/ sábado 22 de mayo de 2021

Bola de tres, bola de nadie | TURISTEANDO CON EL BARÓN ROJO

La triste historia de una casona que terminó demolida debido a la ambición de quienes se disputaban su posesión

Hola queridos lectores, les deseo feliz sábado; seguramente se extrañarán del nombre de esta nota… espérenme les explico: en el beisbol existe un error muy común que cometen los jugadores, sobre todo los del fondo del campo, llamados jardineros. Son tres los que están a la espera de atrapar la bola que les envía el bateador, pero por acción natural se juntan todos corriendo para cacharla, pues esta debe de evitar tocar el suelo, de lo contrario sería un hit y el bateador permanece en la base que logró alcanzar. En cambio, si los jardineros la atrapan antes de tocar el suelo, será un out y el bateador queda fuera.

Lo malo consiste en que, a centímetros de que los tres jardineros atrapen la bola, por instinto se frenan todos y esta cae al pasto, o en su caso, chocan de manera muy cómica. ¿Cuál es el error?, que ninguno de los tres jugadores se avisa para cacharla y todos la pierden, por ambiciosos, porque quien la tenga gana un bono adicional en su paga.

Pues esto mismo ocurrió con la historia de esta casa, que existió en la esquina de la Calle 5 de Mayo y la Avenida 12 Poniente: tres familias, por ambición y por no ponerse de acuerdo, la perdieron. Comencemos esta narración.

LA CASA DE LA CAPORALA

Esta nota es un complemento de la nota que se publicó la semana pasada, donde hablo de la casa de enfrente, la de Gavito; la de hoy, tristemente, ya no existe. Se le llamó “Casa de la Caporala” y el dato más antiguo que se tiene es del año del señor de 1754, donde ya se registra la edificación en los archivos del Ayuntamiento, cuando a la calle se le llamaba “de palenque viejo”, por existir una casa de apuestas de peleas de gallos en esta y que después se mudó a la actual Calle 6 Poniente a la que hasta la fecha se le conoce como “calle de los gallos”, existiendo en su esquina con la 5 Norte una cantina que ostenta el nombre del “recreo de los gallos”.

Pero regresando a nuestro tema, la casa de la Caporala, se tiene el dato de uno de sus últimos dueños, José Bringas de Manzaneda, quien hasta el año de 1779 era el propietario de cuatro de las casas de la acera poniente de la actual calle 5 de Mayo y que para el año de 1805 se casa con María Josefa Rabanillo.

Para el año de 1812 José Bringas fallece, dejándole en herencia a su esposa María Josefa las seis casas de esta acera poniente; en 1816 vende la de la esquina sur a Joaquín Haro y Portillo, padre del fundador de la Casa de Maternidad y posteriormente las otras cuatro, habitando la de la esquina norte.

Se le llamo Casa de la Caporala porque según cuenta la leyenda la señora María Josefa gustaba de arriar las mulas que constantemente entraban y salían de su casa, pues toda la parte baja la arrendaba como bodegas de granos y forraje; de ahí que el populacho le llamara la Caporala, logrando que en el año de 1851 el ayuntamiento le llamara así a la calle.

LA BOLA DE NADIE

Las seis casas de esta acera pasan, según la historia, de dueño en dueño, pero es esta última, la de la esquina de 5 de Mayo y 12 Poniente, la que más fama tuvo, aparte porque contaba con baños de temascal y tinas de aguas termales artificiales, los cuales existieron hasta los años sesenta del siglo pasado. Es entonces cuando la casa queda intestada y surgen los problemas entre tres familias que se la disputan, las cuales pasaron medio siglo peleándose la propiedad, desde los años cuarenta hasta mediados de los noventa. De una de ellas no tengo dato alguno; las otras dos son los descendientes de las familias Haro y de las hermanas Bonilla Yáñez, últimas propietarias registradas del predio.

Las tres familias quedaron en la ruina pagando abogados y juicios testamentarios, una de estas de manera ilegal consigue permisos para demolerla, las autoridades de los años sesenta la clausuran por ser una demolición de casa colonial; otra familia consigue terminar la demolición, logrando que el ayuntamiento la incaute, y así permanece destruida hasta los años noventa, cuando la tercera familia logra ganar su posesión.

Pero para esas fechas los adeudos de impuestos son tan altos, que se volvieron impagables, y a mediados de los noventa la autoridad logra la posesión de esta esquina, para convertirla en un parque público, permaneciendo así hasta la fecha y terminando así la triste historia de este enorme caserón colonial: tres familias arruinadas y todo porque nunca se pusieron de acuerdo, la ambición rompió el saco.

Querido lector, ¿qué te pareció esta historia? Muchísimas veces en la vida perdemos más por menos, o lo que es lo mismo, bola de tres, bola de nadie.

