/ sábado 8 de septiembre de 2018

Cabo Pulmo y Todos Santos (Parte 2) | DESCUBRIENDO…

Road trip por la península de Baja California

Hola compañeros lectores, ¿cómo están?, espero que estén listos para preparar algún viaje espontáneo para conocer algún lugar nuevo. La semana pasada les empecé a platicar del viaje por carretera que hicimos Carlita y yo por la península de Baja California por carretera que salió cuando me ofrecí a llevar una camioneta que quería mandar un primo mío a su hija que vive en Ensenada, B.C.N.

En la primera parte del viaje visitamos La Paz, desde donde tomamos un tour para la isla Espíritu Santo, ahí paramos en un pequeño islote para nadar con leones marinos, aunque la verdad yo no me acerqué mucho porque imponen por su tamaño. De regreso comimos unas almejas en una pequeña choza, ¡riquísimas!

Después nos fuimos para nuestro hotelito, que era muy curioso ya que parecía un bazar, tenía muchas antigüedades de todo tipo: máquinas de escribir, relojes, bicicletas, mesas, cámaras… dejé a Carlita que curioseara por el lugar en lo que yo preparaba todas las cosas de buceo, ya que al día siguiente nos íbamos a Cabo Pulmo, un sitio obligado para cualquier buzo. No en balde Jacques Costeau lo bautizó como “El acuario del mundo”. En lo personal tenía muchos años deseando ir a este lugar, la verdad estaba muy emocionado por estar a punto de hacer esa gran aventura.

Foto: Paco Noriega

Muy tempranito nos dirigimos hacia Cabo Pulmo, que está a unas dos horas de La Paz; el paisaje es completamente árido, muchos cactus y órganos, nada de árboles o palmeras, el calor en esta época del año es verdaderamente sofocante. El camino es increíble: de un lado montañas áridas y del otro el color azul del Mar de Cortés donde, por cierto, había un importante torneo de pesca y a lo lejos se podían ver varios yates tratando de atrapar el mejor ejemplar.

EN EL ACUARIO DEL MUNDO

Finalmente llegamos a Cabo Pulmo, el lugar está en medio de la nada, es un “pueblito” únicamente para buceo, hay 2 o 3 hotelitos, 3 restaurantes y 6 centros de buceo, no hay nada más, cosa que en verdad yo agradecí enormemente porque en verdad no hay nada comercial, es para verdaderos amantes del mar, la naturaleza y poca gente.

Quedamos de vernos con nuestros guías en un restaurancito para afinar detalles, ellos son Otto y Tamara, nos caímos re bien los 4, platicamos un poco de todo y empezamos a prepararnos para hacer los primeros buceos.

Foto: Paco Noriega

Fuimos hacia un lugar que se llama La Ventana en donde realizamos los dos primeros buceos, vimos un barco hundido muy grande, estaba separado en varias partes, la claridad del agua es impresionante y el tono de azul único. Vimos tortugas, langostas, miles de peces, pero sin duda lo que más llamó nuestra atención fueron las mantarrayas gigantes que salieron a nuestro encuentro, había yo visto varias en diferentes mares pero cómo estas en ningún lado, son impresionantemente grandes, la verdad dan miedo; como les gusta sentir las burbujas del aire en su panza, se ponen a nadar en círculos por encima de uno, ¡¡ayyyy nanitaaa!!

Es impresionante la manera en que nadan, parece que van volando, hacen un suave aleteo de arriba hacia abajo y de vez en cuando giran de arriba hacia abajo, en verdad es fantástico.

Les tengo que comentar que mi gran compañero Abancay (mi perro) nos acompañó en la lancha, ya ha subido montañas conmigo, me acompaña en la bici, caminatas largas, campamentos etcétera, solo le faltaba acompañarme en esto, era muy chistoso cuando nos tirábamos al mar y empezábamos a sumergirnos, él se asomaba y ladraba un poco al verme desaparecer… pobre.

Foto: Paco Noriega

Así estuvimos buceando toda la mañana, ya regresamos tarde a comer y a dormir para estar listos para el buceo del día siguiente que era el bueno.

