/ martes 29 de diciembre de 2020

¡Relación humano-computadora! Cómo hacer arte con robots

Te contamos acerca del proyecto de un joven profesionista que labora en la Ibero, el cual trata de dar un sentido más artístico a unas máquinas de uso industrial

El arte por definición es “una actividad en la que el hombre recrea, con una finalidad estética, un aspecto de la realidad o un sentimiento en formas bellas valiéndose de la materia, la imagen o el sonido” y para ello se pueden utilizar herramientas muy variadas, incluso… ¿un robot?

Así como lo lees… Juan Francisco Rodríguez García, un joven muy dinámico que actualmente se desempeña en el laboratorio de realidad mixta para televisión y comunicación digital, dentro del Instituto de Diseño e Innovación Tecnológica (IDIT) de la Universidad Iberoamericana, tiene un proyecto mediante el cual ingresa algoritmos o instrucciones en una computadora y esta las transmite a un brazo robótico o un Router CNC (máquina para cortar madera), que originalmente son para uso industrial, pero él les pone un lado más humano, para crear esquemas visuales, que plasma en obras tangibles.

Juan estudió arquitectura en la Universidad Autónoma de Veracruz Villa Rica, pero desde muy temprano empezó a tener relación con softwares de modelado 3D para trabajar diseños arquitectónicos, ahí desarrollaba algoritmos con los cuales ya no tenía que empezar de cero, solo cambiar valores y el software hacía el resto.

Fotos: Cortesía Juan Francisco Rodríguez

Trabajó durante seis años en un despacho de arquitectura, pero tenía siempre esa inquietud de emplear la computadora en métodos de diseño; lo importante es que estas herramientas no cambian la idea básica y lo más rápido para sacar esta de tu cabeza es un sketch a mano; ya con base en estos sketches desarrollaba el algoritmo, para así agilizar tiempos y costos.

HACER ARTE CON TECNOLOGÍA

Juan no se considera a sí mismo como artista ni programador, sino autodidacta en estas dos áreas. Está consciente de que hablar de arte es muy subjetivo y en la arquitectura con los dibujos se busca la expresión, además de los conceptos básicos para construir: plano, color, ritmo, geometría.

Con este interés por la tecnología y las computadoras, al llegar al IDIT se encontró con un espacio en el que conviven muchas disciplinas: robótica, ingeniería, sistemas, diseño industrial; con ellas empezó a ver posibilidades más allá de solo construir o diseñar viviendas o torres, y en esta comunidad multidisciplinar nutre su praxis.

Fotos: Cortesía Juan Francisco Rodríguez

“Por ejemplo, un artista tiene sus pinceles y tiene su idea y él ya sabe muy bien su técnica de cómo agarrar el pincel, qué presión ponerle, conoce los colores; es lo mismo solo que al escribir un código ese es mi pincel, mi herramienta principal. Hablamos del código como un algoritmo, una serie de reglas y viene ese proceso de cómo vuelvo mi idea abstracta, cotidiana, empiezo a pensarlo para escribirlo en el lenguaje que la computadora pueda interpretar”, explica.

Agrega que, ya que tiene esto, que es lo más complejo, sigue el iterar con la computadora, por ejemplo, escribe un código para hacer cinco elipses, pero si no le convencen, al ya tener esas instrucciones escritas y si quiere 10, solo debe cambiar a ese número, sin tener que empezar de nuevo… o mil, o un millón. También las máquinas tienen un lenguaje, dice, y mediante este se puede comunicar con el software, que hace su procedimiento y al final el resultado es un elemento tangible.

EL PROYECTO

Empieza con una idea con objetos que ve en la calle o en la web que se le hacen interesantes, desde una casa, edificios o cuando encuentra un patrón interesante; después viene el proceso más complejo de comenzar a programar, lo cual se hace con números, pero se deben ingresar las variables de color, ritmo, geometría y se da esa relación interesante entre la computadora y la persona.

