/ viernes 8 de marzo de 2019

Feminismo vs machismo

“Podemos sumarnos al #metoo, al #timesup y a todo lo que quieran, pero si como sociedad no entendemos de fondo de que va el feminismo y hacemos conciencia que el movimiento no es contra lo hombres sino contra el machismo, seguiremos promoviendo la cultura patriarcal.” Aline Ross


Hoy es el Día Internacional de la Mujer, y nuevamente volvemos a escuchar consignas, a presenciar huelgas, demandas, ofrecimientos de programas gubernamentales y loas a las mujeres por su día…y mañana todo habrá pasado y seguirá igual, alertas de género sin concretarse, aumento de la violencia en contra de las mujeres, acoso sexual y feminicidios.

El acoso sexual a la mujer es una expresión constante de una sociedad enferma y decadente que ha cosificado a la mujer y así la exhibe y promueve a través de la publicidad, la televisión y el cine. Lo vemos por doquier y a cada momento. Es la mujer semidesnuda la que promueve, la que ofrece, la que vende, la que promociona… con la complacencia de todos, incluyendo a las mismas mujeres.

Y uno se pregunta ante tantas demandas y manifestaciones, dimes y diretes y desinformaciones: ¿Qué significa el feminismo ahora, cuando ya la mujer ha logrado en el Derecho y en las leyes condiciones de equidad para que puedan actuar y decidir, teniendo opciones que por siglos se habían otorgado como privilegio sólo a los hombres?

Feminismo es un concepto que despierta toda clase de sentimientos y evoca cualquier tipo de estereotipos, para muchos y muchas es un insulto y una etiqueta usualmente empleada para referirse a lesbianas, mujeres “locas” y anti-hombres, amantes frustradas y ninfómanas. Pero el concepto va más allá de la creencia popular y adopta varios y distintos significados dependiendo de las razas y las diversas culturas, economía y religión. En una primera etapa (le llaman olas) se lucha por el sufragio y los derechos de las mujeres. En la segunda ola se luchó por la inclusión femenina en los campos de toma de decisiones y un control más amplio sobre asuntos privados, como la igualdad sexual y el aborto. La tercera ola se caracteriza por la lucha de los derechos humanos de las mujeres y por la abolición del patriarcado. Y la cuarta ola, que es la actual, pugna por el reconocimiento a sus diferencias, la apuesta por el multiculturalismo y lo más importante, el paulatino acceso de las mujeres al poder político. Y creo que se trata de que en México las mujeres y los hombres luchemos porque ellas tengan una condición económica digna, erradicando la pobreza, la discriminación, con pleno acceso a la educación y a la seguridad social, elevando su autoestima para poder decidir si quieren embarazarse o no, ser profesionistas o no, libertad de estudiar la carrera que les parezca; que tengan igualdad de posibilidades para escalar a ciertas posiciones donde ahora solo hay hombres; que puedan decidir sobre su cuerpo, ser frondosas o delgadas; vivir su sexualidad libremente sin ser llamadas de tal o cual forma; vestirse como quieran sin ser acosadas, violadas o muertas por ello. Que puedan decir “no” y que su “no” se respete. Y no solo hablo del respeto de los hombres, sino también de las propias mujeres. Me consta que en esta sociedad machista en la que vivimos, hombres y mujeres adolecemos de lo mismo, y a veces las peores críticas a la mujer las hacen las propias mujeres, expresándose en forma denigrante de sus amigas, compañeras, o bien de artistas. Es el caso de la reciente edición de los premios Oscar, en la que se le fueron encima a Yalitza Aparicio con criterios homofóbicos y expresiones despectivas que siguen justificando la reproducción de micromachismos.

Erradicar el machismo en todas sus manifestaciones es lo de hoy en la lucha femenina, que involucra también al hombre y lo hace reencontrarse como el aliado de siempre.

GRACIAS PUEBLA.

“Podemos sumarnos al #metoo, al #timesup y a todo lo que quieran, pero si como sociedad no entendemos de fondo de que va el feminismo y hacemos conciencia que el movimiento no es contra lo hombres sino contra el machismo, seguiremos promoviendo la cultura patriarcal.” Aline Ross


Hoy es el Día Internacional de la Mujer, y nuevamente volvemos a escuchar consignas, a presenciar huelgas, demandas, ofrecimientos de programas gubernamentales y loas a las mujeres por su día…y mañana todo habrá pasado y seguirá igual, alertas de género sin concretarse, aumento de la violencia en contra de las mujeres, acoso sexual y feminicidios.

El acoso sexual a la mujer es una expresión constante de una sociedad enferma y decadente que ha cosificado a la mujer y así la exhibe y promueve a través de la publicidad, la televisión y el cine. Lo vemos por doquier y a cada momento. Es la mujer semidesnuda la que promueve, la que ofrece, la que vende, la que promociona… con la complacencia de todos, incluyendo a las mismas mujeres.

Y uno se pregunta ante tantas demandas y manifestaciones, dimes y diretes y desinformaciones: ¿Qué significa el feminismo ahora, cuando ya la mujer ha logrado en el Derecho y en las leyes condiciones de equidad para que puedan actuar y decidir, teniendo opciones que por siglos se habían otorgado como privilegio sólo a los hombres?

Feminismo es un concepto que despierta toda clase de sentimientos y evoca cualquier tipo de estereotipos, para muchos y muchas es un insulto y una etiqueta usualmente empleada para referirse a lesbianas, mujeres “locas” y anti-hombres, amantes frustradas y ninfómanas. Pero el concepto va más allá de la creencia popular y adopta varios y distintos significados dependiendo de las razas y las diversas culturas, economía y religión. En una primera etapa (le llaman olas) se lucha por el sufragio y los derechos de las mujeres. En la segunda ola se luchó por la inclusión femenina en los campos de toma de decisiones y un control más amplio sobre asuntos privados, como la igualdad sexual y el aborto. La tercera ola se caracteriza por la lucha de los derechos humanos de las mujeres y por la abolición del patriarcado. Y la cuarta ola, que es la actual, pugna por el reconocimiento a sus diferencias, la apuesta por el multiculturalismo y lo más importante, el paulatino acceso de las mujeres al poder político. Y creo que se trata de que en México las mujeres y los hombres luchemos porque ellas tengan una condición económica digna, erradicando la pobreza, la discriminación, con pleno acceso a la educación y a la seguridad social, elevando su autoestima para poder decidir si quieren embarazarse o no, ser profesionistas o no, libertad de estudiar la carrera que les parezca; que tengan igualdad de posibilidades para escalar a ciertas posiciones donde ahora solo hay hombres; que puedan decidir sobre su cuerpo, ser frondosas o delgadas; vivir su sexualidad libremente sin ser llamadas de tal o cual forma; vestirse como quieran sin ser acosadas, violadas o muertas por ello. Que puedan decir “no” y que su “no” se respete. Y no solo hablo del respeto de los hombres, sino también de las propias mujeres. Me consta que en esta sociedad machista en la que vivimos, hombres y mujeres adolecemos de lo mismo, y a veces las peores críticas a la mujer las hacen las propias mujeres, expresándose en forma denigrante de sus amigas, compañeras, o bien de artistas. Es el caso de la reciente edición de los premios Oscar, en la que se le fueron encima a Yalitza Aparicio con criterios homofóbicos y expresiones despectivas que siguen justificando la reproducción de micromachismos.

Erradicar el machismo en todas sus manifestaciones es lo de hoy en la lucha femenina, que involucra también al hombre y lo hace reencontrarse como el aliado de siempre.

GRACIAS PUEBLA.

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