Pasamos una larga noche, bastante malita por cierto, pues se descompuso la planta de energía del “pueblo” y el aire acondicionado no servía, por lo que tuvimos que salir de la habitación e intentar dormir en hamacas que encontramos en el jardín (creo que nunca había sentido un calor así). Después nos vimos para el desayuno en un restaurancito a orilla del mar (el único) para afinar los últimos detalles del siguiente buceo.

Era un día muy especial para mí, estaba en un lugar emblemático, el mar estaba increíblemente hermoso, iba a palomear una cosa más de mi lista y además era día de mi cumpleaños, ni por error me pasó por la cabeza que estaba ante uno de los días más felices de mi vida.

Foto: Paco Noriega

Cabo Pulmo es en verdad una pecera infinita, hay formaciones de piedras, grietas en el fondo, miles de peces de colores, cientos de corales, diferentes tonos de azul, miles de estrellas de mar, el mar tranquilo, en verdad una maravilla de la naturaleza. Algo pasó ese día que mi consumo de oxígeno era sumamente bajo por lo que estuve mucho tiempo en lo profundo, normalmente no duró tanto tiempo, lo que sí sé es que estaba muy relajado.

Dentro de las tantas cosas conocidas en Cabo Pulmo son los jureles, que son unos peces de unos 40 cm. que se juntan entre sí por montones, según les pegue la luz del sol a veces se ven plateados y otras negros, parece que hacen bailes, van de un lado a otro, son miles y cambian de dirección repentinamente, varias veces me metí entre ellos, no puedo describir la sensación de estar dando vueltas y girando con ellos, pasaron muchos cardúmenes de diferentes peces de varios colores, en fin, un verdadero alucine.

Después de terminar ese buceo fuimos hacia un barco hundido, este era bastante grande y también partido en varias partes, la mejor conservada estaba de lado, las demás eran pequeñas; el fondo del mar era completamente arena blanca y no había corales, todo el arrecife se había formado sobre de él. Estábamos buceando tranquilamente y observando un pulpo que nadaba rápidamente para esconderse en alguna parte del barco cuando de repente, al mirar a mi derecha pude ver una silueta grande muy cerca de nosotros y que ningún buzo quiere ver: un tiburón.

Foto: Paco Noriega

Rápidamente hice la señal a Tamara y a Carla de que había un tiburón, nos juntamos y nos hincamos como debe de hacerse en estos casos y esperamos a ver qué pasaba, no pasó mucho tiempo y nuevamente se nos acercó, por una experiencia del pasado yo ya sé que es un animal muy curioso y que se acerca demasiado a ver lo que le está llamando la atención, nada en círculos y en diferentes alturas, parece que se va y de repente aparece por otro lado; parecía que se había ido cuando regresó nuevamente, esta vez acompañado de dos tiburones más.

Me entró una sensación de respeto, entusiasmo y alerta a la vez, no lo había experimentado nunca. Estando hincado en el fondo del mar, volteaba yo en todas direcciones a ver si no se acercaban más, pero poco a poco se fueron marchando y pudimos continuar con nuestro buceo.

Vimos de todo y como buen recuerdo, cuando íbamos hacia arriba ya para salir, pude ver hacia el fondo nuevamente al tiburón marcharse muy despacio que parecía despedirse de nosotros. Ahora que estoy escribiendo esto, créanme que lo vuelvo a revivir y me emociono nuevamente; ¡¡fue algo fantástico!! TODO esto que les comento lo tengo grabado en mi GoPro, por si alguien no me cree o piensa que tengo una gran imaginación (¡¡que sí la tengo eeeh!!) lo podemos comprobar, yo con mucho gusto, ja, ja, ja, ja.

Foto: Paco Noriega

No podía terminar el día de una mejor manera, una rica comida de mariscos acompañada de vinos, cervezas y la rica plática acompañados de nuestros nuevos amigos Otto y Tamara. En verdad un gran día.

Al día siguiente despertamos y decidimos desayunar en Todos Santos, que está a 1 hora más o menos de La Paz, yo quería pasar por ahí para estar en el mítico Hotel California, en donde cuenta la leyenda que la banda de rock estadounidense Eagles se inspiró para crear la extraordinaria canción del mismo nombre, nada más falso. Caminamos un rato por el pueblito, vimos algunos bazares, tomamos fotos, comimos ricos tacos de pescado y continuamos con nuestro viaje, y ahora sí empezaba el camino hacia Ensenada… y la próxima semana les seguiré contando.