Fotos: Cortesía Juan Francisco Rodríguez

Lo complejo de este proceso es lograr que la máquina le dé lo que tenía en mente, porque a veces al meter la serie de instrucciones, la computadora saca algo muy distinto y Juan confiesa que a veces le gusta, pero otras no. Lo que sigue entonces es aportar otros elementos, variables, números, colores, para obtener diferentes resultados.

Añade que en un principio intentó imprimir en papel sus diseños, pero no podía usar formatos muy grandes, parecían de cualquier impresora, no salían de lo normal; entonces gracias a comunidades en la red donde vio el trabajo de otras personas, tuvo la idea de usar las máquinas, a las cuáles actualmente les añade plumones Sharpie.

Al robot se le diseñan además otras piezas para cargar diferentes herramientas, que se imprimen en una impresora de 3D. En ocasiones les pone pinceles, ha hecho cerámica, tallado en madera o le ha puesto al brazo una herramienta para soldar, y las obras pueden hacerse en un tamaño de 2.44 x 1.22 metros.

Fotos: Cortesía Juan Francisco Rodríguez

“Yo podría imaginar cómo se verían 100 o mil elipses o mil puntos en el espacio, en una gama de colores de rojo, azul y amarillo… pues no te lo puedes imaginar, pero puedes verlo en cuestión de segundos. Esta cuestión, más que artística, es un trabajo personal diario, que repercute en mi día a día; por ejemplo, es como cuando una persona hace ejercicio; yo le dedico una o dos horas, es algo que al final de cuentas me nutre y veo los resultados después”, comenta.

“No sé pintar, ni agarrar un pincel, ni tengo la proporción en el trazo, pero uso mis herramientas que son las máquinas, el código, la tecnología y con eso puedo, de alguna manera, no expresarme, porque la obra que subo diario no es algo que sienta dentro de mí; es más bien un ejercicio que me gusta hacer día con día y subirlo a mis redes”, expresa.

EL TRABAJO CON OTROS JÓVENES

Juan cuenta que en una ocasión se hizo un workshop de dos semanas, en el que se hacían varios ejercicios con distintas herramientas: primero pintar con plumón, luego cortar unicel, luego con un foco y técnica de una cámara; muchos ejercicios, con muchas herramientas y luego los chicos escogían un proyecto final; esto dependía de cómo se desenvolvían en el desarrollo de su algoritmo. Era aprendizaje mutuo, de los chicos con Juan.

Fotos: Cortesía Juan Francisco Rodríguez

Otro proyecto interesante, en el que apoyó a un amigo ganador de una beca del FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes), para explorar el sonido con la geometría. A un algoritmo se le metió una canción, para que esta definiera un patrón y diseñara algún elemento. Se buscaron entonces a tres personas que hubieran perdido a algún ser querido, una canción que los uniera a cada uno de ellos y esas tres melodías se ingresaron en la máquina para diseñar urnas en las que se depositarían las cenizas de los fallecidos.

LA IDEA A FUTURO

Con base en este proyecto de arte con tecnología se busca abrir dos asignaturas en la Ibero que tienen que ver con esto, en las que se explorará la relación entre el código, que a Juan Francisco le gusta más verlo como lenguaje; también estudiar la comunicación entre humano y computadora, el pensamiento crítico, para encontrar esa parte más sensible, una expresión más allá de algo totalmente industrial o que podría, en un futuro, quitarle el trabajo al ser humano.

A la par de los dibujos y esquemas visuales, tiene una investigación acerca de la interacción entre elementos virtuales con el mundo real, esto se aterriza en un software para que el profesor pueda sacar información de modelos 3D. Trata acerca de cómo algo que viene desde tu cabeza lo pasas a un proceso lógico y este ya te da un resultado real; esa relación entre la persona y cómo se comunica con la computadora, al entender reglas sencillas para manejar elementos o estructuras más complejas.

“La tecnología va aterrizando y se hace más accesible para nosotros y aquí viene la responsabilidad que tenemos como usuarios para ver hacia donde lo vamos a ocupar; porque se pueden hacer cosas malas, pero la idea es hacer buenas”, concluye.

