/ viernes 23 de noviembre de 2018

Superdelegados

Pésele a quien le pese y aunque los gobernadores hagan muecas, ayer el Senado de la República aprobó la reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, que crea la figura de los superdelegados y reacomoda funciones de las secretarías.

Con 72 votos a favor y 46 en contra, el Pleno de la Cámara Alta aprobó en lo general y los artículos no reservados el proyecto de decreto.
Por lo pronto, el PAN en el Senado y su nuevo coordinador, Rafael Moreno Valle, anunciaron que presentarán una acción de inconstitucionalidad en contra de la figura de los superdelegados.
La fracción de los senadores azules comunicó al Pleno de la Cámara su decisión de impugnar la figura al calor del debate relacionado con la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, que Morena sacó adelante gracias a su mayoría.

Pero ¿de qué trata esta ley de la Administración Pública Federal? ¿Es un traje a la medida para la gestión de López Obrador, que arranca el uno de diciembre? ¿A quién afecta y a quiénes beneficia?

El dictamen por el que se reforman, adicionan y derogan disposiciones a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal (http://gaceta.diputados.gob.mx/PDF/64/2018/nov/20181113-III.pdf) está a disposición de quien desee consultarlo.

A continuación, un resumen de lo más importante de la nueva ley. Entre las reformas que más resaltan se encuentran las siguientes:

1. Se ponen candados para detener la corrupción de los gobernadores al desaparecer las delegaciones de todas y cada una de las secretarías de Estado, cuyos delegados eran designados por cada uno de los respectivos mandatarios para el manejo complaciente de los recursos federales con más de 2 mil 300 oficinas o dependencias con cargas burocráticas.

Ahora habrá una sola delegación de Programas para el Desarrollo en cada estado, la que será el enlace de la Federación con el gobierno local y por cada secretaría de Estado habrá dentro de la dependencia en los estados solo una oficina de representación.

2. Para parar la corrupción de los secretarios de Estado, desaparecen las direcciones de compras de cada secretaría. Ahora las compras de todas las dependencias federales se realizarán por la Secretaría de Hacienda con descuentos de volumen.

3. Desaparecen las Oficialías Mayores de las secretarías de Estado, las cuales manejaban los recursos de cada dependencia. Ahora se centralizan en Hacienda y Crédito Público.

4. Los secretarios ya no nombrarán a complacencia a los Órganos Internos de Control dentro de sus respectivas secretarías, los cuales dependen de la función pública, pues los encargados de denunciar la corrupción solo encubrían al secretario.

5. La prioridad número uno es la Seguridad.

Se quita esa subsecretaría a Gobernación y se crea la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. En ella se concentran las seguridades Pública, Interior y Nacional, antes en SEGOB. Todos los días se reunirá el gabinete de Seguridad, conformado por las secretarías de Gobernación, Defensa, Marina, Seguridad y Fiscal General, coordinados personalmente por el presidente (evitando así los pleitos por el poder que se daban entre los diversos titulares).

6. Todas las direcciones jurídicas de cada secretaría se coordinarán con la Consejería Jurídica de la Presidencia para que no encubran a los secretarios y se uniformen acciones legales.

7. Se adelgaza la Administración Federal en mandos medios y altos.

Se quitan todas las Direcciones Generales Adjuntas que creó Felipe Calderón y se eliminan áreas duplicadas.

8. En la Secretaría de Energía se sectorizan los Órganos Reguladores en materia energética para un mejor control en la materia, lo que ya se empieza a criticar por los que defienden la autonomía de Pemex y CFE, donde se dio la corrupción más emblemática de la actual administración.

9. La secretaría de Gobernación queda como Coordinadora General de todos los entes federales.

Esta nueva estructura pretende ser eficiente y evitar los gastos excesivos en la burocracia, restándole facultades de facto a los gobernadores y concentrando recursos, compras y poder.

Los recortes presupuestales para los estados están a la vista y los superdelegados, también.


De las anécdotas que se cuentan

Ahora que el Estado Mayor Presidencial retiró el miércoles pasado vigilancia y choferes a secretarios de Estado, subsecretarios y directores generales del Gobierno Federal y sus familias, empezando por el presidente Enrique Peña Nieto, volverán muchos a pisar las banquetas y a vivir como la inmensa mayoría de los mexicanos.

En febrero de 1981 el influyente secretario particular del poderoso secretario general de Gobierno de la administración del doctor Alfredo Toxqui, don Carlos Trujillo Pérez, confesó que no se acostumbraba a perder el puesto y todo lo que significaba.

No se trataba solo de dinero y privilegios: para el entrañable abogado Luis Rodríguez Verdín eran las formas.

“Bueno, hasta extraño que en la guardia de Palacio de Gobierno los policías se me cuadren”, confiaba.

No más choferes y guardaespaldas ni privilegios para la aristocracia burocrática federal.

Eso se acabó.

