/ domingo 10 de mayo de 2020

¿La bolsa o la vida?

Llevo más de cincuenta días confinado en mi casa, tratando de armonizar mi vida con la realidad circundante y aceptar lo que está sucediendo para no complicarme la existencia. No ofrezco resistencia, solo fluyo y me adapto, lo aprendí en la metafísica, “todo lo que resistes persiste”.

Bendigo las circunstancias porque entiendo claramente que todo lo ha permitido DIOS como una lección para abrir nuestra conciencia y evolucionar a una mayor vibración universal que nos permita ser agentes de un cambio verdadero, en un mundo que ya no puede ni debe seguir igual. Salir vivos de esta pandemia nos llevará a una realidad nueva y diferente, que parta de la espiritualidad y no del dogmatismo, y que nos haga comprender que como parte de un todo con la naturaleza, nuestra misión es el amor y no el egoísmo.

Agradezco humildemente esta experiencia que me ha permitido claramente entender que todo es relativo, que ricos y pobres somos iguales, que el lugar más seguro es mi hogar, que la prioridad es mi familia y que por encima del dinero y el poder está definitivamente la vida.

Es indudable que la economía empieza a “crujir”, que si no trabajas no produces y que si no produces no tienes el dinero para vivir, que miles se han quedado sin empleo, que empresas pequeñas y medianas han cerrado o enfrentan serios problemas de liquidez y que grandes corporaciones urgen la reactivación económica para no quebrar.

Pero por otra parte, los especialistas y epidemiólogos nos dicen que este fin de semana es el crucial en México y que se tendrá el pico máximo de contagios; y que para este fin de mes empezará la distención, que llegará a su culmen a mediados de junio.

Bien vale la pena continuar en casa y seguir observando puntualmente las medidas de prevención y de higiene recomendadas. No es prudente, de ninguna manera, exponer la salud o la vida por el dinero. Ya se habla de 2,704 muertes en el país -según cifras oficiales- y más de 53 mil infectados. Esto está creciendo exponencialmente. Parafraseando a Ángelo Borelli, Jefe de la Protección Civil Italiana, “el virus es más rápido que nuestra burocracia”.

Ahora que, si bien es cierto que México es la décimo cuarta economía a nivel mundial, 45 millones de compatriotas viven en la pobreza. Somos de los países con mayor desigualdad social en el mundo, y uno de los dos países más desiguales de la OCDE. El 1% de la población recibe el 21% de ingresos de todo el país. La riqueza de los cuatro hombres más acaudalados de México; Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Bailleres y Ricardo Salinas Pliego, asciende al 9.5% del producto interno bruto del país.

45 millones de mexicanos, entonces, tienen que salir a la calle a ganarse el sustento diario. Viven al día y no pueden darse el lujo de quedarse en casa. Son la población en riesgo por nuestra tremenda desigualdad social, lo cual constituye una bomba de tiempo para la pandemia.

Por lo tanto, no es tan simple en un país como el nuestro contestar la disyuntiva “la bolsa o la vida”, porque al final la vida se sustenta con el alimento y si éste hay que ganarlo diariamente en forma imperiosa, la contestación obvia será “la bolsa”, porque ella procura la vida.

Ante esta cruda realidad mexicana el “quédate en casa” suena a irrealidad, y obliga al Gobierno a habilitar más hospitales, y lamentablemente, a preparase para un crecimiento exponencial de la pandemia. Al margen de esto, pero relacionado con lo mismo, una vez que transcurra este viacrucis, considero que más que programas sociales asistenciales y claramente electoreros, si el gobierno está hablando de una Seguridad Social Universal, debería, a través del Congreso, proponer una iniciativa de ley para dotar un seguro de desempleo a los trabajadores mexicanos y una renta universal a cada jefe de familia de esos 45 millones de pobres, para que vivan con dignidad.

GRACIAS PUEBLA.

Llevo más de cincuenta días confinado en mi casa, tratando de armonizar mi vida con la realidad circundante y aceptar lo que está sucediendo para no complicarme la existencia. No ofrezco resistencia, solo fluyo y me adapto, lo aprendí en la metafísica, “todo lo que resistes persiste”.

Bendigo las circunstancias porque entiendo claramente que todo lo ha permitido DIOS como una lección para abrir nuestra conciencia y evolucionar a una mayor vibración universal que nos permita ser agentes de un cambio verdadero, en un mundo que ya no puede ni debe seguir igual. Salir vivos de esta pandemia nos llevará a una realidad nueva y diferente, que parta de la espiritualidad y no del dogmatismo, y que nos haga comprender que como parte de un todo con la naturaleza, nuestra misión es el amor y no el egoísmo.

Agradezco humildemente esta experiencia que me ha permitido claramente entender que todo es relativo, que ricos y pobres somos iguales, que el lugar más seguro es mi hogar, que la prioridad es mi familia y que por encima del dinero y el poder está definitivamente la vida.

Es indudable que la economía empieza a “crujir”, que si no trabajas no produces y que si no produces no tienes el dinero para vivir, que miles se han quedado sin empleo, que empresas pequeñas y medianas han cerrado o enfrentan serios problemas de liquidez y que grandes corporaciones urgen la reactivación económica para no quebrar.

Pero por otra parte, los especialistas y epidemiólogos nos dicen que este fin de semana es el crucial en México y que se tendrá el pico máximo de contagios; y que para este fin de mes empezará la distención, que llegará a su culmen a mediados de junio.

Bien vale la pena continuar en casa y seguir observando puntualmente las medidas de prevención y de higiene recomendadas. No es prudente, de ninguna manera, exponer la salud o la vida por el dinero. Ya se habla de 2,704 muertes en el país -según cifras oficiales- y más de 53 mil infectados. Esto está creciendo exponencialmente. Parafraseando a Ángelo Borelli, Jefe de la Protección Civil Italiana, “el virus es más rápido que nuestra burocracia”.

Ahora que, si bien es cierto que México es la décimo cuarta economía a nivel mundial, 45 millones de compatriotas viven en la pobreza. Somos de los países con mayor desigualdad social en el mundo, y uno de los dos países más desiguales de la OCDE. El 1% de la población recibe el 21% de ingresos de todo el país. La riqueza de los cuatro hombres más acaudalados de México; Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Bailleres y Ricardo Salinas Pliego, asciende al 9.5% del producto interno bruto del país.

45 millones de mexicanos, entonces, tienen que salir a la calle a ganarse el sustento diario. Viven al día y no pueden darse el lujo de quedarse en casa. Son la población en riesgo por nuestra tremenda desigualdad social, lo cual constituye una bomba de tiempo para la pandemia.

Por lo tanto, no es tan simple en un país como el nuestro contestar la disyuntiva “la bolsa o la vida”, porque al final la vida se sustenta con el alimento y si éste hay que ganarlo diariamente en forma imperiosa, la contestación obvia será “la bolsa”, porque ella procura la vida.

Ante esta cruda realidad mexicana el “quédate en casa” suena a irrealidad, y obliga al Gobierno a habilitar más hospitales, y lamentablemente, a preparase para un crecimiento exponencial de la pandemia. Al margen de esto, pero relacionado con lo mismo, una vez que transcurra este viacrucis, considero que más que programas sociales asistenciales y claramente electoreros, si el gobierno está hablando de una Seguridad Social Universal, debería, a través del Congreso, proponer una iniciativa de ley para dotar un seguro de desempleo a los trabajadores mexicanos y una renta universal a cada jefe de familia de esos 45 millones de pobres, para que vivan con dignidad.

GRACIAS PUEBLA.

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