernador, que debe tener todas las pruebas en la mano para expresarlo.

Con eso queda claro por qué terminó tan mal la relación con el otrora auditor.

Rivera Vivanco debió ser uno de los objetivos de investigación en primera línea de la auditoría, no socia en los negocios personales de su titular.

***

El sector duro del grupo político del edil Eduardo Rivera Pérez se pregunta porqué la dirigente del PAN, Augusta Valentina Díaz de Rivera, no ha removido a Eduardo Alcántara Montiel de la coordinación de diputados panistas en el Congreso del estado.

Si de por sí no tenían dentro de sus afectos a Alcántara, esos panistas que le hablan al oído al presidente municipal exigieron la cabeza (en sentido estrictamente figurado) del coordinador de los legisladores después de que acudiera a un encuentro privado con el gobernador, en representación de la fracción parlamentaria, sin consultarle o avisarle a la dirigencia.

Eso obligó a Díaz de Rivera a anunciar en conferencia de prensa que cambiaría de coordinador, pero hasta ahora no lo ha hecho, lo que mantiene un tanto molestos a los duros.

¿Por qué no ha removido a Alcántara?, se preguntan.

La respuesta es sencilla.

Porque, de los nueve diputados que integran el grupo, cinco apoyan a Eduardo Alcántara y solo tres estarían dispuestos a respaldar a un nuevo líder.

Karla Rodríguez Palacios, Guadalupe Leal Rodríguez, Aurora Sierra Rodríguez, Oswaldo Jiménez López y Erika Valencia Ávila son leales al actual coordinador.

Nancy Jiménez Morales, Mónica Rodríguez y Rafael Micalco Méndez no lo son, pero son minoría.

El problema aumenta cuando se recuerda que estos tres le jugaron la contra a Eduardo Rivera en el malogrado cobro de Derecho por Alumbrado Público.

En realidad, como usted verá, Augusta Valentina no tiene a quién poner.

Y por eso no puede quitar a Alcántara.

***

Aristóteles Belmont Cortés ha sido el principal damnificado tras la escasa asistencia de consejeros estatales de Morena al informe legislativo del senador Alejandro Armenta Mier, celebrado el domingo.

Apenas la tercera parte de 120 integrantes del Consejo Estatal de ese partido acudió al acto del aspirante a gobernador, lo que dejó no solo mal parado a Armenta, sino a Belmont, quien se había comprometido con el protagonista de ese evento político a llevarle más de 100 consejeros.

La poca concurrencia refleja una realidad evidente: que Belmon no tiene el control del partido, del que es presidente por meras circunstancias ajenas a su capacidad.

Semanas atrás, el dirigente del partido ya había mostrado que no tiene fuerza al interior de Morena, cuando, en plena efervescencia de promoción para la consulta de revocación de mandato, apenas llevó unas mil personas al zócalo de la ciudad.


Sin querer queriendo, el gobernador Miguel Barbosa ha hecho público este martes uno de los diversos motivos que llevaron a dinamitar la buena relación (al menos institucional) que en algún momento hubo entre el mandatario y el ahora exauditor Superior del Estado, Francisco José Romero Serrano.

Según las palabras del mismo gobernador, Romero Serrano encubrió irregularidades del ayuntamiento de Claudia Rivera Vivanco debido a que hizo negocios con la entonces presidenta municipal, vendiéndole todos los instrumentos de prevención del coronavirus que el gobierno de la ciudad utilizó durante la pandemia.

El negocio, agregó Barbosa, se hizo a través de una persona sentimentalmente cercana al auditor, lo que no deja lugar a dudas acerca de las implicaciones que Romero Serrano tuvo con la alcaldesa emanada de Morena.

¡¿Qué tal?!

La revelación viene en realidad a confirmar un rumor que ya se comentaba entre los colaboradores del primer círculo del mandatario.

Dejó de ser un rumor para convertirse en un dicho del gobernador, que debe tener todas las pruebas en la mano para expresarlo.

Con eso queda claro por qué terminó tan mal la relación con el otrora auditor.

Rivera Vivanco debió ser uno de los objetivos de investigación en primera línea de la auditoría, no socia en los negocios personales de su titular.

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El sector duro del grupo político del edil Eduardo Rivera Pérez se pregunta porqué la dirigente del PAN, Augusta Valentina Díaz de Rivera, no ha removido a Eduardo Alcántara Montiel de la coordinación de diputados panistas en el Congreso del estado.

Si de por sí no tenían dentro de sus afectos a Alcántara, esos panistas que le hablan al oído al presidente municipal exigieron la cabeza (en sentido estrictamente figurado) del coordinador de los legisladores después de que acudiera a un encuentro privado con el gobernador, en representación de la fracción parlamentaria, sin consultarle o avisarle a la dirigencia.

Eso obligó a Díaz de Rivera a anunciar en conferencia de prensa que cambiaría de coordinador, pero hasta ahora no lo ha hecho, lo que mantiene un tanto molestos a los duros.

¿Por qué no ha removido a Alcántara?, se preguntan.

La respuesta es sencilla.

Porque, de los nueve diputados que integran el grupo, cinco apoyan a Eduardo Alcántara y solo tres estarían dispuestos a respaldar a un nuevo líder.

Karla Rodríguez Palacios, Guadalupe Leal Rodríguez, Aurora Sierra Rodríguez, Oswaldo Jiménez López y Erika Valencia Ávila son leales al actual coordinador.

Nancy Jiménez Morales, Mónica Rodríguez y Rafael Micalco Méndez no lo son, pero son minoría.

El problema aumenta cuando se recuerda que estos tres le jugaron la contra a Eduardo Rivera en el malogrado cobro de Derecho por Alumbrado Público.

En realidad, como usted verá, Augusta Valentina no tiene a quién poner.

Y por eso no puede quitar a Alcántara.

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Aristóteles Belmont Cortés ha sido el principal damnificado tras la escasa asistencia de consejeros estatales de Morena al informe legislativo del senador Alejandro Armenta Mier, celebrado el domingo.

Apenas la tercera parte de 120 integrantes del Consejo Estatal de ese partido acudió al acto del aspirante a gobernador, lo que dejó no solo mal parado a Armenta, sino a Belmont, quien se había comprometido con el protagonista de ese evento político a llevarle más de 100 consejeros.

La poca concurrencia refleja una realidad evidente: que Belmon no tiene el control del partido, del que es presidente por meras circunstancias ajenas a su capacidad.

Semanas atrás, el dirigente del partido ya había mostrado que no tiene fuerza al interior de Morena, cuando, en plena efervescencia de promoción para la consulta de revocación de mandato, apenas llevó unas mil personas al zócalo de la ciudad.


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