/ sábado 5 de diciembre de 2020

La superstición es la poesía de la gente ignorante

Parece increíble que haya gente que se niegue a creer que exista el covid-19 o que le ponga peros al próximo proceso de vacunación, sin embargo, esto es una realidad que apreciamos en redes sociales y opiniones en general, lo cual nos lleva a reflexionar en un elemento que ha existido desde hace miles de años.

Comienzo señalando que el título de mi editorial corresponde a una frase de Herta Müller, premio Nobel de Literatura en 2009, quien emitía esta idea, señalando que la superstición también es algo fascinante, recordando que la poesía es un concepto muy valorado por los grandes pensadores e intelectuales, considerada como la forma más sofisticada de la expresión, inclusive llega a formar parte de conceptos filosóficos bastante profundos. También no quiero sonar peyorativo en cuanto al uso del calificativo, pero es innegable que muchos mexicanos carecen de una instrucción medianamente buena, siendo ellos culpables o no culpables de esta situación, además de que en estos días tan peligrosos hay que llamar a las cosas por lo que son.

La superstición ha existido desde hace milenios, la cual consiste en atribuir un carácter milagroso, mágico o sobrenatural a algún suceso, de forma irracional y sin fundamento alguno. Es indudable que las religiones se sostienen en gran medida de ella, situación que puede resultar banal si no fuera porque ahora de esto depende la salud pública.

Después de muchos meses de investigación, al fin se tiene una vacuna para prevenir este virus que ha puesto en jaque al mundo, sin embargo, mucha gente se muestra renuente a su uso, situación que no es nueva, sino parte de aquellos que desde hace años se manifiestan en contra de las vacunas en general. También tenemos a algunos políticos mezquinos que ven esto como una amenaza a sus intereses, ya que nos les importaría que hubiera millones de muertos si con eso pudieran criticar a sus adversarios políticos.

Sabemos que una persona tiene el derecho a tener el credo que quiera, a desplegar la conducta que desee y creer en lo más absurdo, es más, existe una prerrogativa a ser ignorante, sin embargo, todo eso es posible en función de no alterar derechos de terceros y el interés público, elementos que precisamente son vulnerados con el contagio del coronavirus.

Hoy en día se habla mucho del triunfo de las libertades, es más, hay quien celebra que se pueda consumir mariguana como si obtuviera un grado académico; también tenemos a quien aplaude que un menor pueda elegir su género; inclusive hay legisladores que piden que una operación transgénero deba ser pagada por el estado, pero se nos olvida algo sumamente importante, un elemento que resulta de prístina importancia y sin el cual las libertades mencionadas se vuelven una fuente inmensa de caos: la responsabilidad.

No es una mentira que la mayoría de los mexicanos no tienen como virtud el atributo mencionado, pero sí existen profundas supersticiones que guían su vida, las cuales pueden producir resultados positivos, así como sucede con la gente muy religiosa, pero en estos momentos extraordinarios y peligrosos debe imperar el interés público y la racionalidad.

Es cierto que en estos tiempos de desesperación se busquen afanosamente héroes, villanos, dioses y demonios, además de elementos que nos puedan dar una solución a los problemas, esto es parte de un sostén emocional que busca cualquier persona. La historia es de ciclos y ahora nos ha tocado vivir en un mal momento intelectual, así que el creer que hay algo supraordenado que nos puede ayudar resulta muy cómodo, inclusive puede ser fuente de una gran confianza, pero a la vez muy riesgoso, como aquel que piensa que la Guadalupana le dará inmunidad y se incorpora a una peregrinación junto con muchas personas.

Lo que resulta preocupante es la conjunción de factores negativos: por un lado, la gente necesita creer en algo que la saque del mal estado en el que está; y por otro, ese algo la puede llevar a la muerte, como un adicto que encuentra un alivio temporal a sus malestares y pierde la vida en una sobredosis.

La superstición es parte de la historia de la humanidad, positiva o negativa según sea el caso, pero creo que es hora de hacer un ejercicio de reflexión y no caer en necedades y rumores que desgraciada e inevitablemente le van a quitar la vida a miles de mexicanos, esperemos que sean los menos. Hasta la próxima.


Dudas o comentarios: 22 25 64 75 05; vicente_leopoldo@hotmail.com; síganme en facebook por mi nombre y en twitter: @vicente_aven.

