/ viernes 6 de diciembre de 2019

Gobernar sin privilegios ni distingos

Entre los conflictos cotidianos, la división y la polarización social, nuestro país está enfrentando el año más violento de su historia, donde no solo se percibe, sino que se vive una situación de permanente inseguridad.

Al respecto, el presidente López Obrador señaló en su primer año de gobierno, que se trata de una situación heredada; lo cual es cierto, pero su gobierno no presenta una clara estrategia para disminuir ésta latente inseguridad que ha hecho presa a toda la sociedad del país.

Pues justo el 1º de diciembre, cuando la actual administración federal, cumplió un año de gobierno, se suscitaron de acuerdo a reportes oficiales, 127 asesinatos, lo cual representa una cifra record en un solo día; situación que es preocupante y lamentable, ante este desmedido incremento de la violencia.

Pero haciendo a un lado estos lamentables hechos, dentro de los aciertos que pueden acreditarse al actual gobierno, destacan:

i) la reducción en el dispendio de los recursos, mediante el ejercicio de un gobierno austero; sin embargo, esta austeridad ha tenido consecuencias, como la eliminación de personal competente y con alta preparación en la administración pública, así como la eliminación de áreas estratégicas. ii) mantener finanzas públicas relativamente sanas y equilibradas, lo cual es importante ante el actual estancamiento económico. Y, iii) se nota una mayor confianza en la política social, como un instrumento que proporciona una mejor justicia a sectores menos favorecidos.

Sin embargo uno de los principales retos que debe revertir la actual tendencia estriba en dar atención prioritaria a la inseguridad, acción que por supuesto debe ser atendida y coordinada por los tres ámbitos de gobierno. Pues la realidad es totalmente diferente a la ofrecida por el presidente López Obrador, que desde su campaña genero una alta expectativa social, apuntando que el gobierno que presidia, resolvería el problema que las tres últimas administraciones federales le heredaron.

Aunado a lo anterior, lo lamentable es que existe una creciente polarización que se alimenta día a día; el columnista Raymundo Riva Palacio hace tres días escribió y que vale la pena destacarlo;

…“Hoy, la polarización todavía está en el terreno del discurso. Eso sí, brutalmente violenta y ruin, empapada de primitivismo en las redes sociales. Aquí no hay buenos y malos. Todos los que participan en esa dinámica destructiva, son miserables. Y no parece que cambiará. ¿Para dónde vamos? Imagine la mañana siguiente a las elecciones presidenciales de 2024, en este clima de linchamiento e irracionalidad. Quien gane enfrentará a un bloque de personas llenas de odio, cultivado por la guerra de clases que la retórica oficial construyó. Un alto número de ellas, según las tendencias electorales, estará no sólo contra el proyecto contrario, sino quizá, fuera de las redes, se opondrá en las calles a la mano, a la victoria enemiga. Este es un escenario realista, dadas las condiciones en que vivimos. Si hoy creemos que la polarización nos arrolla, la pesadilla que viene, si no hacemos algo, ni siquiera la imaginamos.”…

Sin duda, es una situación peligrosa que desde hoy se empieza a vislumbrar. En materia económica, apunta que el 2019 será un año con crecimiento cero y, las estimaciones para el próximo 2020 establecen un crecimiento marginal pero inferior al 1%. Escenarios críticos, a los que como sociedad enfrentamos; y, considerando que el ejercicio del poder presidencial se da sin contrapesos, lamentablemente se debilita la vida democrática del país.

Ante ello, los servidores públicos deben tener presente que en cada acción que emprendan y desarrollen, tienen que generar confianza en la ciudadanía, sin descuidar el manejo eficiente y transparente de los recursos públicos.

Por tanto, la sensibilidad es una de las principales claves para ejercer un buen gobierno en la atención a las demandas sociales; sus decisiones acciones u omisiones, pueden dañar la buena gobernanza y afectar no solo la percepción social sino ampliar las diferencias sociales, la cual tiene que ir acompañada de la ética, profesionalismo y conocimiento.

En los acuerdos y la pluralidad se construye la verdadera democracia y, no solo en las urnas, pues la credibilidad va asociada a la capacidad de respuesta, la cual debe atenderse sin privilegios ni distinción social.