Nos leemos el próximo sábado, soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, el Barón Rojo.

WhatsApp: 22 14 15 85 38

Facebook: Eduardo Zamora Martínez

Hola queridos lectores, les deseo feliz sábado; seguramente se extrañarán del nombre de esta nota… espérenme les explico: en el beisbol existe un error muy común que cometen los jugadores, sobre todo los del fondo del campo, llamados jardineros. Son tres los que están a la espera de atrapar la bola que les envía el bateador, pero por acción natural se juntan todos corriendo para cacharla, pues esta debe de evitar tocar el suelo, de lo contrario sería un hit y el bateador permanece en la base que logró alcanzar. En cambio, si los jardineros la atrapan antes de tocar el suelo, será un out y el bateador queda fuera.

Lo malo consiste en que, a centímetros de que los tres jardineros atrapen la bola, por instinto se frenan todos y esta cae al pasto, o en su caso, chocan de manera muy cómica. ¿Cuál es el error?, que ninguno de los tres jugadores se avisa para cacharla y todos la pierden, por ambiciosos, porque quien la tenga gana un bono adicional en su paga.

Pues esto mismo ocurrió con la historia de esta casa, que existió en la esquina de la Calle 5 de Mayo y la Avenida 12 Poniente: tres familias, por ambición y por no ponerse de acuerdo, la perdieron. Comencemos esta narración.

LA CASA DE LA CAPORALA

Esta nota es un complemento de la nota que se publicó la semana pasada, donde hablo de la casa de enfrente, la de Gavito; la de hoy, tristemente, ya no existe. Se le llamó “Casa de la Caporala” y el dato más antiguo que se tiene es del año del señor de 1754, donde ya se registra la edificación en los archivos del Ayuntamiento, cuando a la calle se le llamaba “de palenque viejo”, por existir una casa de apuestas de peleas de gallos en esta y que después se mudó a la actual Calle 6 Poniente a la que hasta la fecha se le conoce como “calle de los gallos”, existiendo en su esquina con la 5 Norte una cantina que ostenta el nombre del “recreo de los gallos”.

Pero regresando a nuestro tema, la casa de la Caporala, se tiene el dato de uno de sus últimos dueños, José Bringas de Manzaneda, quien hasta el año de 1779 era el propietario de cuatro de las casas de la acera poniente de la actual calle 5 de Mayo y que para el año de 1805 se casa con María Josefa Rabanillo.

Para el año de 1812 José Bringas fallece, dejándole en herencia a su esposa María Josefa las seis casas de esta acera poniente; en 1816 vende la de la esquina sur a Joaquín Haro y Portillo, padre del fundador de la Casa de Maternidad y posteriormente las otras cuatro, habitando la de la esquina norte.

Se le llamo Casa de la Caporala porque según cuenta la leyenda la señora María Josefa gustaba de arriar las mulas que constantemente entraban y salían de su casa, pues toda la parte baja la arrendaba como bodegas de granos y forraje; de ahí que el populacho le llamara la Caporala, logrando que en el año de 1851 el ayuntamiento le llamara así a la calle.

LA BOLA DE NADIE

Las seis casas de esta acera pasan, según la historia, de dueño en dueño, pero es esta última, la de la esquina de 5 de Mayo y 12 Poniente, la que más fama tuvo, aparte porque contaba con baños de temascal y tinas de aguas termales artificiales, los cuales existieron hasta los años sesenta del siglo pasado. Es entonces cuando la casa queda intestada y surgen los problemas entre tres familias que se la disputan, las cuales pasaron medio siglo peleándose la propiedad, desde los años cuarenta hasta mediados de los noventa. De una de ellas no tengo dato alguno; las otras dos son los descendientes de las familias Haro y de las hermanas Bonilla Yáñez, últimas propietarias registradas del predio.

Las tres familias quedaron en la ruina pagando abogados y juicios testamentarios, una de estas de manera ilegal consigue permisos para demolerla, las autoridades de los años sesenta la clausuran por ser una demolición de casa colonial; otra familia consigue terminar la demolición, logrando que el ayuntamiento la incaute, y así permanece destruida hasta los años noventa, cuando la tercera familia logra ganar su posesión.

Pero para esas fechas los adeudos de impuestos son tan altos, que se volvieron impagables, y a mediados de los noventa la autoridad logra la posesión de esta esquina, para convertirla en un parque público, permaneciendo así hasta la fecha y terminando así la triste historia de este enorme caserón colonial: tres familias arruinadas y todo porque nunca se pusieron de acuerdo, la ambición rompió el saco.

Querido lector, ¿qué te pareció esta historia? Muchísimas veces en la vida perdemos más por menos, o lo que es lo mismo, bola de tres, bola de nadie.

Nos leemos el próximo sábado, soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, el Barón Rojo.

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