Parece increíble que haya gente que se niegue a creer que exista el covid-19 o que le ponga peros al próximo proceso de vacunación, sin embargo, esto es una realidad que apreciamos en redes sociales y opiniones en general, lo cual nos lleva a reflexionar en un elemento que ha existido desde hace miles de años.

Comienzo señalando que el título de mi editorial corresponde a una frase de Herta Müller, premio Nobel de Literatura en 2009, quien emitía esta idea, señalando que la superstición también es algo fascinante, recordando que la poesía es un concepto muy valorado por los grandes pensadores e intelectuales, considerada como la forma más sofisticada de la expresión, inclusive llega a formar parte de conceptos filosóficos bastante profundos. También no quiero sonar peyorativo en cuanto al uso del calificativo, pero es innegable que muchos mexicanos carecen de una instrucción medianamente buena, siendo ellos culpables o no culpables de esta situación, además de que en estos días tan peligrosos hay que llamar a las cosas por lo que son.

La superstición ha existido desde hace milenios, la cual consiste en atribuir un carácter milagroso, mágico o sobrenatural a algún suceso, de forma irracional y sin fundamento alguno. Es indudable que las religiones se sostienen en gran medida de ella, situación que puede resultar banal si no fuera porque ahora de esto depende la salud pública.

Después de muchos meses de investigación, al fin se tiene una vacuna para prevenir este virus que ha puesto en jaque al mundo, sin embargo, mucha gente se muestra renuente a su uso, situación que no es nueva, sino parte de aquellos que desde hace años se manifiestan en contra de las vacunas en general. También tenemos a algunos políticos mezquinos que ven esto como una amenaza a sus intereses, ya que nos les importaría que hubiera millones de muertos si con eso pudieran criticar a sus adversarios políticos.

Sabemos que una persona tiene el derecho a tener el credo que quiera, a desplegar la conducta que desee y creer en lo más absurdo, es más, existe una prerrogativa a ser ignorante, sin embargo, todo eso es posible en función de no alterar derechos de terceros y el interés público, elementos que precisamente son vulnerados con el contagio del coronavirus.

Hoy en día se habla mucho del triunfo de las libertades, es más, hay quien celebra que se pueda consumir mariguana como si obtuviera un grado académico; también tenemos a quien aplaude que un menor pueda elegir su género; inclusive hay legisladores que piden que una operación transgénero deba ser pagada por el estado, pero se nos olvida algo sumamente importante, un elemento que resulta de prístina importancia y sin el cual las libertades mencionadas se vuelven una fuente inmensa de caos: la responsabilidad.

No es una mentira que la mayoría de los mexicanos no tienen como virtud el atributo mencionado, pero sí existen profundas supersticiones que guían su vida, las cuales pueden producir resultados positivos, así como sucede con la gente muy religiosa, pero en estos momentos extraordinarios y peligrosos debe imperar el interés público y la racionalidad.

Es cierto que en estos tiempos de desesperación se busquen afanosamente héroes, villanos, dioses y demonios, además de elementos que nos puedan dar una solución a los problemas, esto es parte de un sostén emocional que busca cualquier persona. La historia es de ciclos y ahora nos ha tocado vivir en un mal momento intelectual, así que el creer que hay algo supraordenado que nos puede ayudar resulta muy cómodo, inclusive puede ser fuente de una gran confianza, pero a la vez muy riesgoso, como aquel que piensa que la Guadalupana le dará inmunidad y se incorpora a una peregrinación junto con muchas personas.

Lo que resulta preocupante es la conjunción de factores negativos: por un lado, la gente necesita creer en algo que la saque del mal estado en el que está; y por otro, ese algo la puede llevar a la muerte, como un adicto que encuentra un alivio temporal a sus malestares y pierde la vida en una sobredosis.

La superstición es parte de la historia de la humanidad, positiva o negativa según sea el caso, pero creo que es hora de hacer un ejercicio de reflexión y no caer en necedades y rumores que desgraciada e inevitablemente le van a quitar la vida a miles de mexicanos, esperemos que sean los menos. Hasta la próxima.


Dudas o comentarios: 22 25 64 75 05; vicente_leopoldo@hotmail.com; síganme en facebook por mi nombre y en twitter: @vicente_aven.