/ sábado 2 de enero de 2021

Perspectivas de la educación

Como cada año que arranca, el Gobierno Federal se confronta inevitablemente, con la pregunta de qué cosas debían cambiar y cuales podrían permanecer en el sector educativo.

La única vía sensata para responder era, desde luego, evaluar con los datos disponibles, así fuera de manera sucinta, los resultados de reformas a la educación Nacional.

En una sociedad abierta la educación de los niños le concierne a la sociedad entera y una reforma a la educación debe resultar de un proceso de deliberación en la esfera pública.

En un Estado de Derecho democrático los funcionarios no pueden convertir en razón de Estado ninguna teoría, enfoque o concepción pedagógica. Su función es otra: promover la justicia, la equidad, la pluralidad, la transparencia, el consenso.

Los asuntos públicos imponen obligaciones argumentativas a los funcionarios del Estado, a los investigadores, a los especialistas y a la opinión pública.

Tal como ocurre con las modas, la reforma curricular llanamente se anunció en el programa educativo de Gobierno. Nadie puede decir que fueron incapaces de argumentar el cambio y de presentar buenas razones para reformar el currículo, porque simplemente no se presentaron ninguna.

En lo educativo el pasado ha dejado de arrojar luz sobre el futuro, un pasado que tuvo que cambiar la forma de enseñar y entrar a las nuevas tecnologías. Al eliminar el diagnostico se eliminaron las posibilidades de obtener enseñanzas del pasado.

Acaso supongan que no existe aquello de lo no se habla, que el silencio preserva a la reforma de la crítica, o que el silencio es irrefutable. Acaso laste actuar sobre el prejuicio que repiten en reuniones y eventos: los problemas son conocidos, lo que requerimos son soluciones.

En una democracia el Gobierno tiene obligación de dar razones acerca de lo que hace y de lo que se propone hacer. Está obligado por razones de ética política, así como por la demanda de la oposición y presión de los investigadores, especialistas y de la opinión pública.

Hoy resulta claro que las reformas curriculares anteriores, al igual que las que se realizaron en décadas pasadas han tenido como objeto los enfoques de enseñanza y los de aprendizaje, los programas, los libros de textos, incluso la resolución editorial de los nuevos materiales, pero han resultado pocas sus estrategias de comunicación con los maestros y han dejado una sombra de poco avance en la educación.

Todavía se ha carecido de una propuesta sobre el cambio posible en la educación y de un planteamiento de evaluación acorde con el enfoque que se propongan.

No se pueden transformar las interacciones tradicionales en la educación. Sus promotores creyeron que la nueva explicación de cómo aprende el niño se podía convertir en acción dentro de la educación. Pero no consideraron la lógica y estructura de las prácticas y hábitos del maestro. Creyeron que los maestros podían transformar su quehacer tomando cursos donde tuvieran intercambio de experiencias de aprendizaje acorde con el nuevo enfoque, diseñaran planes de clases y secuencias didácticas.

Lo que ha faltado es la construcción del conocimiento de los niños, en base a una teoría de cambio posible en la educación y una adecuada motivación de los maestros en esa dirección.

*Doctor en Educación.

Como cada año que arranca, el Gobierno Federal se confronta inevitablemente, con la pregunta de qué cosas debían cambiar y cuales podrían permanecer en el sector educativo.

La única vía sensata para responder era, desde luego, evaluar con los datos disponibles, así fuera de manera sucinta, los resultados de reformas a la educación Nacional.

En una sociedad abierta la educación de los niños le concierne a la sociedad entera y una reforma a la educación debe resultar de un proceso de deliberación en la esfera pública.

En un Estado de Derecho democrático los funcionarios no pueden convertir en razón de Estado ninguna teoría, enfoque o concepción pedagógica. Su función es otra: promover la justicia, la equidad, la pluralidad, la transparencia, el consenso.

Los asuntos públicos imponen obligaciones argumentativas a los funcionarios del Estado, a los investigadores, a los especialistas y a la opinión pública.

Tal como ocurre con las modas, la reforma curricular llanamente se anunció en el programa educativo de Gobierno. Nadie puede decir que fueron incapaces de argumentar el cambio y de presentar buenas razones para reformar el currículo, porque simplemente no se presentaron ninguna.

En lo educativo el pasado ha dejado de arrojar luz sobre el futuro, un pasado que tuvo que cambiar la forma de enseñar y entrar a las nuevas tecnologías. Al eliminar el diagnostico se eliminaron las posibilidades de obtener enseñanzas del pasado.

Acaso supongan que no existe aquello de lo no se habla, que el silencio preserva a la reforma de la crítica, o que el silencio es irrefutable. Acaso laste actuar sobre el prejuicio que repiten en reuniones y eventos: los problemas son conocidos, lo que requerimos son soluciones.

