/ jueves 16 de enero de 2020

Es hora de corregir el modelo capitalista: Thomas Piketty (Primera parte)

El famoso economista francés Thomas Picketty, nos sorprende nuevamente con otro libro disruptivo, Capital e Ideología (2019), en el que nos alerta que ha llegado la hora de corregir el rumbo del sistema económico capitalista.

Catalogado por el diario británico The Guardian, como “el rockstar de la economía” (su anterior libro, El Capital en el Siglo XXI, vendió más de 2.5 millones de copias), Picketty advierte que, si no transformamos profundamente el sistema económico actual para convertirlo en uno menos desigual, más equitativo y sostenible, el populismo nacionalista y xenófobo en ascenso podría marcar el principio del fin de la globalización y el internacionalismo.

Con motivo de la presentación de su libro en el Laboratorio Mundial de la Desigualdad de la Paris School of Economics, que codirige, Piketty hizo un repaso de los principales argumentos de su más reciente obra (reportados por Marc Bassets para El País).

“Hoy afrontamos una lógica de acumulación sin límite y de sacralización del derecho de propietario —afirma Piketty— y olvidamos que los grandes éxitos del siglo XX en la reducción de desigualdades, pero también en el crecimiento económico, se obtuvieron reequilibrando los derechos del propietario con los del asalariado, el consumidor”.

Piketty argumenta que durante los últimos tres siglos, la humanidad ha transitado por diversos estadios de desigualdad con su respectiva justificación ideológica. El primer periodo “desigualitario”, fue el antiguo régimen feudal, caracterizado por una desigualdad “trifuncional” entre el clero, la nobleza y el Estado, justificada y legitimada incluso por Dios.

Con la Revolución Francesa la humanidad transitó a un segundo periodo de desigualdad, que Piketty llama la “sociedad de propietarios” que, si bien abolió los privilegios del clero y la nobleza, sacralizó el derecho a la propiedad privada, incluso de esclavos. “El argumento de la época era que, si se cuestiona el derecho a la propiedad, adquirido en un marco legal, nunca sabremos dónde parar, y el caos se impondrá”.

Posteriormente, en el siglo XX, producto de las guerras mundiales, la humanidad pasa del “propietarismo desigualitario y no regulado” que caracterizó el siglo XIX, a la era socialdemócrata de la posguerra, caracterizada por la adopción de “una fiscalidad progresiva” que, por primera vez en la historia, reduce los niveles de desigualdad a partir de nuevos enfoques de protección social y acceso generalizado a la educación.

Piketty advierte que, con el cuestionamiento del llamado New Deal (crisis fiscal del Estado Social), “el movimiento hacia la reducción de las desigualdades, que fue especialmente intenso entre los 50 y los 80, y trajo crecimiento y prosperidad, fue interrumpido en los años 80-90 con la “revolución reaganiana”, caracterizada por la caída del bloque soviético (que llevó a Rusia y a China a adoptar “un sistema de privatización completo y en beneficio de unos pocos oligarcas”) y un repunte ideológico del “desigualitarismo” que legitimó el adelgazamiento del Estado.

A este periodo, que es en el que estamos viviendo, Piketty lo llama “hipercapitalismo”, una época en la que prevalece una versión más agresiva del capitalismo con ansias expansionistas y monopólicas insaciables, en la que se propagó la idea de que la desigualdad no solo es algo natural, sino necesaria para el funcionamiento del sistema. La “meritocracia” sería el nuevo sustento del statu quo, “la necesidad de justificar las diferencias sociales apelando a capacidades individuales”.

El problema es que la promesa de crecimiento y prosperidad del hipercapitalismo, “en la realidad no funcionó, y este fracaso que hoy comenzamos a ver con claridad”, está siendo utilizado como argumento “para promover una agenda nacionalista, antiinmigrante y de reforzamiento de las fronteras”, acompañada de una consecuente “hiperpersonalización del poder y el mesianismo revolucionario que promete sin explicar nada”. Ese es el verdadero peligro si no se enfrenta la desigualdad en el mundo.