¡Saludos!

paco_noriega2001@yahoo.com

Hola compañeros lectores, ¿cómo están?, espero que estén listos para preparar algún viaje espontáneo para conocer algún lugar nuevo. La semana pasada les empecé a platicar del viaje por carretera que hicimos Carlita y yo por la península de Baja California por carretera que salió cuando me ofrecí a llevar una camioneta que quería mandar un primo mío a su hija que vive en Ensenada, B.C.N.

En la primera parte del viaje visitamos La Paz, desde donde tomamos un tour para la isla Espíritu Santo, ahí paramos en un pequeño islote para nadar con leones marinos, aunque la verdad yo no me acerqué mucho porque imponen por su tamaño. De regreso comimos unas almejas en una pequeña choza, ¡riquísimas!

Después nos fuimos para nuestro hotelito, que era muy curioso ya que parecía un bazar, tenía muchas antigüedades de todo tipo: máquinas de escribir, relojes, bicicletas, mesas, cámaras… dejé a Carlita que curioseara por el lugar en lo que yo preparaba todas las cosas de buceo, ya que al día siguiente nos íbamos a Cabo Pulmo, un sitio obligado para cualquier buzo. No en balde Jacques Costeau lo bautizó como “El acuario del mundo”. En lo personal tenía muchos años deseando ir a este lugar, la verdad estaba muy emocionado por estar a punto de hacer esa gran aventura.

Foto: Paco Noriega

Muy tempranito nos dirigimos hacia Cabo Pulmo, que está a unas dos horas de La Paz; el paisaje es completamente árido, muchos cactus y órganos, nada de árboles o palmeras, el calor en esta época del año es verdaderamente sofocante. El camino es increíble: de un lado montañas áridas y del otro el color azul del Mar de Cortés donde, por cierto, había un importante torneo de pesca y a lo lejos se podían ver varios yates tratando de atrapar el mejor ejemplar.

EN EL ACUARIO DEL MUNDO

Finalmente llegamos a Cabo Pulmo, el lugar está en medio de la nada, es un “pueblito” únicamente para buceo, hay 2 o 3 hotelitos, 3 restaurantes y 6 centros de buceo, no hay nada más, cosa que en verdad yo agradecí enormemente porque en verdad no hay nada comercial, es para verdaderos amantes del mar, la naturaleza y poca gente.

Quedamos de vernos con nuestros guías en un restaurancito para afinar detalles, ellos son Otto y Tamara, nos caímos re bien los 4, platicamos un poco de todo y empezamos a prepararnos para hacer los primeros buceos.

Foto: Paco Noriega

Fuimos hacia un lugar que se llama La Ventana en donde realizamos los dos primeros buceos, vimos un barco hundido muy grande, estaba separado en varias partes, la claridad del agua es impresionante y el tono de azul único. Vimos tortugas, langostas, miles de peces, pero sin duda lo que más llamó nuestra atención fueron las mantarrayas gigantes que salieron a nuestro encuentro, había yo visto varias en diferentes mares pero cómo estas en ningún lado, son impresionantemente grandes, la verdad dan miedo; como les gusta sentir las burbujas del aire en su panza, se ponen a nadar en círculos por encima de uno, ¡¡ayyyy nanitaaa!!

Es impresionante la manera en que nadan, parece que van volando, hacen un suave aleteo de arriba hacia abajo y de vez en cuando giran de arriba hacia abajo, en verdad es fantástico.

Les tengo que comentar que mi gran compañero Abancay (mi perro) nos acompañó en la lancha, ya ha subido montañas conmigo, me acompaña en la bici, caminatas largas, campamentos etcétera, solo le faltaba acompañarme en esto, era muy chistoso cuando nos tirábamos al mar y empezábamos a sumergirnos, él se asomaba y ladraba un poco al verme desaparecer… pobre.

Foto: Paco Noriega

Así estuvimos buceando toda la mañana, ya regresamos tarde a comer y a dormir para estar listos para el buceo del día siguiente que era el bueno.

Pasamos una larga noche, bastante malita por cierto, pues se descompuso la planta de energía del “pueblo” y el aire acondicionado no servía, por lo que tuvimos que salir de la habitación e intentar dormir en hamacas que encontramos en el jardín (creo que nunca había sentido un calor así). Después nos vimos para el desayuno en un restaurancito a orilla del mar (el único) para afinar los últimos detalles del siguiente buceo.

