/ viernes 17 de abril de 2020

¡Es tiempo de reflexión!

Luchar por la vida es una necesidad imperiosa de la emergencia, pero no cabe duda que también, aparejado a esto, tenemos que empezar a luchar por lo que vendrá una vez que esta pandemia haya aplanado su curva peligrosa de mortalidad. Probablemente, como se ve, esa lucha será aún más intensa y requerirá de nuestra mayor actitud y de nuestra mejor imaginación.

Estamos ciertos que cuando se vuelvan a abrir las puertas y salgamos a la vida cotidiana, ya nada o casi nada será igual que antes, mucho habrá cambiado, empezando por nosotros mismos y nuestras conductas, unos para bien, aprovechando el confinamiento voluntario y otros para mal, desperdiciándolo.

Pero estamos ciertos que nadie querrá regresar a esa normalidad que fue la que nos orilló a estas tristes circunstancias por las que estamos atravesando. Una normalidad de odio, de prepotencia, de egoísmo, de darwinismo social, de insolidaridad y de hedonismo, despilfarro y banalidad. Una normalidad de crímenes, secuestros, robos, pederastia y feminicidios.

Tenemos ahora, en esta reclusión voluntaria, no solo que prepararnos para salir mejores seres humanos, entendiendo ser humano en su más alta concepción espiritual, sino también, mejores ciudadanos, con una perspectiva social más justa, más solidaria, más democrática y más autónoma. Este neoliberalismo absurdo y criminal que solo es una fábrica de pobres tiene que acabarse. El libre mercado solo es el argumento de los poderosos y las grandes corporaciones para destruir a los pequeños empresarios, emprendedores y trabajadores.

Pero tampoco debemos caer en el otro extremo. El Estado, que con el pretexto de su evangelio de liberación y de “justicia para los pobres”, que ha sido el mejor negocio de muchos políticos para hacerlos millonarios, nos lleve al estatismo y a la pérdida de nuestras libertades. Considero que hoy tenemos el tiempo suficiente para delinear nuestra conducta a futuro y nuestra responsabilidad social, en el nivel en que nos encontremos, ya sea como trabajadores o como empleadores, como comerciantes o profesionistas, como trabajadores libres, formales o informales. Y aunque se piense que esto es ingenuo, reaparece el famoso aforismo de Bergson “le temps est inventión ou il n’ est rien de tout”. “El tiempo, o es invención o no es nada.”

La interrupción de lo normal, causada por el virus, debe ser una oportunidad para empezar a diseñar una sociedad basada en otros principios, de solidaridad y de justicia social, que no tan solo vea por sí, sino también por la naturaleza, que es precisamente la razón de ser de nuestra vida misma, y a la que hemos depredado y destruido. Lo peor que nos puede pasar después de esta contingencia es precisamente volver a la normalidad.

Amigas y amigos conversadores, en medio del miedo y del azar en que estamos viviendo, entreveamos la posibilidad de conciliar la libertad con la incertidumbre y ascender en la escala de la complejidad, a la vez hacia lo nuevo y hacia el origen. Debemos buscar, más que nunca, más cooperación y menos competición; más sociedad civil y menos Estado, generando una nueva racionalidad y re encantando el mundo.

Gracias Puebla. Escúchame mañana a las 9 hrs. en mi programa “CONVERSACIONES” en ABC Radio, 12.80 de AM. Y recuerda, ¡SI TÚ TE CUIDAS, ME CUIDAS!... “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

Luchar por la vida es una necesidad imperiosa de la emergencia, pero no cabe duda que también, aparejado a esto, tenemos que empezar a luchar por lo que vendrá una vez que esta pandemia haya aplanado su curva peligrosa de mortalidad. Probablemente, como se ve, esa lucha será aún más intensa y requerirá de nuestra mayor actitud y de nuestra mejor imaginación.

Estamos ciertos que cuando se vuelvan a abrir las puertas y salgamos a la vida cotidiana, ya nada o casi nada será igual que antes, mucho habrá cambiado, empezando por nosotros mismos y nuestras conductas, unos para bien, aprovechando el confinamiento voluntario y otros para mal, desperdiciándolo.

Pero estamos ciertos que nadie querrá regresar a esa normalidad que fue la que nos orilló a estas tristes circunstancias por las que estamos atravesando. Una normalidad de odio, de prepotencia, de egoísmo, de darwinismo social, de insolidaridad y de hedonismo, despilfarro y banalidad. Una normalidad de crímenes, secuestros, robos, pederastia y feminicidios.

Tenemos ahora, en esta reclusión voluntaria, no solo que prepararnos para salir mejores seres humanos, entendiendo ser humano en su más alta concepción espiritual, sino también, mejores ciudadanos, con una perspectiva social más justa, más solidaria, más democrática y más autónoma. Este neoliberalismo absurdo y criminal que solo es una fábrica de pobres tiene que acabarse. El libre mercado solo es el argumento de los poderosos y las grandes corporaciones para destruir a los pequeños empresarios, emprendedores y trabajadores.

Pero tampoco debemos caer en el otro extremo. El Estado, que con el pretexto de su evangelio de liberación y de “justicia para los pobres”, que ha sido el mejor negocio de muchos políticos para hacerlos millonarios, nos lleve al estatismo y a la pérdida de nuestras libertades. Considero que hoy tenemos el tiempo suficiente para delinear nuestra conducta a futuro y nuestra responsabilidad social, en el nivel en que nos encontremos, ya sea como trabajadores o como empleadores, como comerciantes o profesionistas, como trabajadores libres, formales o informales. Y aunque se piense que esto es ingenuo, reaparece el famoso aforismo de Bergson “le temps est inventión ou il n’ est rien de tout”. “El tiempo, o es invención o no es nada.”

La interrupción de lo normal, causada por el virus, debe ser una oportunidad para empezar a diseñar una sociedad basada en otros principios, de solidaridad y de justicia social, que no tan solo vea por sí, sino también por la naturaleza, que es precisamente la razón de ser de nuestra vida misma, y a la que hemos depredado y destruido. Lo peor que nos puede pasar después de esta contingencia es precisamente volver a la normalidad.

Amigas y amigos conversadores, en medio del miedo y del azar en que estamos viviendo, entreveamos la posibilidad de conciliar la libertad con la incertidumbre y ascender en la escala de la complejidad, a la vez hacia lo nuevo y hacia el origen. Debemos buscar, más que nunca, más cooperación y menos competición; más sociedad civil y menos Estado, generando una nueva racionalidad y re encantando el mundo.

Gracias Puebla. Escúchame mañana a las 9 hrs. en mi programa “CONVERSACIONES” en ABC Radio, 12.80 de AM. Y recuerda, ¡SI TÚ TE CUIDAS, ME CUIDAS!... “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

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