/ viernes 16 de noviembre de 2018

Retrospectiva (Segunda parte)

En aquella época de los años cuarenta, la mejor instrucción en Puebla para niños y jóvenes se impartía en el Colegio Benavente, de formación Lasallista. Ahí estudié la primaria, secundaria y preparatoria. Ahí, primero en la Cinco de Mayo y 10 Oriente, y luego en la 25 Oriente y 2 Sur me expandí en conocimientos y aptitudes. Fue una época hermosa, plena de amor y de vivencias que llevo tatuadas en el alma y en el corazón; desde Miss Reyes, de la cual me enamoré por primera vez, pasando por el profesor Morgas y don Sergio Flores, hasta don Luis Garza, el maestro Narro, el maestro Miguelito López y González Pacheco, y el inolvidable maestro Bulbulian; y los directores, el señor Martínez (el taco) y el señor Muñoz (la bruja). Fue una secuencia orquestada de actos de amor y de agradecimiento que me formaron en valores y en conocimientos, que han sido mi sostén en todo este tiempo.

Pero nada es lineal y perfecto, dijera Tahilard de Chardin. Estaba ya en segundo de preparatoria, disputándome siempre los primeros lugares tanto en oratoria como en el grupo con mi inolvidable y recordado Jaime Álvarez Soberanis, “el güero”, que en paz descanse, quien llegó a ser director de Transferencia de Tecnología de la Secretaría de Comercio, y con Ricardo Gibert Herrera, originario de Tijuana. Dirigí la Revista “Stella”, órgano oficial del Colegio y fundé el programa de radio “El Benavente en la Cultura”, en la estación XEPA, que estaba en la planta alta del cine Puebla, frente a la Iglesia La Concordia, siendo mi operador Sergio Tinoco, de Orizaba, patrocinado por el ingeniero don Luis Regordosa, concesionario de la Pepsi Cola en Puebla, padre de mi querido amigo y compañero Luis Regordosa Valenciana. En el año 1959, gané el concurso interestatal de oratoria, el campeonato de declamación del Colegio y era el comandante de la Tercera Compañía en prácticas militares. Pues bien, todo esto despertó envidias y celos… y nunca me imaginé a qué grado. Era impensable para algunos hijos de familias favorecidas por la fortuna o bien de ascendencia criolla, que un “mestizo” del barrio de La Merced, sin pertenecer a su clase social les disputara el poder y la preferencia de la Dirección del Colegio. Y así se fraguó la artera agresión en mi contra, desde luego inteligente y subrepticiamente.

Corría el año de 1961, la Universidad Autónoma de Puebla se convulsionaba por una pugna ideológica que la desmembraba. El Frente Universitario Anticomunista (FUA) que dominaba las facultades técnicas de la Universidad y la Rectoría con el licenciado Guerra Fernández, fue confrontado abierta y airadamente por estudiantes de las facultades de Derecho y de Medicina, principalmente, iniciándose una escalada de violencia que rebasó los muros universitarios llegando hasta las calles, casas e iglesias de Puebla, polarizando como nunca a sus pobladores. Los “Fúas” y los “Carolinos” eran el sincretismo de esa división: los hijos de los ricos y los hijos de los pobres, los que venían de escuelas privadas principalmente católicas y los que venían de preparatorias del Estado. La lógica hacía pensar que yo estaba con los primeros, pero no, yo no era hijo de ricos, nunca pertenecí al Frente Universitario Anticomunista, nunca comulgué con su doble moral egoísta y cristiana; y además, mis amigos en la Universidad y en la Facultad de Derecho fueron por coincidencia quienes lideraron el movimiento Carolino: Erasmo Pérez Córdoba, Zito Vera, que en paz descanse, Guillermo Cabrera Barroso, Antonio Oropeza Hernández, que era el presidente de la Sociedad de Alumnos de Derecho y otros más, a quienes se les endilgó el mote de “comunistas”… que también “me salpicó”.