  • Contacto: idit.realidadvirtual@ibero puebla.mx
  • Obra completa: www.behance.net/juanrg92
  • www.instagram.com/juanrg92

El arte por definición es “una actividad en la que el hombre recrea, con una finalidad estética, un aspecto de la realidad o un sentimiento en formas bellas valiéndose de la materia, la imagen o el sonido” y para ello se pueden utilizar herramientas muy variadas, incluso… ¿un robot?

Así como lo lees… Juan Francisco Rodríguez García, un joven muy dinámico que actualmente se desempeña en el laboratorio de realidad mixta para televisión y comunicación digital, dentro del Instituto de Diseño e Innovación Tecnológica (IDIT) de la Universidad Iberoamericana, tiene un proyecto mediante el cual ingresa algoritmos o instrucciones en una computadora y esta las transmite a un brazo robótico o un Router CNC (máquina para cortar madera), que originalmente son para uso industrial, pero él les pone un lado más humano, para crear esquemas visuales, que plasma en obras tangibles.

Juan estudió arquitectura en la Universidad Autónoma de Veracruz Villa Rica, pero desde muy temprano empezó a tener relación con softwares de modelado 3D para trabajar diseños arquitectónicos, ahí desarrollaba algoritmos con los cuales ya no tenía que empezar de cero, solo cambiar valores y el software hacía el resto.

Fotos: Cortesía Juan Francisco Rodríguez

Trabajó durante seis años en un despacho de arquitectura, pero tenía siempre esa inquietud de emplear la computadora en métodos de diseño; lo importante es que estas herramientas no cambian la idea básica y lo más rápido para sacar esta de tu cabeza es un sketch a mano; ya con base en estos sketches desarrollaba el algoritmo, para así agilizar tiempos y costos.

HACER ARTE CON TECNOLOGÍA

Juan no se considera a sí mismo como artista ni programador, sino autodidacta en estas dos áreas. Está consciente de que hablar de arte es muy subjetivo y en la arquitectura con los dibujos se busca la expresión, además de los conceptos básicos para construir: plano, color, ritmo, geometría.

Con este interés por la tecnología y las computadoras, al llegar al IDIT se encontró con un espacio en el que conviven muchas disciplinas: robótica, ingeniería, sistemas, diseño industrial; con ellas empezó a ver posibilidades más allá de solo construir o diseñar viviendas o torres, y en esta comunidad multidisciplinar nutre su praxis.

Fotos: Cortesía Juan Francisco Rodríguez

“Por ejemplo, un artista tiene sus pinceles y tiene su idea y él ya sabe muy bien su técnica de cómo agarrar el pincel, qué presión ponerle, conoce los colores; es lo mismo solo que al escribir un código ese es mi pincel, mi herramienta principal. Hablamos del código como un algoritmo, una serie de reglas y viene ese proceso de cómo vuelvo mi idea abstracta, cotidiana, empiezo a pensarlo para escribirlo en el lenguaje que la computadora pueda interpretar”, explica.

Agrega que, ya que tiene esto, que es lo más complejo, sigue el iterar con la computadora, por ejemplo, escribe un código para hacer cinco elipses, pero si no le convencen, al ya tener esas instrucciones escritas y si quiere 10, solo debe cambiar a ese número, sin tener que empezar de nuevo… o mil, o un millón. También las máquinas tienen un lenguaje, dice, y mediante este se puede comunicar con el software, que hace su procedimiento y al final el resultado es un elemento tangible.

EL PROYECTO

Empieza con una idea con objetos que ve en la calle o en la web que se le hacen interesantes, desde una casa, edificios o cuando encuentra un patrón interesante; después viene el proceso más complejo de comenzar a programar, lo cual se hace con números, pero se deben ingresar las variables de color, ritmo, geometría y se da esa relación interesante entre la computadora y la persona.

Fotos: Cortesía Juan Francisco Rodríguez

Lo complejo de este proceso es lograr que la máquina le dé lo que tenía en mente, porque a veces al meter la serie de instrucciones, la computadora saca algo muy distinto y Juan confiesa que a veces le gusta, pero otras no. Lo que sigue entonces es aportar otros elementos, variables, números, colores, para obtener diferentes resultados.

