/ jueves 26 de noviembre de 2020

No molesten al general

Un oficio de la Guardia Nacional fechado el 22 de noviembre pasado dirigido al director general de seguridad en carreteras e instituciones de la base Contel, señalaba que a partir de esa fecha todo el personal del aeropuerto internacional de Toluca quedaba cesado de sus funciones, y serían puestos a disposición “hasta que se les asignen nuevas funciones”.

La razón de que cambiaran a todo el personal de la Guardia Nacional en la terminal aérea fue porque el miércoles 18, poco después de que aterrizó la aeronave que regresó al país al general de división retirado Salvador Cienfuegos Zepeda, le tomaron fotos para documentar su arribo e informar a sus superiores de su llegada.

Este procedimiento de rutina que forma parte del trabajo cotidiano cuando se trata de personajes de importancia política, social o económica, molestó a los militares quienes habrían reclamado por tomar imágenes del exsecretario de la Defensa Nacional. Imágenes que minutos después estaban en redes sociales y notas informativas, como parte de una historia que durante 34 días mantuvo en vilo la relación con Estados Unidos en materia de seguridad, y de paso generó nerviosismo en la cúpula castrense del país.

Al día siguiente del incidente un mando militar en el Estado de México ordenó aplicar un “correctivo disciplinario” a los dos elementos que tomaron las fotos, y aunque su superior inmediato argumentó que solo hacían su trabajo, tres días después cesaron a todo el personal.

El caso Cienfuegos se convirtió en una bomba mediática de alto impacto con posibilidad de detonar si hubiera llegado a juicio. No solo por las implicaciones derivadas de ventilar las pruebas con las que se le formularon los cargos, sino por colocar en entre dicho la naturaleza misma del quehacer del Ejército mexicano.

La presión de la actual cúpula castrense para que el gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador lanzara un ultimátum a su similar estadounidense, iba más allá del argumento válido de una violación a la soberanía nacional y una humillación latente de las fuerzas armadas ante una Corte estadounidense. Se trató de que si no regresaban al exsecretario, la relación en materia de defensa, seguridad e inteligencia se vería seriamente lastimada sin posibilidades de resarcirse.

Exfuncionarios del mismo Departamento de Defensa manifestaron su extrañeza tras la detención por la forma como actuó la agencia antidrogas estadounidense contra uno de los militares mexicanos que mejoró los niveles de cooperación entre ambas dependencias.

El ultimátum colocó contra la pared a William Barr, titular del Departamento de Justicia, quien llegó a dudar de la solidez de las pruebas que la DEA aseguraba involucraban a Cienfuegos. Las dudas sobre el peso de las evidencias se mantendrán si en las semanas por venir la Fiscalía General de la República (FGR) confirma que no será sometido a proceso.

El general Cienfuegos podrá no ser molestado por las cámaras de los guardias aeroportuarios, pero la sospecha sobre su papel como secretario de la Defensa Nacional en el sexenio más corrupto de la historia contemporánea ya quedó marcada.

@velediaz424

Un oficio de la Guardia Nacional fechado el 22 de noviembre pasado dirigido al director general de seguridad en carreteras e instituciones de la base Contel, señalaba que a partir de esa fecha todo el personal del aeropuerto internacional de Toluca quedaba cesado de sus funciones, y serían puestos a disposición “hasta que se les asignen nuevas funciones”.

La razón de que cambiaran a todo el personal de la Guardia Nacional en la terminal aérea fue porque el miércoles 18, poco después de que aterrizó la aeronave que regresó al país al general de división retirado Salvador Cienfuegos Zepeda, le tomaron fotos para documentar su arribo e informar a sus superiores de su llegada.

Este procedimiento de rutina que forma parte del trabajo cotidiano cuando se trata de personajes de importancia política, social o económica, molestó a los militares quienes habrían reclamado por tomar imágenes del exsecretario de la Defensa Nacional. Imágenes que minutos después estaban en redes sociales y notas informativas, como parte de una historia que durante 34 días mantuvo en vilo la relación con Estados Unidos en materia de seguridad, y de paso generó nerviosismo en la cúpula castrense del país.

Al día siguiente del incidente un mando militar en el Estado de México ordenó aplicar un “correctivo disciplinario” a los dos elementos que tomaron las fotos, y aunque su superior inmediato argumentó que solo hacían su trabajo, tres días después cesaron a todo el personal.

El caso Cienfuegos se convirtió en una bomba mediática de alto impacto con posibilidad de detonar si hubiera llegado a juicio. No solo por las implicaciones derivadas de ventilar las pruebas con las que se le formularon los cargos, sino por colocar en entre dicho la naturaleza misma del quehacer del Ejército mexicano.

La presión de la actual cúpula castrense para que el gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador lanzara un ultimátum a su similar estadounidense, iba más allá del argumento válido de una violación a la soberanía nacional y una humillación latente de las fuerzas armadas ante una Corte estadounidense. Se trató de que si no regresaban al exsecretario, la relación en materia de defensa, seguridad e inteligencia se vería seriamente lastimada sin posibilidades de resarcirse.

Exfuncionarios del mismo Departamento de Defensa manifestaron su extrañeza tras la detención por la forma como actuó la agencia antidrogas estadounidense contra uno de los militares mexicanos que mejoró los niveles de cooperación entre ambas dependencias.

El ultimátum colocó contra la pared a William Barr, titular del Departamento de Justicia, quien llegó a dudar de la solidez de las pruebas que la DEA aseguraba involucraban a Cienfuegos. Las dudas sobre el peso de las evidencias se mantendrán si en las semanas por venir la Fiscalía General de la República (FGR) confirma que no será sometido a proceso.

El general Cienfuegos podrá no ser molestado por las cámaras de los guardias aeroportuarios, pero la sospecha sobre su papel como secretario de la Defensa Nacional en el sexenio más corrupto de la historia contemporánea ya quedó marcada.

@velediaz424

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