/ miércoles 16 de enero de 2019

¿Existe una explicación racional? Los celos y el cerebro

¿Existen variaciones en cómo los hombres y las mujeres experimentamos los celos?

La realidad más pura del amor es que este sentimiento esconde un centenar de emociones y sentimientos que nos envuelven en una maraña prácticamente indescifrable, y esta no sería la excepción ante la amenaza inminente de que alguien se robe a tu persona amada, seamos sinceros (dejando un poco el ego) ¿Quién no ha sentido celos?

Y es que si bien es cierto que en general tendemos a concebir los celos como una respuesta asociada a inmadurez, falta de confianza o de autoestima, los celos son ese estado que nos desenmascara en el ámbito del amor en nuestra forma más vulnerable pero que tiene una explicación elocuente por más que pensemos en los celos como los más instintivos; al respecto paulatinamente crecen las voces de los científicos que abogan por retomar el tema como una parte del resultado del vínculo de la pareja, asociado con áreas del cerebro conectadas con la memoria social y la recompensa, por lo tanto, los celos también encuentran sus orígenes en procesos cerebrales con un trasfondo superior al imaginado.

¿Por qué? De acuerdo a un reciente estudio realizado por la Universidad de California, en el que se utilizaron para su estudio monos tití, una de las especies con un sentido monógamo muy similar al de nosotros los humanos ya que pasan su vida con una sola pareja, en donde los investigadores tomaron imágenes cerebrales de como los monos tití machos, sometidos a un escenario en donde colocaban a sus hembras frente a otros machos, identificando sorprendentemente que los monos “celosos” registraban mayor actividad en el área del cerebro denominada giro cingulado, la cual se encuentra científicamente relacionada con el dolor social en la especia humana, y que suele registrar actividad ante la percepción de rechazo por parte de nuestros seres queridos, incluyendo por supuesto a la pareja.


No obstante, este estudio no solo identificò actividad en el giro cingulado sino también en el denominado tabique transparente lateral, parte del cerebro que se considera con un fuerte vínculo con los procesos emocionales y la respuesta al estrés, pero esta zona ofrece más que una explicación de la asociación de los celos, las emociones y el estrés, ya que el tabique transparente lateral ha sido identificado como la zona cerebral clave en el establecimiento de parejas estables en primates.

Karen Bales, coordinadora de este estudio refiere a su vez que aunado al incremento de actividad cerebral en monos “celosos”, se tienen registros de aumentos en los niveles de testosterona y cortisol, esto es la hormona sexual masculina y la del estrés respectivamente, pero ¿Qué impacto tiene en los humanos? Nuestros cerebros piensan y actúan similarmente al de esta especie, por lo que el entendimiento de la dinámica de los celos en los monos tití puede darnos aún más luz de cuál es el papel de los celos en una relación monógama, pese a que alguno de los miembros sea muy celoso, pero sobre todo el cómo ha evolucionado nuestro concepto de monogamia y qué papel ocupa esta en nuestra sociedad.

Este estudio propone de forma optimista, y en tanto que los celos no recaigan en un tema enfermizo, que el proceso cerebral de los celos podría ayudar a fortalecer el vínculo, porque el celoso podría contar con señales de alarma frente a la amenaza de que puedan robarle a su ser amado, desafortunadamente este estudio no muestra si existen diferencias de la dinámica de los celos en hombres y mujeres.


Ahora bien, tomando en cuenta a los celos como una mera estrategia para evitar la pérdida de quien es importante, sin llegar a ser enfermizos o lastimosos, llegamos al punto de la esperada diferenciación: ¿Existen variaciones en cómo los hombres y las mujeres experimentamos los celos?

El psicólogo evolucionista David M. Buss, refiere que ellos sufren más celos sexuales, y ellas, emocionales debido a que el hombre puede repartir su esperma, no es un recurso que pueda agotarse, pero debe cerciorarse de que está dedicando los cuidados paternales a sus propios genes, es decir, de que el hijo es suyo. Sin embargo, para la mujer el costo biológico aparentemente es mayor porque esta debe estar segura de que el hombre que elija como pareja no abandonará la responsabilidad compartida de la crianza, no obstante, este postulado se centra en parejas heterosexuales y no así en la amplia gama de posibilidades de la diversidad sexual.