Era un día muy especial para mí, estaba en un lugar emblemático, el mar estaba increíblemente hermoso, iba a palomear una cosa más de mi lista y además era día de mi cumpleaños, ni por error me pasó por la cabeza que estaba ante uno de los días más felices de mi vida.

Foto: Paco Noriega

Cabo Pulmo es en verdad una pecera infinita, hay formaciones de piedras, grietas en el fondo, miles de peces de colores, cientos de corales, diferentes tonos de azul, miles de estrellas de mar, el mar tranquilo, en verdad una maravilla de la naturaleza. Algo pasó ese día que mi consumo de oxígeno era sumamente bajo por lo que estuve mucho tiempo en lo profundo, normalmente no duró tanto tiempo, lo que sí sé es que estaba muy relajado.

Dentro de las tantas cosas conocidas en Cabo Pulmo son los jureles, que son unos peces de unos 40 cm. que se juntan entre sí por montones, según les pegue la luz del sol a veces se ven plateados y otras negros, parece que hacen bailes, van de un lado a otro, son miles y cambian de dirección repentinamente, varias veces me metí entre ellos, no puedo describir la sensación de estar dando vueltas y girando con ellos, pasaron muchos cardúmenes de diferentes peces de varios colores, en fin, un verdadero alucine.

Después de terminar ese buceo fuimos hacia un barco hundido, este era bastante grande y también partido en varias partes, la mejor conservada estaba de lado, las demás eran pequeñas; el fondo del mar era completamente arena blanca y no había corales, todo el arrecife se había formado sobre de él. Estábamos buceando tranquilamente y observando un pulpo que nadaba rápidamente para esconderse en alguna parte del barco cuando de repente, al mirar a mi derecha pude ver una silueta grande muy cerca de nosotros y que ningún buzo quiere ver: un tiburón.

Foto: Paco Noriega

Rápidamente hice la señal a Tamara y a Carla de que había un tiburón, nos juntamos y nos hincamos como debe de hacerse en estos casos y esperamos a ver qué pasaba, no pasó mucho tiempo y nuevamente se nos acercó, por una experiencia del pasado yo ya sé que es un animal muy curioso y que se acerca demasiado a ver lo que le está llamando la atención, nada en círculos y en diferentes alturas, parece que se va y de repente aparece por otro lado; parecía que se había ido cuando regresó nuevamente, esta vez acompañado de dos tiburones más.

Me entró una sensación de respeto, entusiasmo y alerta a la vez, no lo había experimentado nunca. Estando hincado en el fondo del mar, volteaba yo en todas direcciones a ver si no se acercaban más, pero poco a poco se fueron marchando y pudimos continuar con nuestro buceo.

Vimos de todo y como buen recuerdo, cuando íbamos hacia arriba ya para salir, pude ver hacia el fondo nuevamente al tiburón marcharse muy despacio que parecía despedirse de nosotros. Ahora que estoy escribiendo esto, créanme que lo vuelvo a revivir y me emociono nuevamente; ¡¡fue algo fantástico!! TODO esto que les comento lo tengo grabado en mi GoPro, por si alguien no me cree o piensa que tengo una gran imaginación (¡¡que sí la tengo eeeh!!) lo podemos comprobar, yo con mucho gusto, ja, ja, ja, ja.

Foto: Paco Noriega

No podía terminar el día de una mejor manera, una rica comida de mariscos acompañada de vinos, cervezas y la rica plática acompañados de nuestros nuevos amigos Otto y Tamara. En verdad un gran día.

Al día siguiente despertamos y decidimos desayunar en Todos Santos, que está a 1 hora más o menos de La Paz, yo quería pasar por ahí para estar en el mítico Hotel California, en donde cuenta la leyenda que la banda de rock estadounidense Eagles se inspiró para crear la extraordinaria canción del mismo nombre, nada más falso. Caminamos un rato por el pueblito, vimos algunos bazares, tomamos fotos, comimos ricos tacos de pescado y continuamos con nuestro viaje, y ahora sí empezaba el camino hacia Ensenada… y la próxima semana les seguiré contando.

¡Saludos!

paco_noriega2001@yahoo.com

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