/ sábado 22 de diciembre de 2018

Las posadas navideñas

En este mes, tiempo de celebración, un buen pretexto para reunirse con familiares y amigos son las tradicionales posadas. El olor a ponche, el brillo de las luces de bengala, los cánticos, las piñatas y los dulces crean momentos inolvidables de una convivencia que deriva del sincretismo religioso.

Su historia se remonta a las misas de aguinaldos, durante las cuales se realizaban representaciones del nacimiento de Cristo. La primera vez que se celebraron en la Nueva España fue en 1587, bajo la supervisión de fray Diego de Soria.

El 25 de diciembre, que marca el solsticio de invierno para los habitantes del hemisferio norte, es una fecha festejada a lo largo y ancho del planeta. Así como el catolicismo la adoptó de la religión romana para la Navidad, en el México prehispánico se celebraba a dioses como Quetzalcóatl y Huitzilopochtli.

Se dice que los aztecas celebraban el “Panquetzaliztli”, llegada de su principal deidad, Huitzilopochtli. Las fiestas de recibimiento duraban 20 días, del 6 al 26 de diciembre.

Para deshacerse de esas fiestas y popularizar las misas de aguinaldo, los evangelizadores de San Agustín Acolman crearon las primeras posadas, todas las noches, del 16 al 24 de diciembre. En ellas se hacía una representación de la Natividad que terminaba con un banquete y de postre, pequeñas estatuas de tzoatl, precursoras de las famosas alegrías de amaranto.

Luces de bengala, cohetes, villancicos y piñatas se agregaron a la festividad para que resultara más atractiva y entretenida. Se convocaba al pueblo al atrio de las iglesias, donde se rezaba una novena, acompañada de cantos y representaciones basadas en el Evangelio como recordatorio de la espera del Niño y el peregrinar de María y José.

Las posadas se realizaban durante nueve días simbolizando los meses de espera de María para tener a su hijo y al finalizar cada festejo los monjes otorgaban fruta y dulces a los asistentes como muestra de gratitud al aceptar la doctrina religiosa.

Con el paso del tiempo, las reuniones se trasladaron a los barrios y hogares de las familias, cambio que fue permitido por la iglesia con el fin de que las festividades tuvieran una mayor difusión entre los habitantes. Para el siglo XIX esta tradición ya era parte fundamental de las costumbres navideñas en México.

De acuerdo con las costumbres populares y religiosas, cada elemento que integra una posada tiene un significado especial, por ejemplo, la piñata representa el triunfo de la fe sobre el pecado y los siete picos que tradicionalmente las componen aluden a los pecados capitales.

Otro elemento que no puede faltar en las posadas es el ponche, el cual se elabora con frutas de la estación como caña, guayaba, jamaica, ciruela y tejocote, entre otras. Este brebaje surgió a través del mestizaje entre la cultura indígena y la europea, lo cual dio como resultado una combinación equilibrada en sabores.

Aunque el principal motivo del origen de las posadas tiene que ver con la enseñanza de la doctrina cristiana, actualmente los mexicanos celebran las posadas navideñas como una forma de convivir con los vecinos, amigos, compañeros de trabajo y familia en una época en la que se respira un ambiente de cordialidad y unión.

Sin embargo, entre las nuevas generaciones se ha dado un giro a estas celebraciones, llamando “posada” a cualquier fiesta que se realiza entre el 16 y 24 de este mes; no obstante, sigue habiendo muchos lugares donde estas fiestas siguen basadas en el principio de cohesión social tanto en el ámbito familiar como en la comunidad, permitiendo, así, preservar las tradiciones y transmitirlas a niños y jóvenes.

monserrat.publicaciones@gmail.com

En este mes, tiempo de celebración, un buen pretexto para reunirse con familiares y amigos son las tradicionales posadas. El olor a ponche, el brillo de las luces de bengala, los cánticos, las piñatas y los dulces crean momentos inolvidables de una convivencia que deriva del sincretismo religioso.

Su historia se remonta a las misas de aguinaldos, durante las cuales se realizaban representaciones del nacimiento de Cristo. La primera vez que se celebraron en la Nueva España fue en 1587, bajo la supervisión de fray Diego de Soria.

El 25 de diciembre, que marca el solsticio de invierno para los habitantes del hemisferio norte, es una fecha festejada a lo largo y ancho del planeta. Así como el catolicismo la adoptó de la religión romana para la Navidad, en el México prehispánico se celebraba a dioses como Quetzalcóatl y Huitzilopochtli.

Se dice que los aztecas celebraban el “Panquetzaliztli”, llegada de su principal deidad, Huitzilopochtli. Las fiestas de recibimiento duraban 20 días, del 6 al 26 de diciembre.

Para deshacerse de esas fiestas y popularizar las misas de aguinaldo, los evangelizadores de San Agustín Acolman crearon las primeras posadas, todas las noches, del 16 al 24 de diciembre. En ellas se hacía una representación de la Natividad que terminaba con un banquete y de postre, pequeñas estatuas de tzoatl, precursoras de las famosas alegrías de amaranto.

Luces de bengala, cohetes, villancicos y piñatas se agregaron a la festividad para que resultara más atractiva y entretenida. Se convocaba al pueblo al atrio de las iglesias, donde se rezaba una novena, acompañada de cantos y representaciones basadas en el Evangelio como recordatorio de la espera del Niño y el peregrinar de María y José.

Las posadas se realizaban durante nueve días simbolizando los meses de espera de María para tener a su hijo y al finalizar cada festejo los monjes otorgaban fruta y dulces a los asistentes como muestra de gratitud al aceptar la doctrina religiosa.

Con el paso del tiempo, las reuniones se trasladaron a los barrios y hogares de las familias, cambio que fue permitido por la iglesia con el fin de que las festividades tuvieran una mayor difusión entre los habitantes. Para el siglo XIX esta tradición ya era parte fundamental de las costumbres navideñas en México.

De acuerdo con las costumbres populares y religiosas, cada elemento que integra una posada tiene un significado especial, por ejemplo, la piñata representa el triunfo de la fe sobre el pecado y los siete picos que tradicionalmente las componen aluden a los pecados capitales.

Otro elemento que no puede faltar en las posadas es el ponche, el cual se elabora con frutas de la estación como caña, guayaba, jamaica, ciruela y tejocote, entre otras. Este brebaje surgió a través del mestizaje entre la cultura indígena y la europea, lo cual dio como resultado una combinación equilibrada en sabores.

Aunque el principal motivo del origen de las posadas tiene que ver con la enseñanza de la doctrina cristiana, actualmente los mexicanos celebran las posadas navideñas como una forma de convivir con los vecinos, amigos, compañeros de trabajo y familia en una época en la que se respira un ambiente de cordialidad y unión.

Sin embargo, entre las nuevas generaciones se ha dado un giro a estas celebraciones, llamando “posada” a cualquier fiesta que se realiza entre el 16 y 24 de este mes; no obstante, sigue habiendo muchos lugares donde estas fiestas siguen basadas en el principio de cohesión social tanto en el ámbito familiar como en la comunidad, permitiendo, así, preservar las tradiciones y transmitirlas a niños y jóvenes.

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