Hasta ahora se sabe que a nivel cerebral sí existen diferencias en la activación de este órgano ante situaciones de celos en hombres y mujeres, ya que en un estudio realizado por Hideiko Takahashi, investigador japonés, en condiciones de celos, los hombres demostraron una mayor activación que las mujeres en las regiones del cerebro involucradas en conductas sexuales y agresivas como la amígdala y el hipotálamo. En contraste, las mujeres demostraron una mayor activación en el surco temporal superior posterior, lo que propone diferencias neuropsicológicas para procesar la infidelidad sexual y emocional.


En conclusión, la ciencia sugiere que los celos no son una sencilla y automática respuesta ante el temor de que tu pareja pueda resultar atractiva para otras personas, pues como lo refieren, los celos derivan de un proceso cerebral complejo que de acuerdo a los últimos datos y en su forma más romántica, podría ser un indicio del establecimiento de relaciones duraderas, no omitiendo señalar que los celos enfermizos son cosa aparte. No obstante, los investigadores aún continúan averiguando un poco más de este dato hallado en monos para la especie humana, pues como lo refiere el investigador japonés Hideiko Takahashi, restaría aún tener la certeza de las claras diferencias de como hombres y mujeres procesamos y asimilamos los celos, pero por si fuera poco y en nuestra opinión, el asunto no queda ahí, pues aún tendríamos que explicar la dinámica de los celos a la luz de la diversidad sexual y la variedad de estilos de pareja en nuestros días, no podría ser para menos cuando de amor hablamos.


CONTACTO:

Dr. Joaquín Alejandro Soto Chilaca

Médico Psiquiatra, Sexólogo, Psiquiatra Forense y Psicoterapeuta

Director de Mindful. Expertos en Psiquiatría y Psicología

www.vivemindful.com

La realidad más pura del amor es que este sentimiento esconde un centenar de emociones y sentimientos que nos envuelven en una maraña prácticamente indescifrable, y esta no sería la excepción ante la amenaza inminente de que alguien se robe a tu persona amada, seamos sinceros (dejando un poco el ego) ¿Quién no ha sentido celos?

Y es que si bien es cierto que en general tendemos a concebir los celos como una respuesta asociada a inmadurez, falta de confianza o de autoestima, los celos son ese estado que nos desenmascara en el ámbito del amor en nuestra forma más vulnerable pero que tiene una explicación elocuente por más que pensemos en los celos como los más instintivos; al respecto paulatinamente crecen las voces de los científicos que abogan por retomar el tema como una parte del resultado del vínculo de la pareja, asociado con áreas del cerebro conectadas con la memoria social y la recompensa, por lo tanto, los celos también encuentran sus orígenes en procesos cerebrales con un trasfondo superior al imaginado.

¿Por qué? De acuerdo a un reciente estudio realizado por la Universidad de California, en el que se utilizaron para su estudio monos tití, una de las especies con un sentido monógamo muy similar al de nosotros los humanos ya que pasan su vida con una sola pareja, en donde los investigadores tomaron imágenes cerebrales de como los monos tití machos, sometidos a un escenario en donde colocaban a sus hembras frente a otros machos, identificando sorprendentemente que los monos “celosos” registraban mayor actividad en el área del cerebro denominada giro cingulado, la cual se encuentra científicamente relacionada con el dolor social en la especia humana, y que suele registrar actividad ante la percepción de rechazo por parte de nuestros seres queridos, incluyendo por supuesto a la pareja.


No obstante, este estudio no solo identificò actividad en el giro cingulado sino también en el denominado tabique transparente lateral, parte del cerebro que se considera con un fuerte vínculo con los procesos emocionales y la respuesta al estrés, pero esta zona ofrece más que una explicación de la asociación de los celos, las emociones y el estrés, ya que el tabique transparente lateral ha sido identificado como la zona cerebral clave en el establecimiento de parejas estables en primates.

