/ miércoles 7 de agosto de 2019

Una ciudad para disfrutar

En el tratado Política expone Aristóteles sus teorías acerca de la ciudad, con el deliberado intento de que ellas permitan el desarrollo de la vida espiritual hacia la virtud, como posibilidad para conseguir en una meta final la felicidad del individuo; todo ello en "provecho de la comunidad". Estos hombres perfeccionados serán los que habiten su ciudad ideal, concebida como "la comunidad de familias y aldeas en una vida perfecta y suficiente", lo que a "juicio" de Aristóteles representa "la vida feliz y buena"; y describe las "condiciones ideales" que, según él, deberá reunir aquella ciudad, "ninguna de las cuales", añade, son imposibles de alcanzar.

Así como en el sentido aristotélico se busca que las ciudades permitan lograr la felicidad del individuo, es necesario poner medios desde todas las trincheras para hacer que nuestras ciudades sean más habitables, pues se trata del bien superior por el que todos tenemos que ver y exigirle de manera especial al gobierno que haga la parte que le corresponde.

La ciudad es la casa común de todos los que en ella habitamos. En la medida en que está bien planeada, diseñada y administrada es en la medida en que sus habitantes nos sentimos más seguros, confiados y contentos de disfrutarla. Por el contrario, en la medida en que hay caos, inseguridad y desorden, es en la medida en que nos estresa y hace más ineficiente y caótico nuestro día a día. De ahí que desde todos los tiempos siempre se ha procurado dotar ese espacio común que es la ciudad, de los elementos necesarios para el mejor desarrollo de las personas. Sin embargo, muchas son las veces, en las que el descuido, la improvisación, el desorden, la corrupción y la ineficiencia prevalecen.

Una de las características que ONU HABITAT está considerando en el desarrollo moderno de las ciudades es como convertir la ciudad en un espacio para caminar. Se apoya en el libro del arquitecto y urbanista Jan Gehl. Las calles deben invitar a caminar. Una ciudad caminable es una ciudad vital, sostenible, sana y segura. Sin embargo, aunque alentar a las personas a caminar es todo un reto, la buena planificación urbana es determinante para influir en los patrones de uso y comportamiento en la ciudad. Algunos de los principales beneficios de impulsar esta política, tienen que ver con que la economía y el medio ambiente se benefician cada vez que una persona circula caminando o con una bicicleta para realizar sus actividades diarias. Se reduce el consumo de combustibles, se limitan las emisiones de carbono y disminuyen los niveles de ruido. El caminar también genera más interacción entre los habitantes de la ciudad y esto a su vez genera cadenas virtuosas de convivencia. Para ello, es indispensable que la autoridad invierta en infraestrucutra adecuada y genere condiciones de seguridad y comodidad para los peatones. Es decir, cualquier recorrido a pie o en bicicleta, además de ser cómodo y placentero, tiene que ser seguro. Plantar árboles, ensanchar las veredas, iluminar las calles, son características básicas que deben mejorar en el espacio público de nuestra ciudad. Esto va de la mano con mejorar el mobiliario urbano.

En su libro ciudades para la Gente, Gehl propone lo que se debe adoptar y adaptar para que una ciudad pueda desde la escala humana, cubrir las principales necesidades de sus habitantes. Plantea también que el diseño del espacio determina el desarrollo de una ciudad, y la calidad de vida de sus habitantes; “Primero moldeamos a las ciudades — y luego ellas nos moldean a nosotros.” Esta aseveración es sumamente poderosa, no solo porque establece la necesidad de diseñar proyectos urbanos empezando por la escala humana, sino porque retorna la potestad y la responsabilidad de la construcción de nuestras ciudades al individuo. A ti, y a mí.

Por ello, hago votos para que nuestras autoridades de los 3 niveles de gobierno tomen en cuenta a la persona para el diseño, planeación, organización ejecución de políticas públicas relacionadas con el espacio público y la infraestructura urbana, pues con ellos estaremos garantizando una mejor calidad de vida para los que aquí habitamos.

