/ miércoles 18 de marzo de 2020

Tras la población estudiantil de Puebla se vislumbran grandes cambios

“Después de escalar una montaña muy alta, descubrimos que hay muchas otras montañas por escalar”

Nelson Mandela

Desde el 5 de marzo pasado han transcurrido trece días. Al parecer, después del diálogo a la sazón de la multitudinaria marcha queda mucho por hacer si bien, hay una ruta que puede marcar una diferencia sustantiva. A propósito, en el artículo anterior tuve un lapsus mentis, porque la cifra que recibí de los organizadores, fue de 150 mil y no 250 mil; asumo mi craso error involuntario.

De la propia marcha como medida de presión física y psicológica se pueden tener muchas lecturas; no obstante, la medular fue que ganó la sensatez, la cordura e inteligencia de ambos sectores directamente involucrados (estudiantes y gobierno).

Por los estudiantes el orden y organización, así como la auto seguridad contra posibles brotes de saboteo e incluso el cuidado de no dejar basura en el recorrido y pos marcha, dio una gran muestra de responsabilidad cívica. Igual el gobierno fue inteligente al permitir el desplazamiento de la marcha-protesta hasta el logro del diálogo por los acuerdos. Aunque vi cierta hostilidad policial o error al meter una patrulla en medio de los estudiantes; ellos abrieron paso sin caer en provocación.

También observé en tres puntos (zócalo, Carolino y frente a Casa Aguayo) la intentona fallida de minúsculos provocadores que con volantes dejaron mensajes de corte ideológicos de ultraizquierda invitando a acciones subversivas, pero no tuvieron cabida. Uno que otro se cubrieron la cara y fueron invitados a descubrirse si querían permanecer en la marcha. Aquellos que vieron la oportunidad como caldo de cultivo para irse contra el gobierno, fueron inhibidos, así como toda posibilidad de confusión de objetivos.

Sin embargo, aunque sostengo que ganó la prudencia e inteligencia no puede quedar la marcha bajo el paraguas de ejemplo de civismo estudiantil y ciudadano. Los puntos contendidos en el pliego petitorio, requieren de un plan táctico-estratégico a corto, mediano y largo plazo.

Quedarse al fragor de una reunión tipo bona fide (de buena fe) o de buenas intenciones equivaldría a un globo de aire que puede reventar y, -por lo menos los sensatos- no queremos que tal cosa suceda porque la sociedad está muy lastimada y sería un riesgo innecesario e irresponsable si no se actúa con claridad y resultados concretos.

Hay que ser cautos para no permitir el avance de quienes buscaban y buscan una oportunidad de tierra y lodo para ensuciar el movimiento y lograr su objetivo de revuelta. Pues una cosa son las demandas de auténticas aspiraciones por una mejor sociedad y otra es caer en los fanatismos exacerbados producto de polarizaciones sociales y luchas de clases.

No obstante, el Comité Estudiantil Interuniversitario de Puebla (CEIP) no puede fallarse así mismo dejando que las cosas sigan el curso de una cotidianidad indeseada. Es necesario que si el gobierno no da cuentas claras sobre qué se hace, cuándo, cómo, dónde e incluso cuánto, que ellos, los del CEIP, exijan resultados de los avances y que sean dados a conocer, porque requerimos sentirnos seguros.

Sabemos que nada se puede resolver de la noche a la mañana. Yo mismo le he preguntado a muchos ¿cómo creen que la situación de la inseguridad puede resolverse? Y nadie encuentra la fórmula mágica. Yo tampoco tengo la respuesta. Por lo que hay que ser pacientes, pero no cruzarse de brazos ni dejar que se duerma el movimiento, sin que signifique salir a la calle a cada rato. Pues no se trata de tal cosa, sí de enterrar la permisividad delictiva de las autoridades. ¿Le suena?

“Después de escalar una montaña muy alta, descubrimos que hay muchas otras montañas por escalar”

Nelson Mandela

Desde el 5 de marzo pasado han transcurrido trece días. Al parecer, después del diálogo a la sazón de la multitudinaria marcha queda mucho por hacer si bien, hay una ruta que puede marcar una diferencia sustantiva. A propósito, en el artículo anterior tuve un lapsus mentis, porque la cifra que recibí de los organizadores, fue de 150 mil y no 250 mil; asumo mi craso error involuntario.

De la propia marcha como medida de presión física y psicológica se pueden tener muchas lecturas; no obstante, la medular fue que ganó la sensatez, la cordura e inteligencia de ambos sectores directamente involucrados (estudiantes y gobierno).

Por los estudiantes el orden y organización, así como la auto seguridad contra posibles brotes de saboteo e incluso el cuidado de no dejar basura en el recorrido y pos marcha, dio una gran muestra de responsabilidad cívica. Igual el gobierno fue inteligente al permitir el desplazamiento de la marcha-protesta hasta el logro del diálogo por los acuerdos. Aunque vi cierta hostilidad policial o error al meter una patrulla en medio de los estudiantes; ellos abrieron paso sin caer en provocación.

También observé en tres puntos (zócalo, Carolino y frente a Casa Aguayo) la intentona fallida de minúsculos provocadores que con volantes dejaron mensajes de corte ideológicos de ultraizquierda invitando a acciones subversivas, pero no tuvieron cabida. Uno que otro se cubrieron la cara y fueron invitados a descubrirse si querían permanecer en la marcha. Aquellos que vieron la oportunidad como caldo de cultivo para irse contra el gobierno, fueron inhibidos, así como toda posibilidad de confusión de objetivos.

Sin embargo, aunque sostengo que ganó la prudencia e inteligencia no puede quedar la marcha bajo el paraguas de ejemplo de civismo estudiantil y ciudadano. Los puntos contendidos en el pliego petitorio, requieren de un plan táctico-estratégico a corto, mediano y largo plazo.

Quedarse al fragor de una reunión tipo bona fide (de buena fe) o de buenas intenciones equivaldría a un globo de aire que puede reventar y, -por lo menos los sensatos- no queremos que tal cosa suceda porque la sociedad está muy lastimada y sería un riesgo innecesario e irresponsable si no se actúa con claridad y resultados concretos.

Hay que ser cautos para no permitir el avance de quienes buscaban y buscan una oportunidad de tierra y lodo para ensuciar el movimiento y lograr su objetivo de revuelta. Pues una cosa son las demandas de auténticas aspiraciones por una mejor sociedad y otra es caer en los fanatismos exacerbados producto de polarizaciones sociales y luchas de clases.

No obstante, el Comité Estudiantil Interuniversitario de Puebla (CEIP) no puede fallarse así mismo dejando que las cosas sigan el curso de una cotidianidad indeseada. Es necesario que si el gobierno no da cuentas claras sobre qué se hace, cuándo, cómo, dónde e incluso cuánto, que ellos, los del CEIP, exijan resultados de los avances y que sean dados a conocer, porque requerimos sentirnos seguros.

Sabemos que nada se puede resolver de la noche a la mañana. Yo mismo le he preguntado a muchos ¿cómo creen que la situación de la inseguridad puede resolverse? Y nadie encuentra la fórmula mágica. Yo tampoco tengo la respuesta. Por lo que hay que ser pacientes, pero no cruzarse de brazos ni dejar que se duerma el movimiento, sin que signifique salir a la calle a cada rato. Pues no se trata de tal cosa, sí de enterrar la permisividad delictiva de las autoridades. ¿Le suena?

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