/ domingo 16 de mayo de 2021

Los maestros: héroes o villanos de nuestra educación

El mes de mayo nuevamente se reviste de fiesta otra vez, pasado el día de las Madres ahora tenemos el reconocimiento a la labor de los Maestros. Según los objetivos del milenio 2030 “La educación permite movilidad socioeconómica ascendente y es clave para salir de la pobreza”, pero a los esfuerzos se antepuso la pandemia y con ella un impase en el sistema educativo nacional.

El problema educativo en el país es complejo desde antes de la pandemia. El número de profesores de nivel básico, medio y medio-superior y superior (1.7 millones según INEGI, 2020), no es suficiente para atender las necesidades educativas de este sector de la población de 54.3 millones (de 3 a 29 años), 26.8 millones de mujeres y 27.4 millones de hombres (según la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación, INEGI_ ECOVID-ED 2020).

Para el ciclo 2020-2021 los datos oficiales reportaron deserción escolar de 4.3% (2.3 millones) por COVID-19 y 5.4% (2.9 millones) por falta de recursos (ECOVID-ED 2020). Esto muestra el impacto de la pandemia en los alumnos, pero no hay medición disponible para calcular los estragos en la población magisterial, específicamente en la que presta servicios al sector privado.

El fenómeno anterior fue brutal para los docentes que prestan, o prestaban, sus servicios en escuelas privadas. La Asociación Nacional de Escuelas Particulares en México (ANFE-ANEP) en enero pasado calculó que más de 20 mil escuelas particulares de las 48 mil que hay en el país, van a cerrar por la imposición de clases en línea y la prohibición de reabrir sus aulas que desde el inicio de 2020 se obligó. El otro dato alarmante es que de 5 millones 500 mil estudiantes, el 40% (2 millones,300 mil) van a dejar sus estudios en escuelas privadas y se inscribirán al sector público para validar sus estudios.

En cuanto a la preparación de los docentes, con información de la ENOE 2019 en su cuarto trimestre (INEGI), los “docentes de enseñanza superior cuentan en promedio con 17.6 años de escolaridad, con proporciones similares entre hombres (17.6 años) y mujeres (17.7 años). Según su distribución porcentual por nivel de escolaridad, 45% tienen nivel licenciatura, seguido por quienes cuentan con maestría (36%) y doctorado (17 por ciento), el 2% restante, corresponde a docentes que declararon estudios de educación media superior”. Así que los ingresos, con seguridad, se vieron reducidos también como efecto de la pandemia. Vale la pena considerar que los profesores que tienen plaza en escuelas públicas, estatales y/o federales, de alguna forma reacomodaron su actividad pero continúan percibiendo sus honorarios.

La pandemia exigió y mucho, tanto a estudiantes como a docentes, para subirse a la educación en línea. Seguramente los que pensaban que la educación a distancia era de menos calidad, se toparon con una realidad bien diferente. Aunque también los hay que recurrieron y recurren a métodos poco éticos como el plagio, alumnos y maestros.

Así que, aunque en el siglo XX la educación se consideró como lo plantean los objetivos del milenio, garante de la movilidad ascendente, la realidad es que la precarización laboral se hizo más profunda con la pandemia. Los profesores de escuelas privadas tuvieron que recurrir a prácticas creativas para percibir un sustento, después de ser recortados de sus centros de trabajo o reducidas sus horas. Un brinco mortal: dar clases privadas al margen de las escuelas. Esto sólo nos muestra que la docencia es imprescindible pero poco reconocida. Tal vez, también, porque se ha devaluado la imagen del maestro desde que la calidad académica del docente es deficiente, pero también porque los abusos y la pérdida de una filosofía humanista, desorientó al magisterio.

Pero también los alumnos, enfrentados a una realidad compleja en todos los sentidos, parecen no tener incentivos para prepararse, ni maestros que los impulsen porque están también empantanados en la crisis educativa, ya veremos los resultados de la evaluación internacional de los alumnos, PISA (Programme for International Student Assessment) en 2022. De cualquier forma, estamos obligados a volver al centro y con creatividad volver a ser los maestros que necesita el país. Felicidades a los colegas.

