/ martes 17 de diciembre de 2019

Fumar es un placer…

Hay ocasiones en las que no es fácil elegir el tema para el comentario semanal. En esa reflexión cavilé sobre varios asuntos que tuvieron repercusión mediática, por ejemplo, el robo de un libro que fue protagonizado por nuestro embajador en Argentina; o la captura en Miami de quien fuera el más alto jefe policiaco en el sexenio de Felipe Calderón, o quizá sobre las reacciones encontradas por la pintura que se exhibe en Bellas Artes con la imagen de un Emiliano Zapata afeminado y desnudo.

Todos ellos son de envergadura, pero finalmente, por aberrante, opté por un caso local. Y es que me surgieron muchas preguntas tras conocer la intentona de nuestros diputados de aprobar una ley a favor de espacios libres humo de tabaco, lo que significa que habría una prohibición absoluta para consumir cigarrillos en lugares públicos, con lo que, por ende, se anularían todas aquellas zonas reservadas que ahora existen para tal efecto.

De acuerdo a información oficial, “…las y los diputados aprobaron por unanimidad la Ley para la Protección del Consumo y de la Exposición al Humo y Emisiones de Tabaco y de otros Productos Análogos del Estado de Puebla que, entre otras cosas, propone que los espacios cerrados serán cien por ciento libres de humo de tabaco y de “productos análogos” al cigarro, por lo que los establecimientos no se podrán adaptar para el consumo de los mismos”.

Se menciona que “así se privilegia la concientización del consumo de tabaco y, con la Ley, se fortalece la ayuda a los consumidores para abandonar el tabaco y otros productos, privilegiando el cuidado máximo de la salud”

El mismo comunicado refiere que la diputada Mónica Lara Chávez señaló que tan sólo en la Ciudad de México el 65 por ciento de las colillas de cigarro termina en el suelo, por lo que celebró la idea de “impulsar espacios cien por ciento libres de humo y promover la concientización”.

Y también que la diputada Tonantzin Fernández Díaz aseguró que “el 92 por ciento de la población aprueba que se legisle a favor de espacios libres humo de tabaco”.

Van ahora las preguntas: ¿En verdad creen nuestros diputados que con esa ley se genera conciencia y ayuda a que los fumadores a dejen de hacerlo? Sepan al respecto que los fumadores activos soportan incluso los constantes incrementos en el precio de las cajetillas y las imágenes explícitas sobre los daños que causa el fumar que aparecen en ellas, medidas ambas intimidatorias que no han podido inhibir el consumo.

Una ley en los términos expuestos ¿no atenta contra la libertad de las personas, a su derecho a elegir e incluso, contra sus derechos humanos?

¿Qué perjuicio le causa a una persona no fumadora el hecho de que en una zona separada y delimitada expresamente alguien esté consumiendo un cigarrillo?

¿Pensaron en los propietarios de restaurantes, bares, cafés y similares que han hecho cuantiosas inversiones para adaptar zonas especiales para fumadores, con señalizaciones claras y visibles?

¿Sabían que varios países, como Holanda y Grecia se hizo lo que aquí se propone y luego tuvieron que revertir la medida por afectaciones a la economía y tras probar que no se redujeron los fumadores?

Si es válido el argumento de que tan sólo en la Ciudad de México el 65 por ciento de las colillas de cigarro termina en el suelo, ¿por qué entonces no se prohíbe mascar chicle, que en casi el 100 por ciento de los casos también termina también en el suelo?

¿Podrían hacer público el estudio (supongo que existe) en el que se concluye que el 92 por ciento de la población aprueba que se legisle a favor de espacios libres humo de tabaco? Francamente no lo creo.

Sabían los diputados poblanos que fumar es un placer, no necesariamente un vicio, y hacerlo en zonas reservadas, como las llamadas terrazas, no perjudica a terceras personas.

Al menos en mi caso diré como el escritor y filósofo francés Voltaire, “sé que el cigarro es un vicio que mata lentamente, pero la verdad es que no tengo ninguna prisa”.

