/ viernes 26 de junio de 2020

Por el bien de México, gobernar para todos

En el año 1755 el Frances Jea-Jacques Rousseau escribió el “Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres”:

“Introdujéronse las intrigas, formáronse facciones, agriáronse las relaciones entre los partidos, las guerras civiles se encendieron y se sacrificó, en fin, la sangre de los ciudadanos en aras del pretendido bienestar del Estado, exponiéndose a caer de nuevo en la anarquía de los tiempos anteriores.

La ambición de los principales se aprovechó de estas circunstancias para…conceptuarse a sí mismos como propietarios del Estado, del cual no eran más que los servidores; y a llamarse ellos iguales a los dioses y reyes de los reyes”

Sirva el texto de este discurso, para darnos cuenta que a pesar del tiempo, y ahora de cara a la actual realidad, la forma de gobernar no ha cambiado mucho; sin embargo, no se puede negar el avance democrático, de los tres últimos lustros, donde se fortalecieron y se crearon nuevas instituciones en nuestro país.

Con la participación y aporte ciudadano, se crearon organismos, garantes que han permitido transparentar las acciones del gobierno en sus tres niveles, al tiempo de dar a conocer el actuar de los funcionarios públicos; para que la sociedad pueda acceder a información oportuna y clara, con apego a la legalidad y a la realidad, la cual pueda obtener con base en datos confiables que generan las propias instituciones públicas.

Sin embargo, ante los nulos resultados de como viene ejerciendo sus funciones el actual gobierno mexicano, el enojo e impotencia se ha hecho manifiesto en una gran parte de la sociedad; aunado al desdén o la antipatía del ejecutivo federal, hacia un gran número de mexicanos (clase media, empresarios, científico, críticos, periodistas, etc,), que no los ve ni los escucha y, donde al parecer su prioridad y preocupación se encuentra en las elecciones del próximo año.

Pues si bien la pandemia que viene precedida por la crisis económica, de la cual empezamos a notar sus efectos, no es culpa de la actual administración, si presenta una nueva oportunidad para el ejecutivo federal, de unir a la sociedad mexicana, situación que seguimos esperando; que el presidente López Obrador rectifique, corrija el rumbo y gobierne para todos los mexicanos.

Las acciones de la administración federal deben centrarse en establecer y operar políticas públicas que logren detener el deterioro económico que nos afectara a todos los mexicanos, mediante acciones claras y contundentes; que prioricen y controlen la inseguridad, el desempleo y fortalezcan el sistema de salud.

Es importante señalar que la fortaleza del país recae en sus instituciones, es cierto que las crisis presentan una nueva realidad política, económica y social que condicionan los márgenes de actuación, pero también impone la necesidad de revisar y explorar los grados de libertad para enfrentarlas, dando prioridad a la anhelada justicia social.

Es evidente que en el caso de México la crisis se combina con una incapacidad prácticamente estructural para crecer. La actividad económica en México se expande a niveles inferiores a su crecimiento potencial, sobre todo, debido al amplio rezago respecto a las necesidades de una población que está inmersa en un profundo cambio demográfico y que mantiene niveles de pobreza y desigualdad no tolerables, que por décadas no han sido atendidas.

Y ante la difícil situación por la que atravesamos una gran mayoría de mexicanos, para hacerse escuchar, se manifiesta ante la insensibilidad del ejecutivo federal, para que su demanda social sea escuchada y atendida aún y a pesar de poner en riesgo su propia salud, debido a la actual contingencia epidemiológica.

Por el bien de México, la atención y preocupación del Gobierno de la República, debe ser para la totalidad de sus habitantes.

Sus comentarios jrobertofl@hotmail.com

En el año 1755 el Frances Jea-Jacques Rousseau escribió el “Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres”:

“Introdujéronse las intrigas, formáronse facciones, agriáronse las relaciones entre los partidos, las guerras civiles se encendieron y se sacrificó, en fin, la sangre de los ciudadanos en aras del pretendido bienestar del Estado, exponiéndose a caer de nuevo en la anarquía de los tiempos anteriores.

La ambición de los principales se aprovechó de estas circunstancias para…conceptuarse a sí mismos como propietarios del Estado, del cual no eran más que los servidores; y a llamarse ellos iguales a los dioses y reyes de los reyes”

Sirva el texto de este discurso, para darnos cuenta que a pesar del tiempo, y ahora de cara a la actual realidad, la forma de gobernar no ha cambiado mucho; sin embargo, no se puede negar el avance democrático, de los tres últimos lustros, donde se fortalecieron y se crearon nuevas instituciones en nuestro país.

Con la participación y aporte ciudadano, se crearon organismos, garantes que han permitido transparentar las acciones del gobierno en sus tres niveles, al tiempo de dar a conocer el actuar de los funcionarios públicos; para que la sociedad pueda acceder a información oportuna y clara, con apego a la legalidad y a la realidad, la cual pueda obtener con base en datos confiables que generan las propias instituciones públicas.

Sin embargo, ante los nulos resultados de como viene ejerciendo sus funciones el actual gobierno mexicano, el enojo e impotencia se ha hecho manifiesto en una gran parte de la sociedad; aunado al desdén o la antipatía del ejecutivo federal, hacia un gran número de mexicanos (clase media, empresarios, científico, críticos, periodistas, etc,), que no los ve ni los escucha y, donde al parecer su prioridad y preocupación se encuentra en las elecciones del próximo año.

Pues si bien la pandemia que viene precedida por la crisis económica, de la cual empezamos a notar sus efectos, no es culpa de la actual administración, si presenta una nueva oportunidad para el ejecutivo federal, de unir a la sociedad mexicana, situación que seguimos esperando; que el presidente López Obrador rectifique, corrija el rumbo y gobierne para todos los mexicanos.

Las acciones de la administración federal deben centrarse en establecer y operar políticas públicas que logren detener el deterioro económico que nos afectara a todos los mexicanos, mediante acciones claras y contundentes; que prioricen y controlen la inseguridad, el desempleo y fortalezcan el sistema de salud.

Es importante señalar que la fortaleza del país recae en sus instituciones, es cierto que las crisis presentan una nueva realidad política, económica y social que condicionan los márgenes de actuación, pero también impone la necesidad de revisar y explorar los grados de libertad para enfrentarlas, dando prioridad a la anhelada justicia social.

Es evidente que en el caso de México la crisis se combina con una incapacidad prácticamente estructural para crecer. La actividad económica en México se expande a niveles inferiores a su crecimiento potencial, sobre todo, debido al amplio rezago respecto a las necesidades de una población que está inmersa en un profundo cambio demográfico y que mantiene niveles de pobreza y desigualdad no tolerables, que por décadas no han sido atendidas.

Y ante la difícil situación por la que atravesamos una gran mayoría de mexicanos, para hacerse escuchar, se manifiesta ante la insensibilidad del ejecutivo federal, para que su demanda social sea escuchada y atendida aún y a pesar de poner en riesgo su propia salud, debido a la actual contingencia epidemiológica.

Por el bien de México, la atención y preocupación del Gobierno de la República, debe ser para la totalidad de sus habitantes.

Sus comentarios jrobertofl@hotmail.com