/ jueves 28 de julio de 2022

No todos los maestros y doctores valen lo mismo

Tener un grado más allá de la licenciatura se ha considerado un privilegio, los indicadores educativos califican a los tenedores de una maestría o doctorado como todo un logro, sin embargo, hay que analizar con cuidado esta situación para evitar caer en una más de las simulaciones existentes en nuestro país.

Recuerdo cuando hace unas 3 décadas era muy poco común contar con un estudio después de la carrera, no se habían popularizado los posgrados y estos no solo eran ofertados limitadamente por pocas y grandes instituciones.

En México encontramos los primeros antecedentes en 1936, en la UNAM, teniendo como uno de los resultados la formalización del doctorado en Derecho, trece años después, pero aún estábamos muy lejos de la gran variedad, en calidad y programas, que vemos hoy.

No abundaremos en el caso de las licenciaturas, pero hay que señalar que hay una disparidad enorme entre estas, ya que encontramos programas pésimos y también las grandes currículas de las prestigiosas universidades privadas. Hay que decir que cursar una buena licenciatura es muy difícil de remplazar.

En el caso de los posgrados también existen grandes divergencias, por lo que al escuchar a alguien ostentarse como maestro o doctor hay que asumir que puede tratarse de alguien muy pobre en su formación o una persona sumamente preparada. Quizá suene poco democrático esto, pero no miento cuando afirmo que no valen lo mismo todos los posgrados, es más, afirmo que hay diferencias abismales, donde no existe siquiera comparación entre algunos y otros egresados de los diferentes programas.

En primer lugar, señalemos el prestigio de la universidad, evidentemente tenemos entre las buenas universidades privadas y públicas respecto a las llamadas “patito”, eso es más que obvio. También hay que ver la modalidad, ya que también no es un secreto que la educación a distancia aún está muy lejos de ser la mejor, no dudo que alguien que tenga auténtico interés pueda aprender frente a una computadora, pero la pandemia nos enseñó que las clases on line son inferiores que las presenciales. La duración y periodicidad es algo notable, existen planes de hasta 4 años y clases entre semana, así como lapsos de estudio de un año y solo el sábado, evidentemente no hay comparación.

Algo que resulta muy curioso es la masificación de algunos programas por parte de buenas universidades privadas, es decir, cobran colegiaturas substancialmente más baratas a personas que tienen una obligación laboral de estudiar un determinado posgrado, con lo cual encontramos programas deficientes. Pienso ahora en un egresado de licenciatura presencial de la UDLA, respecto a quien hizo su maestría en línea en esa misma universidad, el título menciona a la misma casa de estudios, pero la formación es muy diferente.

Algo que resulta sumamente importante es el fin del posgrado: la maestría se orienta principalmente a la docencia y el doctorado a la investigación, pero realmente ¿Quiénes de los que estudian realizan esas actividades? Tenemos el lamentable caso de las titulaciones de doctorados sin tesis, eso es una total contradicción y evidentemente dice mucho de la mediocridad de ese posgrado, lo cual también aplica a las maestrías. Hay que aclarar algo y pondré un ejemplo, hacer un posgrado en derecho no te hace mejor licenciado en derecho, te especializa para dar clases e investigar. Esto aplica a todas las carreras.

Es lamentable ver a los maestrandos o candidatos a doctores siendo incapaces de hacer un simple ensayo, es más, sin tener ortografía, pero lo más triste es ver a esos egresados sin haber realizado nunca alguna actividad propia de su grado académico.

En nuestro país los posgrados con más prestigio son aquellos avalados por el Programa Nacional de Posgrados de Calidad, pertenecientes al Conacyt. Quien sea egresado de uno de esos programas cumple con mayores requisitos y su formación innegablemente tiene más valor que la ofertada por otras instituciones.

Ahora bien, hay quien estudia solo para presumir el título y exigir que lo llamen por su grado y también quien realmente quiere aprender y ejercer la docencia y/o la investigación, cada quien es libre de hacer lo que quiera, pero lo importante es saber diferenciar la calidad en los grados en el ámbito laboral y, sobre todo, el académico, para así saber quién es un auténtico maestro y un auténtico doctor. Yo me quedo con los que al dar clases incentivan la curiosidad e infunden un espíritu crítico; a quienes publican textos interesantes, propositivos y en busca de solucionar problemas contemporáneos, dando comentarios fundados y críticos, a esos les reconozco su labor y son quienes mayores méritos tienen para ostentar un título de posgrado.

Dudas o comentarios: 22 25 64 75 05; vicente_leopoldo@hotmail.com; síganme en facebook por mi nombre y en twitter: @vicente_aven.