Gracias Puebla, continuaré la próxima semana. Mientras tanto, escúchame mañana a las 9 hrs. en mi programa “CONVERSACIONES”, en ABC Radio, 12.80 de AM, y recuerda: “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

En aquella época de los años cuarenta, la mejor instrucción en Puebla para niños y jóvenes se impartía en el Colegio Benavente, de formación Lasallista. Ahí estudié la primaria, secundaria y preparatoria. Ahí, primero en la Cinco de Mayo y 10 Oriente, y luego en la 25 Oriente y 2 Sur me expandí en conocimientos y aptitudes. Fue una época hermosa, plena de amor y de vivencias que llevo tatuadas en el alma y en el corazón; desde Miss Reyes, de la cual me enamoré por primera vez, pasando por el profesor Morgas y don Sergio Flores, hasta don Luis Garza, el maestro Narro, el maestro Miguelito López y González Pacheco, y el inolvidable maestro Bulbulian; y los directores, el señor Martínez (el taco) y el señor Muñoz (la bruja). Fue una secuencia orquestada de actos de amor y de agradecimiento que me formaron en valores y en conocimientos, que han sido mi sostén en todo este tiempo.

Pero nada es lineal y perfecto, dijera Tahilard de Chardin. Estaba ya en segundo de preparatoria, disputándome siempre los primeros lugares tanto en oratoria como en el grupo con mi inolvidable y recordado Jaime Álvarez Soberanis, “el güero”, que en paz descanse, quien llegó a ser director de Transferencia de Tecnología de la Secretaría de Comercio, y con Ricardo Gibert Herrera, originario de Tijuana. Dirigí la Revista “Stella”, órgano oficial del Colegio y fundé el programa de radio “El Benavente en la Cultura”, en la estación XEPA, que estaba en la planta alta del cine Puebla, frente a la Iglesia La Concordia, siendo mi operador Sergio Tinoco, de Orizaba, patrocinado por el ingeniero don Luis Regordosa, concesionario de la Pepsi Cola en Puebla, padre de mi querido amigo y compañero Luis Regordosa Valenciana. En el año 1959, gané el concurso interestatal de oratoria, el campeonato de declamación del Colegio y era el comandante de la Tercera Compañía en prácticas militares. Pues bien, todo esto despertó envidias y celos… y nunca me imaginé a qué grado. Era impensable para algunos hijos de familias favorecidas por la fortuna o bien de ascendencia criolla, que un “mestizo” del barrio de La Merced, sin pertenecer a su clase social les disputara el poder y la preferencia de la Dirección del Colegio. Y así se fraguó la artera agresión en mi contra, desde luego inteligente y subrepticiamente.

Corría el año de 1961, la Universidad Autónoma de Puebla se convulsionaba por una pugna ideológica que la desmembraba. El Frente Universitario Anticomunista (FUA) que dominaba las facultades técnicas de la Universidad y la Rectoría con el licenciado Guerra Fernández, fue confrontado abierta y airadamente por estudiantes de las facultades de Derecho y de Medicina, principalmente, iniciándose una escalada de violencia que rebasó los muros universitarios llegando hasta las calles, casas e iglesias de Puebla, polarizando como nunca a sus pobladores. Los “Fúas” y los “Carolinos” eran el sincretismo de esa división: los hijos de los ricos y los hijos de los pobres, los que venían de escuelas privadas principalmente católicas y los que venían de preparatorias del Estado. La lógica hacía pensar que yo estaba con los primeros, pero no, yo no era hijo de ricos, nunca pertenecí al Frente Universitario Anticomunista, nunca comulgué con su doble moral egoísta y cristiana; y además, mis amigos en la Universidad y en la Facultad de Derecho fueron por coincidencia quienes lideraron el movimiento Carolino: Erasmo Pérez Córdoba, Zito Vera, que en paz descanse, Guillermo Cabrera Barroso, Antonio Oropeza Hernández, que era el presidente de la Sociedad de Alumnos de Derecho y otros más, a quienes se les endilgó el mote de “comunistas”… que también “me salpicó”.

Gracias Puebla, continuaré la próxima semana. Mientras tanto, escúchame mañana a las 9 hrs. en mi programa “CONVERSACIONES”, en ABC Radio, 12.80 de AM, y recuerda: “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

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