Karen Bales, coordinadora de este estudio refiere a su vez que aunado al incremento de actividad cerebral en monos “celosos”, se tienen registros de aumentos en los niveles de testosterona y cortisol, esto es la hormona sexual masculina y la del estrés respectivamente, pero ¿Qué impacto tiene en los humanos? Nuestros cerebros piensan y actúan similarmente al de esta especie, por lo que el entendimiento de la dinámica de los celos en los monos tití puede darnos aún más luz de cuál es el papel de los celos en una relación monógama, pese a que alguno de los miembros sea muy celoso, pero sobre todo el cómo ha evolucionado nuestro concepto de monogamia y qué papel ocupa esta en nuestra sociedad.

Este estudio propone de forma optimista, y en tanto que los celos no recaigan en un tema enfermizo, que el proceso cerebral de los celos podría ayudar a fortalecer el vínculo, porque el celoso podría contar con señales de alarma frente a la amenaza de que puedan robarle a su ser amado, desafortunadamente este estudio no muestra si existen diferencias de la dinámica de los celos en hombres y mujeres.


Ahora bien, tomando en cuenta a los celos como una mera estrategia para evitar la pérdida de quien es importante, sin llegar a ser enfermizos o lastimosos, llegamos al punto de la esperada diferenciación: ¿Existen variaciones en cómo los hombres y las mujeres experimentamos los celos?

El psicólogo evolucionista David M. Buss, refiere que ellos sufren más celos sexuales, y ellas, emocionales debido a que el hombre puede repartir su esperma, no es un recurso que pueda agotarse, pero debe cerciorarse de que está dedicando los cuidados paternales a sus propios genes, es decir, de que el hijo es suyo. Sin embargo, para la mujer el costo biológico aparentemente es mayor porque esta debe estar segura de que el hombre que elija como pareja no abandonará la responsabilidad compartida de la crianza, no obstante, este postulado se centra en parejas heterosexuales y no así en la amplia gama de posibilidades de la diversidad sexual.

Hasta ahora se sabe que a nivel cerebral sí existen diferencias en la activación de este órgano ante situaciones de celos en hombres y mujeres, ya que en un estudio realizado por Hideiko Takahashi, investigador japonés, en condiciones de celos, los hombres demostraron una mayor activación que las mujeres en las regiones del cerebro involucradas en conductas sexuales y agresivas como la amígdala y el hipotálamo. En contraste, las mujeres demostraron una mayor activación en el surco temporal superior posterior, lo que propone diferencias neuropsicológicas para procesar la infidelidad sexual y emocional.


En conclusión, la ciencia sugiere que los celos no son una sencilla y automática respuesta ante el temor de que tu pareja pueda resultar atractiva para otras personas, pues como lo refieren, los celos derivan de un proceso cerebral complejo que de acuerdo a los últimos datos y en su forma más romántica, podría ser un indicio del establecimiento de relaciones duraderas, no omitiendo señalar que los celos enfermizos son cosa aparte. No obstante, los investigadores aún continúan averiguando un poco más de este dato hallado en monos para la especie humana, pues como lo refiere el investigador japonés Hideiko Takahashi, restaría aún tener la certeza de las claras diferencias de como hombres y mujeres procesamos y asimilamos los celos, pero por si fuera poco y en nuestra opinión, el asunto no queda ahí, pues aún tendríamos que explicar la dinámica de los celos a la luz de la diversidad sexual y la variedad de estilos de pareja en nuestros días, no podría ser para menos cuando de amor hablamos.


CONTACTO:

Dr. Joaquín Alejandro Soto Chilaca

Médico Psiquiatra, Sexólogo, Psiquiatra Forense y Psicoterapeuta

Director de Mindful. Expertos en Psiquiatría y Psicología

www.vivemindful.com

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