En una democracia el Gobierno tiene obligación de dar razones acerca de lo que hace y de lo que se propone hacer. Está obligado por razones de ética política, así como por la demanda de la oposición y presión de los investigadores, especialistas y de la opinión pública.

Hoy resulta claro que las reformas curriculares anteriores, al igual que las que se realizaron en décadas pasadas han tenido como objeto los enfoques de enseñanza y los de aprendizaje, los programas, los libros de textos, incluso la resolución editorial de los nuevos materiales, pero han resultado pocas sus estrategias de comunicación con los maestros y han dejado una sombra de poco avance en la educación.

Todavía se ha carecido de una propuesta sobre el cambio posible en la educación y de un planteamiento de evaluación acorde con el enfoque que se propongan.

No se pueden transformar las interacciones tradicionales en la educación. Sus promotores creyeron que la nueva explicación de cómo aprende el niño se podía convertir en acción dentro de la educación. Pero no consideraron la lógica y estructura de las prácticas y hábitos del maestro. Creyeron que los maestros podían transformar su quehacer tomando cursos donde tuvieran intercambio de experiencias de aprendizaje acorde con el nuevo enfoque, diseñaran planes de clases y secuencias didácticas.

Lo que ha faltado es la construcción del conocimiento de los niños, en base a una teoría de cambio posible en la educación y una adecuada motivación de los maestros en esa dirección.

*Doctor en Educación.

ÚLTIMASCOLUMNAS
miércoles 13 de enero de 2021

Visión de un futuro

Abel Ayala Guerrero

lunes 02 de noviembre de 2020

El bachillerato desde casa

Actualmente los estudiantes de los bachilleratos están tomando sus clases desde sus casas por medio de la televisión, que se transmiten diario las diversas materias y presentan sus tareas - trabajos a sus profesores por medio de las redes sociales. El bachillerato surgió como estudios preparatorios para ingresar a las Escuelas de Altos Estudios; se iniciaron con la creación de la Escuela Nacional Preparatoria en la segunda mitad del siglo XIX, el día 3 de febrero de 1868, y posteriormente durante la época cardenista se crearon los estudios prevocacionales del Instituto Politécnico Nacional. Prácticamente un siglo después ante la polarización social y económica en México y el crecimiento de la demanda educativa se crearon el Colegio de Ciencias y Humanidades, el Colegio de Bachilleres y el Conalep, cada uno con proyectos educativos distintos. En consecuencia y ante la insuficiencia del gobierno para atender a esa demanda así como a falta de un proyecto nacional en la educación media superior, se gestó una gran diversidad en los estudios de bachillerato, con desarrollo desiguales en calidad y hasta en duración de los estudios al tiempo que se le dejó en un serio abandono presupuestal. En ese tenor, el problema no está en la diversidad como riqueza, sino en lo que se espera que sea un bachiller que se incorporara a los estudios de licenciatura y a la sociedad. Es decir, en la actualidad el bachillerato, visto de una manera sencilla, es un nivel educativo en el que habría de consolidarse la educación básica e iniciar la superior y debiera, al mismo tiempo, permitir a sus egresados un adecuado desempeño social, cultural y ciudadano, ya que para un elevado porcentaje de la población en edad de estudiar representa la última oportunidad de escolaridad. Además de la dispersión del nivel educativo, el cual tiene más de 25 subsistemas de distintas dimensiones, estructuras y formas de organización; en consecuencia, se han contabilizado más de 200 planes de estudios inconexos entre ellos. La educación media superior, todavía reconoce momentos críticos en cuanto a cobertura y calidad. Ingresan a los bachilleratos el 55 % de la población estudiantil que proviene de las escuelas secundarias. Se hacen esfuerzos para que mayor número de estudiantes ingresen en este nivel educativo. El bachillerato es el que posee la mayor deserción escolar y quien registra la menor eficiencia terminal y el abandono escolar se debe a factores económicos y a falta de interés por este ciclo educativo, la desmotivación académica y de orientación profesional. En un contexto más allá de nuestro país, a nivel mundial se han impulsado propuestas de cambio en materia educativa, algunas de las cuales han sido incorporadas por los bachilleratos con contenido de programas y proyectos. Algunas de las consideraciones más relevantes de esas propuestas de cambio son, por la situación actual que se está viviendo de la pandemia, diseñar nuevos escenarios sociales de información y de conocimiento que son elementos determinantes para el crecimiento y la transformación. Lo que la sociedad demanda de los bachilleratos no es transmitir gran cantidad de información, sino mejorar la calidad de los mismos; vista como la capacidad de entenderla, procesarla, seleccionarla, organizarla y transformarla en conocimientos. Doctor en Educación.

Abel Ayala Guerrero

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