El famoso economista francés Thomas Picketty, nos sorprende nuevamente con otro libro disruptivo, Capital e Ideología (2019), en el que nos alerta que ha llegado la hora de corregir el rumbo del sistema económico capitalista.

Catalogado por el diario británico The Guardian, como “el rockstar de la economía” (su anterior libro, El Capital en el Siglo XXI, vendió más de 2.5 millones de copias), Picketty advierte que, si no transformamos profundamente el sistema económico actual para convertirlo en uno menos desigual, más equitativo y sostenible, el populismo nacionalista y xenófobo en ascenso podría marcar el principio del fin de la globalización y el internacionalismo.

Con motivo de la presentación de su libro en el Laboratorio Mundial de la Desigualdad de la Paris School of Economics, que codirige, Piketty hizo un repaso de los principales argumentos de su más reciente obra (reportados por Marc Bassets para El País).

“Hoy afrontamos una lógica de acumulación sin límite y de sacralización del derecho de propietario —afirma Piketty— y olvidamos que los grandes éxitos del siglo XX en la reducción de desigualdades, pero también en el crecimiento económico, se obtuvieron reequilibrando los derechos del propietario con los del asalariado, el consumidor”.

Piketty argumenta que durante los últimos tres siglos, la humanidad ha transitado por diversos estadios de desigualdad con su respectiva justificación ideológica. El primer periodo “desigualitario”, fue el antiguo régimen feudal, caracterizado por una desigualdad “trifuncional” entre el clero, la nobleza y el Estado, justificada y legitimada incluso por Dios.

Con la Revolución Francesa la humanidad transitó a un segundo periodo de desigualdad, que Piketty llama la “sociedad de propietarios” que, si bien abolió los privilegios del clero y la nobleza, sacralizó el derecho a la propiedad privada, incluso de esclavos. “El argumento de la época era que, si se cuestiona el derecho a la propiedad, adquirido en un marco legal, nunca sabremos dónde parar, y el caos se impondrá”.

Posteriormente, en el siglo XX, producto de las guerras mundiales, la humanidad pasa del “propietarismo desigualitario y no regulado” que caracterizó el siglo XIX, a la era socialdemócrata de la posguerra, caracterizada por la adopción de “una fiscalidad progresiva” que, por primera vez en la historia, reduce los niveles de desigualdad a partir de nuevos enfoques de protección social y acceso generalizado a la educación.

Piketty advierte que, con el cuestionamiento del llamado New Deal (crisis fiscal del Estado Social), “el movimiento hacia la reducción de las desigualdades, que fue especialmente intenso entre los 50 y los 80, y trajo crecimiento y prosperidad, fue interrumpido en los años 80-90 con la “revolución reaganiana”, caracterizada por la caída del bloque soviético (que llevó a Rusia y a China a adoptar “un sistema de privatización completo y en beneficio de unos pocos oligarcas”) y un repunte ideológico del “desigualitarismo” que legitimó el adelgazamiento del Estado.

A este periodo, que es en el que estamos viviendo, Piketty lo llama “hipercapitalismo”, una época en la que prevalece una versión más agresiva del capitalismo con ansias expansionistas y monopólicas insaciables, en la que se propagó la idea de que la desigualdad no solo es algo natural, sino necesaria para el funcionamiento del sistema. La “meritocracia” sería el nuevo sustento del statu quo, “la necesidad de justificar las diferencias sociales apelando a capacidades individuales”.

El problema es que la promesa de crecimiento y prosperidad del hipercapitalismo, “en la realidad no funcionó, y este fracaso que hoy comenzamos a ver con claridad”, está siendo utilizado como argumento “para promover una agenda nacionalista, antiinmigrante y de reforzamiento de las fronteras”, acompañada de una consecuente “hiperpersonalización del poder y el mesianismo revolucionario que promete sin explicar nada”. Ese es el verdadero peligro si no se enfrenta la desigualdad en el mundo.