Dicen.

fcrisanto00@yahoo.com.mx

fcrisanto@radiooro.com.mx

Twitter @fercrisanto

Facebook: Fernando Alberto Crisanto

Pésele a quien le pese y aunque los gobernadores hagan muecas, ayer el Senado de la República aprobó la reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, que crea la figura de los superdelegados y reacomoda funciones de las secretarías.

Con 72 votos a favor y 46 en contra, el Pleno de la Cámara Alta aprobó en lo general y los artículos no reservados el proyecto de decreto.
Por lo pronto, el PAN en el Senado y su nuevo coordinador, Rafael Moreno Valle, anunciaron que presentarán una acción de inconstitucionalidad en contra de la figura de los superdelegados.
La fracción de los senadores azules comunicó al Pleno de la Cámara su decisión de impugnar la figura al calor del debate relacionado con la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, que Morena sacó adelante gracias a su mayoría.

Pero ¿de qué trata esta ley de la Administración Pública Federal? ¿Es un traje a la medida para la gestión de López Obrador, que arranca el uno de diciembre? ¿A quién afecta y a quiénes beneficia?

El dictamen por el que se reforman, adicionan y derogan disposiciones a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal (http://gaceta.diputados.gob.mx/PDF/64/2018/nov/20181113-III.pdf) está a disposición de quien desee consultarlo.

A continuación, un resumen de lo más importante de la nueva ley. Entre las reformas que más resaltan se encuentran las siguientes:

1. Se ponen candados para detener la corrupción de los gobernadores al desaparecer las delegaciones de todas y cada una de las secretarías de Estado, cuyos delegados eran designados por cada uno de los respectivos mandatarios para el manejo complaciente de los recursos federales con más de 2 mil 300 oficinas o dependencias con cargas burocráticas.

Ahora habrá una sola delegación de Programas para el Desarrollo en cada estado, la que será el enlace de la Federación con el gobierno local y por cada secretaría de Estado habrá dentro de la dependencia en los estados solo una oficina de representación.

2. Para parar la corrupción de los secretarios de Estado, desaparecen las direcciones de compras de cada secretaría. Ahora las compras de todas las dependencias federales se realizarán por la Secretaría de Hacienda con descuentos de volumen.

3. Desaparecen las Oficialías Mayores de las secretarías de Estado, las cuales manejaban los recursos de cada dependencia. Ahora se centralizan en Hacienda y Crédito Público.

4. Los secretarios ya no nombrarán a complacencia a los Órganos Internos de Control dentro de sus respectivas secretarías, los cuales dependen de la función pública, pues los encargados de denunciar la corrupción solo encubrían al secretario.

5. La prioridad número uno es la Seguridad.

Se quita esa subsecretaría a Gobernación y se crea la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. En ella se concentran las seguridades Pública, Interior y Nacional, antes en SEGOB. Todos los días se reunirá el gabinete de Seguridad, conformado por las secretarías de Gobernación, Defensa, Marina, Seguridad y Fiscal General, coordinados personalmente por el presidente (evitando así los pleitos por el poder que se daban entre los diversos titulares).

6. Todas las direcciones jurídicas de cada secretaría se coordinarán con la Consejería Jurídica de la Presidencia para que no encubran a los secretarios y se uniformen acciones legales.

7. Se adelgaza la Administración Federal en mandos medios y altos.

Se quitan todas las Direcciones Generales Adjuntas que creó Felipe Calderón y se eliminan áreas duplicadas.

8. En la Secretaría de Energía se sectorizan los Órganos Reguladores en materia energética para un mejor control en la materia, lo que ya se empieza a criticar por los que defienden la autonomía de Pemex y CFE, donde se dio la corrupción más emblemática de la actual administración.

9. La secretaría de Gobernación queda como Coordinadora General de todos los entes federales.

Esta nueva estructura pretende ser eficiente y evitar los gastos excesivos en la burocracia, restándole facultades de facto a los gobernadores y concentrando recursos, compras y poder.

Los recortes presupuestales para los estados están a la vista y los superdelegados, también.


De las anécdotas que se cuentan

Ahora que el Estado Mayor Presidencial retiró el miércoles pasado vigilancia y choferes a secretarios de Estado, subsecretarios y directores generales del Gobierno Federal y sus familias, empezando por el presidente Enrique Peña Nieto, volverán muchos a pisar las banquetas y a vivir como la inmensa mayoría de los mexicanos.

En febrero de 1981 el influyente secretario particular del poderoso secretario general de Gobierno de la administración del doctor Alfredo Toxqui, don Carlos Trujillo Pérez, confesó que no se acostumbraba a perder el puesto y todo lo que significaba.

No se trataba solo de dinero y privilegios: para el entrañable abogado Luis Rodríguez Verdín eran las formas.

“Bueno, hasta extraño que en la guardia de Palacio de Gobierno los policías se me cuadren”, confiaba.

No más choferes y guardaespaldas ni privilegios para la aristocracia burocrática federal.

Eso se acabó.

Dicen.

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