Tener un grado más allá de la licenciatura se ha considerado un privilegio, los indicadores educativos califican a los tenedores de una maestría o doctorado como todo un logro, sin embargo, hay que analizar con cuidado esta situación para evitar caer en una más de las simulaciones existentes en nuestro país.

Recuerdo cuando hace unas 3 décadas era muy poco común contar con un estudio después de la carrera, no se habían popularizado los posgrados y estos no solo eran ofertados limitadamente por pocas y grandes instituciones.

En México encontramos los primeros antecedentes en 1936, en la UNAM, teniendo como uno de los resultados la formalización del doctorado en Derecho, trece años después, pero aún estábamos muy lejos de la gran variedad, en calidad y programas, que vemos hoy.

No abundaremos en el caso de las licenciaturas, pero hay que señalar que hay una disparidad enorme entre estas, ya que encontramos programas pésimos y también las grandes currículas de las prestigiosas universidades privadas. Hay que decir que cursar una buena licenciatura es muy difícil de remplazar.

En el caso de los posgrados también existen grandes divergencias, por lo que al escuchar a alguien ostentarse como maestro o doctor hay que asumir que puede tratarse de alguien muy pobre en su formación o una persona sumamente preparada. Quizá suene poco democrático esto, pero no miento cuando afirmo que no valen lo mismo todos los posgrados, es más, afirmo que hay diferencias abismales, donde no existe siquiera comparación entre algunos y otros egresados de los diferentes programas.

En primer lugar, señalemos el prestigio de la universidad, evidentemente tenemos entre las buenas universidades privadas y públicas respecto a las llamadas “patito”, eso es más que obvio. También hay que ver la modalidad, ya que también no es un secreto que la educación a distancia aún está muy lejos de ser la mejor, no dudo que alguien que tenga auténtico interés pueda aprender frente a una computadora, pero la pandemia nos enseñó que las clases on line son inferiores que las presenciales. La duración y periodicidad es algo notable, existen planes de hasta 4 años y clases entre semana, así como lapsos de estudio de un año y solo el sábado, evidentemente no hay comparación.

Algo que resulta muy curioso es la masificación de algunos programas por parte de buenas universidades privadas, es decir, cobran colegiaturas substancialmente más baratas a personas que tienen una obligación laboral de estudiar un determinado posgrado, con lo cual encontramos programas deficientes. Pienso ahora en un egresado de licenciatura presencial de la UDLA, respecto a quien hizo su maestría en línea en esa misma universidad, el título menciona a la misma casa de estudios, pero la formación es muy diferente.

Algo que resulta sumamente importante es el fin del posgrado: la maestría se orienta principalmente a la docencia y el doctorado a la investigación, pero realmente ¿Quiénes de los que estudian realizan esas actividades? Tenemos el lamentable caso de las titulaciones de doctorados sin tesis, eso es una total contradicción y evidentemente dice mucho de la mediocridad de ese posgrado, lo cual también aplica a las maestrías. Hay que aclarar algo y pondré un ejemplo, hacer un posgrado en derecho no te hace mejor licenciado en derecho, te especializa para dar clases e investigar. Esto aplica a todas las carreras.

Es lamentable ver a los maestrandos o candidatos a doctores siendo incapaces de hacer un simple ensayo, es más, sin tener ortografía, pero lo más triste es ver a esos egresados sin haber realizado nunca alguna actividad propia de su grado académico.

En nuestro país los posgrados con más prestigio son aquellos avalados por el Programa Nacional de Posgrados de Calidad, pertenecientes al Conacyt. Quien sea egresado de uno de esos programas cumple con mayores requisitos y su formación innegablemente tiene más valor que la ofertada por otras instituciones.

Ahora bien, hay quien estudia solo para presumir el título y exigir que lo llamen por su grado y también quien realmente quiere aprender y ejercer la docencia y/o la investigación, cada quien es libre de hacer lo que quiera, pero lo importante es saber diferenciar la calidad en los grados en el ámbito laboral y, sobre todo, el académico, para así saber quién es un auténtico maestro y un auténtico doctor. Yo me quedo con los que al dar clases incentivan la curiosidad e infunden un espíritu crítico; a quienes publican textos interesantes, propositivos y en busca de solucionar problemas contemporáneos, dando comentarios fundados y críticos, a esos les reconozco su labor y son quienes mayores méritos tienen para ostentar un título de posgrado.

Dudas o comentarios: 22 25 64 75 05; vicente_leopoldo@hotmail.com; síganme en facebook por mi nombre y en twitter: @vicente_aven.