Hay ocasiones en las que no es fácil elegir el tema para el comentario semanal. En esa reflexión cavilé sobre varios asuntos que tuvieron repercusión mediática, por ejemplo, el robo de un libro que fue protagonizado por nuestro embajador en Argentina; o la captura en Miami de quien fuera el más alto jefe policiaco en el sexenio de Felipe Calderón, o quizá sobre las reacciones encontradas por la pintura que se exhibe en Bellas Artes con la imagen de un Emiliano Zapata afeminado y desnudo.

Todos ellos son de envergadura, pero finalmente, por aberrante, opté por un caso local. Y es que me surgieron muchas preguntas tras conocer la intentona de nuestros diputados de aprobar una ley a favor de espacios libres humo de tabaco, lo que significa que habría una prohibición absoluta para consumir cigarrillos en lugares públicos, con lo que, por ende, se anularían todas aquellas zonas reservadas que ahora existen para tal efecto.

De acuerdo a información oficial, “…las y los diputados aprobaron por unanimidad la Ley para la Protección del Consumo y de la Exposición al Humo y Emisiones de Tabaco y de otros Productos Análogos del Estado de Puebla que, entre otras cosas, propone que los espacios cerrados serán cien por ciento libres de humo de tabaco y de “productos análogos” al cigarro, por lo que los establecimientos no se podrán adaptar para el consumo de los mismos”.

Se menciona que “así se privilegia la concientización del consumo de tabaco y, con la Ley, se fortalece la ayuda a los consumidores para abandonar el tabaco y otros productos, privilegiando el cuidado máximo de la salud”

El mismo comunicado refiere que la diputada Mónica Lara Chávez señaló que tan sólo en la Ciudad de México el 65 por ciento de las colillas de cigarro termina en el suelo, por lo que celebró la idea de “impulsar espacios cien por ciento libres de humo y promover la concientización”.

Y también que la diputada Tonantzin Fernández Díaz aseguró que “el 92 por ciento de la población aprueba que se legisle a favor de espacios libres humo de tabaco”.

Van ahora las preguntas: ¿En verdad creen nuestros diputados que con esa ley se genera conciencia y ayuda a que los fumadores a dejen de hacerlo? Sepan al respecto que los fumadores activos soportan incluso los constantes incrementos en el precio de las cajetillas y las imágenes explícitas sobre los daños que causa el fumar que aparecen en ellas, medidas ambas intimidatorias que no han podido inhibir el consumo.

Una ley en los términos expuestos ¿no atenta contra la libertad de las personas, a su derecho a elegir e incluso, contra sus derechos humanos?

¿Qué perjuicio le causa a una persona no fumadora el hecho de que en una zona separada y delimitada expresamente alguien esté consumiendo un cigarrillo?

¿Pensaron en los propietarios de restaurantes, bares, cafés y similares que han hecho cuantiosas inversiones para adaptar zonas especiales para fumadores, con señalizaciones claras y visibles?

¿Sabían que varios países, como Holanda y Grecia se hizo lo que aquí se propone y luego tuvieron que revertir la medida por afectaciones a la economía y tras probar que no se redujeron los fumadores?

Si es válido el argumento de que tan sólo en la Ciudad de México el 65 por ciento de las colillas de cigarro termina en el suelo, ¿por qué entonces no se prohíbe mascar chicle, que en casi el 100 por ciento de los casos también termina también en el suelo?

¿Podrían hacer público el estudio (supongo que existe) en el que se concluye que el 92 por ciento de la población aprueba que se legisle a favor de espacios libres humo de tabaco? Francamente no lo creo.

Sabían los diputados poblanos que fumar es un placer, no necesariamente un vicio, y hacerlo en zonas reservadas, como las llamadas terrazas, no perjudica a terceras personas.

Al menos en mi caso diré como el escritor y filósofo francés Voltaire, “sé que el cigarro es un vicio que mata lentamente, pero la verdad es que no tengo ninguna prisa”.

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