Añade que en un principio intentó imprimir en papel sus diseños, pero no podía usar formatos muy grandes, parecían de cualquier impresora, no salían de lo normal; entonces gracias a comunidades en la red donde vio el trabajo de otras personas, tuvo la idea de usar las máquinas, a las cuáles actualmente les añade plumones Sharpie.

Al robot se le diseñan además otras piezas para cargar diferentes herramientas, que se imprimen en una impresora de 3D. En ocasiones les pone pinceles, ha hecho cerámica, tallado en madera o le ha puesto al brazo una herramienta para soldar, y las obras pueden hacerse en un tamaño de 2.44 x 1.22 metros.

Fotos: Cortesía Juan Francisco Rodríguez

“Yo podría imaginar cómo se verían 100 o mil elipses o mil puntos en el espacio, en una gama de colores de rojo, azul y amarillo… pues no te lo puedes imaginar, pero puedes verlo en cuestión de segundos. Esta cuestión, más que artística, es un trabajo personal diario, que repercute en mi día a día; por ejemplo, es como cuando una persona hace ejercicio; yo le dedico una o dos horas, es algo que al final de cuentas me nutre y veo los resultados después”, comenta.

“No sé pintar, ni agarrar un pincel, ni tengo la proporción en el trazo, pero uso mis herramientas que son las máquinas, el código, la tecnología y con eso puedo, de alguna manera, no expresarme, porque la obra que subo diario no es algo que sienta dentro de mí; es más bien un ejercicio que me gusta hacer día con día y subirlo a mis redes”, expresa.

EL TRABAJO CON OTROS JÓVENES

Juan cuenta que en una ocasión se hizo un workshop de dos semanas, en el que se hacían varios ejercicios con distintas herramientas: primero pintar con plumón, luego cortar unicel, luego con un foco y técnica de una cámara; muchos ejercicios, con muchas herramientas y luego los chicos escogían un proyecto final; esto dependía de cómo se desenvolvían en el desarrollo de su algoritmo. Era aprendizaje mutuo, de los chicos con Juan.

Fotos: Cortesía Juan Francisco Rodríguez

Otro proyecto interesante, en el que apoyó a un amigo ganador de una beca del FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes), para explorar el sonido con la geometría. A un algoritmo se le metió una canción, para que esta definiera un patrón y diseñara algún elemento. Se buscaron entonces a tres personas que hubieran perdido a algún ser querido, una canción que los uniera a cada uno de ellos y esas tres melodías se ingresaron en la máquina para diseñar urnas en las que se depositarían las cenizas de los fallecidos.

LA IDEA A FUTURO

Con base en este proyecto de arte con tecnología se busca abrir dos asignaturas en la Ibero que tienen que ver con esto, en las que se explorará la relación entre el código, que a Juan Francisco le gusta más verlo como lenguaje; también estudiar la comunicación entre humano y computadora, el pensamiento crítico, para encontrar esa parte más sensible, una expresión más allá de algo totalmente industrial o que podría, en un futuro, quitarle el trabajo al ser humano.

A la par de los dibujos y esquemas visuales, tiene una investigación acerca de la interacción entre elementos virtuales con el mundo real, esto se aterriza en un software para que el profesor pueda sacar información de modelos 3D. Trata acerca de cómo algo que viene desde tu cabeza lo pasas a un proceso lógico y este ya te da un resultado real; esa relación entre la persona y cómo se comunica con la computadora, al entender reglas sencillas para manejar elementos o estructuras más complejas.

“La tecnología va aterrizando y se hace más accesible para nosotros y aquí viene la responsabilidad que tenemos como usuarios para ver hacia donde lo vamos a ocupar; porque se pueden hacer cosas malas, pero la idea es hacer buenas”, concluye.

  • Contacto: idit.realidadvirtual@ibero puebla.mx
  • Obra completa: www.behance.net/juanrg92
  • www.instagram.com/juanrg92

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