El mes de mayo nuevamente se reviste de fiesta otra vez, pasado el día de las Madres ahora tenemos el reconocimiento a la labor de los Maestros. Según los objetivos del milenio 2030 “La educación permite movilidad socioeconómica ascendente y es clave para salir de la pobreza”, pero a los esfuerzos se antepuso la pandemia y con ella un impase en el sistema educativo nacional.

El problema educativo en el país es complejo desde antes de la pandemia. El número de profesores de nivel básico, medio y medio-superior y superior (1.7 millones según INEGI, 2020), no es suficiente para atender las necesidades educativas de este sector de la población de 54.3 millones (de 3 a 29 años), 26.8 millones de mujeres y 27.4 millones de hombres (según la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación, INEGI_ ECOVID-ED 2020).

Para el ciclo 2020-2021 los datos oficiales reportaron deserción escolar de 4.3% (2.3 millones) por COVID-19 y 5.4% (2.9 millones) por falta de recursos (ECOVID-ED 2020). Esto muestra el impacto de la pandemia en los alumnos, pero no hay medición disponible para calcular los estragos en la población magisterial, específicamente en la que presta servicios al sector privado.

El fenómeno anterior fue brutal para los docentes que prestan, o prestaban, sus servicios en escuelas privadas. La Asociación Nacional de Escuelas Particulares en México (ANFE-ANEP) en enero pasado calculó que más de 20 mil escuelas particulares de las 48 mil que hay en el país, van a cerrar por la imposición de clases en línea y la prohibición de reabrir sus aulas que desde el inicio de 2020 se obligó. El otro dato alarmante es que de 5 millones 500 mil estudiantes, el 40% (2 millones,300 mil) van a dejar sus estudios en escuelas privadas y se inscribirán al sector público para validar sus estudios.

En cuanto a la preparación de los docentes, con información de la ENOE 2019 en su cuarto trimestre (INEGI), los “docentes de enseñanza superior cuentan en promedio con 17.6 años de escolaridad, con proporciones similares entre hombres (17.6 años) y mujeres (17.7 años). Según su distribución porcentual por nivel de escolaridad, 45% tienen nivel licenciatura, seguido por quienes cuentan con maestría (36%) y doctorado (17 por ciento), el 2% restante, corresponde a docentes que declararon estudios de educación media superior”. Así que los ingresos, con seguridad, se vieron reducidos también como efecto de la pandemia. Vale la pena considerar que los profesores que tienen plaza en escuelas públicas, estatales y/o federales, de alguna forma reacomodaron su actividad pero continúan percibiendo sus honorarios.

La pandemia exigió y mucho, tanto a estudiantes como a docentes, para subirse a la educación en línea. Seguramente los que pensaban que la educación a distancia era de menos calidad, se toparon con una realidad bien diferente. Aunque también los hay que recurrieron y recurren a métodos poco éticos como el plagio, alumnos y maestros.

Así que, aunque en el siglo XX la educación se consideró como lo plantean los objetivos del milenio, garante de la movilidad ascendente, la realidad es que la precarización laboral se hizo más profunda con la pandemia. Los profesores de escuelas privadas tuvieron que recurrir a prácticas creativas para percibir un sustento, después de ser recortados de sus centros de trabajo o reducidas sus horas. Un brinco mortal: dar clases privadas al margen de las escuelas. Esto sólo nos muestra que la docencia es imprescindible pero poco reconocida. Tal vez, también, porque se ha devaluado la imagen del maestro desde que la calidad académica del docente es deficiente, pero también porque los abusos y la pérdida de una filosofía humanista, desorientó al magisterio.

Pero también los alumnos, enfrentados a una realidad compleja en todos los sentidos, parecen no tener incentivos para prepararse, ni maestros que los impulsen porque están también empantanados en la crisis educativa, ya veremos los resultados de la evaluación internacional de los alumnos, PISA (Programme for International Student Assessment) en 2022. De cualquier forma, estamos obligados a volver al centro y con creatividad volver a ser los maestros que necesita el país. Felicidades a los colegas.