En el tratado Política expone Aristóteles sus teorías acerca de la ciudad, con el deliberado intento de que ellas permitan el desarrollo de la vida espiritual hacia la virtud, como posibilidad para conseguir en una meta final la felicidad del individuo; todo ello en "provecho de la comunidad". Estos hombres perfeccionados serán los que habiten su ciudad ideal, concebida como "la comunidad de familias y aldeas en una vida perfecta y suficiente", lo que a "juicio" de Aristóteles representa "la vida feliz y buena"; y describe las "condiciones ideales" que, según él, deberá reunir aquella ciudad, "ninguna de las cuales", añade, son imposibles de alcanzar.

Así como en el sentido aristotélico se busca que las ciudades permitan lograr la felicidad del individuo, es necesario poner medios desde todas las trincheras para hacer que nuestras ciudades sean más habitables, pues se trata del bien superior por el que todos tenemos que ver y exigirle de manera especial al gobierno que haga la parte que le corresponde.

La ciudad es la casa común de todos los que en ella habitamos. En la medida en que está bien planeada, diseñada y administrada es en la medida en que sus habitantes nos sentimos más seguros, confiados y contentos de disfrutarla. Por el contrario, en la medida en que hay caos, inseguridad y desorden, es en la medida en que nos estresa y hace más ineficiente y caótico nuestro día a día. De ahí que desde todos los tiempos siempre se ha procurado dotar ese espacio común que es la ciudad, de los elementos necesarios para el mejor desarrollo de las personas. Sin embargo, muchas son las veces, en las que el descuido, la improvisación, el desorden, la corrupción y la ineficiencia prevalecen.

Una de las características que ONU HABITAT está considerando en el desarrollo moderno de las ciudades es como convertir la ciudad en un espacio para caminar. Se apoya en el libro del arquitecto y urbanista Jan Gehl. Las calles deben invitar a caminar. Una ciudad caminable es una ciudad vital, sostenible, sana y segura. Sin embargo, aunque alentar a las personas a caminar es todo un reto, la buena planificación urbana es determinante para influir en los patrones de uso y comportamiento en la ciudad. Algunos de los principales beneficios de impulsar esta política, tienen que ver con que la economía y el medio ambiente se benefician cada vez que una persona circula caminando o con una bicicleta para realizar sus actividades diarias. Se reduce el consumo de combustibles, se limitan las emisiones de carbono y disminuyen los niveles de ruido. El caminar también genera más interacción entre los habitantes de la ciudad y esto a su vez genera cadenas virtuosas de convivencia. Para ello, es indispensable que la autoridad invierta en infraestrucutra adecuada y genere condiciones de seguridad y comodidad para los peatones. Es decir, cualquier recorrido a pie o en bicicleta, además de ser cómodo y placentero, tiene que ser seguro. Plantar árboles, ensanchar las veredas, iluminar las calles, son características básicas que deben mejorar en el espacio público de nuestra ciudad. Esto va de la mano con mejorar el mobiliario urbano.

En su libro ciudades para la Gente, Gehl propone lo que se debe adoptar y adaptar para que una ciudad pueda desde la escala humana, cubrir las principales necesidades de sus habitantes. Plantea también que el diseño del espacio determina el desarrollo de una ciudad, y la calidad de vida de sus habitantes; “Primero moldeamos a las ciudades — y luego ellas nos moldean a nosotros.” Esta aseveración es sumamente poderosa, no solo porque establece la necesidad de diseñar proyectos urbanos empezando por la escala humana, sino porque retorna la potestad y la responsabilidad de la construcción de nuestras ciudades al individuo. A ti, y a mí.

Por ello, hago votos para que nuestras autoridades de los 3 niveles de gobierno tomen en cuenta a la persona para el diseño, planeación, organización ejecución de políticas públicas relacionadas con el espacio público y la infraestructura urbana, pues con ellos estaremos garantizando una mejor calidad de vida para los que aquí habitamos.

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