Sus comentarios jrobertofl@hotmail.com

Entre los conflictos cotidianos, la división y la polarización social, nuestro país está enfrentando el año más violento de su historia, donde no solo se percibe, sino que se vive una situación de permanente inseguridad.

Al respecto, el presidente López Obrador señaló en su primer año de gobierno, que se trata de una situación heredada; lo cual es cierto, pero su gobierno no presenta una clara estrategia para disminuir ésta latente inseguridad que ha hecho presa a toda la sociedad del país.

Pues justo el 1º de diciembre, cuando la actual administración federal, cumplió un año de gobierno, se suscitaron de acuerdo a reportes oficiales, 127 asesinatos, lo cual representa una cifra record en un solo día; situación que es preocupante y lamentable, ante este desmedido incremento de la violencia.

Pero haciendo a un lado estos lamentables hechos, dentro de los aciertos que pueden acreditarse al actual gobierno, destacan:

i) la reducción en el dispendio de los recursos, mediante el ejercicio de un gobierno austero; sin embargo, esta austeridad ha tenido consecuencias, como la eliminación de personal competente y con alta preparación en la administración pública, así como la eliminación de áreas estratégicas. ii) mantener finanzas públicas relativamente sanas y equilibradas, lo cual es importante ante el actual estancamiento económico. Y, iii) se nota una mayor confianza en la política social, como un instrumento que proporciona una mejor justicia a sectores menos favorecidos.

Sin embargo uno de los principales retos que debe revertir la actual tendencia estriba en dar atención prioritaria a la inseguridad, acción que por supuesto debe ser atendida y coordinada por los tres ámbitos de gobierno. Pues la realidad es totalmente diferente a la ofrecida por el presidente López Obrador, que desde su campaña genero una alta expectativa social, apuntando que el gobierno que presidia, resolvería el problema que las tres últimas administraciones federales le heredaron.

Aunado a lo anterior, lo lamentable es que existe una creciente polarización que se alimenta día a día; el columnista Raymundo Riva Palacio hace tres días escribió y que vale la pena destacarlo;

…“Hoy, la polarización todavía está en el terreno del discurso. Eso sí, brutalmente violenta y ruin, empapada de primitivismo en las redes sociales. Aquí no hay buenos y malos. Todos los que participan en esa dinámica destructiva, son miserables. Y no parece que cambiará. ¿Para dónde vamos? Imagine la mañana siguiente a las elecciones presidenciales de 2024, en este clima de linchamiento e irracionalidad. Quien gane enfrentará a un bloque de personas llenas de odio, cultivado por la guerra de clases que la retórica oficial construyó. Un alto número de ellas, según las tendencias electorales, estará no sólo contra el proyecto contrario, sino quizá, fuera de las redes, se opondrá en las calles a la mano, a la victoria enemiga. Este es un escenario realista, dadas las condiciones en que vivimos. Si hoy creemos que la polarización nos arrolla, la pesadilla que viene, si no hacemos algo, ni siquiera la imaginamos.”…

Sin duda, es una situación peligrosa que desde hoy se empieza a vislumbrar. En materia económica, apunta que el 2019 será un año con crecimiento cero y, las estimaciones para el próximo 2020 establecen un crecimiento marginal pero inferior al 1%. Escenarios críticos, a los que como sociedad enfrentamos; y, considerando que el ejercicio del poder presidencial se da sin contrapesos, lamentablemente se debilita la vida democrática del país.

Ante ello, los servidores públicos deben tener presente que en cada acción que emprendan y desarrollen, tienen que generar confianza en la ciudadanía, sin descuidar el manejo eficiente y transparente de los recursos públicos.

Por tanto, la sensibilidad es una de las principales claves para ejercer un buen gobierno en la atención a las demandas sociales; sus decisiones acciones u omisiones, pueden dañar la buena gobernanza y afectar no solo la percepción social sino ampliar las diferencias sociales, la cual tiene que ir acompañada de la ética, profesionalismo y conocimiento.

En los acuerdos y la pluralidad se construye la verdadera democracia y, no solo en las urnas, pues la credibilidad va asociada a la capacidad de respuesta, la cual debe atenderse sin privilegios ni distinción social.

Sus comentarios jrobertofl@hotmail.com

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