/ sábado 8 de agosto de 2020

El ocaso de una gran avenida | TURISTEANDO CON EL BARÓN ROJO

Esta historia se refiere al tramo correspondiente al Centro Histórico de la avenida Tacuba

Hola queridos lectores, como cada sábado agradeciéndoles el favor de recibirme en la calidad y la calidez de sus hogares, siempre con el deseo de que la estén pasando agradablemente en compañía de sus familias.

En esta entrega, aunque nos salimos un poquito de nuestra línea editorial, tengo la seguridad de que será de tu interés, por eso me animé a escribirla ya que, además, es un agradecimiento a mi esposa María Esther, pues esta nota la realizó totalmente ella. Déjenme que les platique.

En días pasados mi esposa fue de viaje relámpago a la Ciudad de México, en un paseo con sus amigas y, al caminar por las calles del Centro Histórico de esta gran ciudad, tomó una serie de fotografías mostrando algo que a su servidor sorprendió enormemente. Pero iniciemos esta narración.

Como nos indica la historia, la Ciudad de México se fundó sobre las ruinas prehispánicas de la legendaria Tenochtitlán. Al término de la conquista, en el año de 1521, los españoles edifican todos los templos y construcciones novohispanas sobre las ruinas de esta ciudad, pero como detalle curioso, del trazo original de Tenochtitlán sobrevivieron cuatro calzadas originales, existentes hasta nuestros días: la Calzada de la Verónica, hoy en día llamada Melchor Ocampo; la Avenida Acueducto de Chapultepec, actualmente con el mismo nombre; la Avenida Puente de Alvarado y la Avenida Tacuba.

Foto: Cortesía María Esther Zamora

LA CALLE MÁS ANTIGUA

Esta historia se refiere al tramo correspondiente al Centro Histórico de la avenida Tacuba, localizado a espaldas de la Catedral Metropolitana y que comprende desde la Plazuela del Empedradillo, al oriente, hasta el respaldo del Palacio de Bellas Artes, donde cambia de nombre por Avenida Hidalgo.

Se tiene registro de que esta es la calle más antigua de toda la Ciudad de México, pues ya está registrada en los códices prehispánicos hallados a lo largo de la historia del país. Según reza la leyenda, esta vía comunicaba desde el centro de la antigua Tenochtitlán como una calzada construida sobre arcos, con un total de ocho puentes, dato totalmente fantasioso, al menos para su servidor, pues los prehispánicos no tenían conocimiento del arco para sus construcciones, pues es invento romano.

Esta calzada con el tiempo fue el asentamiento predilecto de las más encumbradas y potentadas familias novohispanas, pues ahí edificaron las más bellas construcciones coloniales de las que se tiene registro, casonas señoriales, bellísimas mansiones, algunas francesas, inglesas y, desde luego, españolas, sin poder faltar las de origen morisco; casonas que con el paso del tiempo fueron heredadas, traspasadas o vendidas, las que mejor suerte corrieron, pues muchas al fallecer los dueños quedaron intestadas y algunas abandonadas.

En general, el destino de muchas de estas edificaciones fue incierto; durante la revolución muchas fueron adjudicadas a militares triunfantes de la revuelta y se repite la historia: fueron heredadas la mayoría e intestadas algunas, pero esta es solo la mitad de esta historia.

Foto: Cortesía María Esther Zamora

HOY EN DÍA

Ahora regresamos a la época actual, al siglo XXI. En esta calle de Tacuba, como si fuera una venganza de los dioses prehispánicos, dieron a las casonas lo que coloquialmente llamaríamos el “beso de judas”. Así es, cayó sobre estas mansiones una maldición de la que nunca se imaginarían que se librarían.

Como la ciudad de la Nueva España se construyó sobre el lecho de lo que fue el lago donde se asentaba la ciudad de Tenochtitlán, el suelo fangoso cobró venganza sobre estos inmuebles, pues las casas comenzaron a hundirse catastróficamente, dando por resultado bellas edificaciones peligrosamente desniveladas y, por causa del hundimiento de sus cimientos, su valor catastral se hundió con ellas.

Hoy en día la Calle de Tacuba luce el abandono de sus dueños, pues sus inmuebles tienen un valor actual inferior al de un auto usado. Algunas casonas muestran ya un declive de hundimiento mayor a los 10 grados de inclinación verticalmente. Ni las autoridades federales, ni locales o sus dueños saben cómo remediar este fenómeno físico.

Si la torre de Pisa en Italia necesitó la solución de cientos de científicos del mundo entero, estas casas están peor, pues no es una, son más de cincuenta y lo peor es que no existe espacio entre estas así que, si enderezan una, se derrumbarían las de junto en un efecto de “fichas de dominó”.

Mientras sus dueños o las autoridades encuentran una solución a este daño, la Calzada Tacuba luce el abandono en sus inmuebles, quedando como mudos testigos del México que ya se fue, el México colonial, el México en el cual se escribió la historia de nuestro país.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, el Barón Rojo. Nos leemos el próximo sábado.

  • WhatsApp: 22 14 15 85 38
  • Facebook: Eduardo Zamora Martínez

Hola queridos lectores, como cada sábado agradeciéndoles el favor de recibirme en la calidad y la calidez de sus hogares, siempre con el deseo de que la estén pasando agradablemente en compañía de sus familias.

En esta entrega, aunque nos salimos un poquito de nuestra línea editorial, tengo la seguridad de que será de tu interés, por eso me animé a escribirla ya que, además, es un agradecimiento a mi esposa María Esther, pues esta nota la realizó totalmente ella. Déjenme que les platique.

En días pasados mi esposa fue de viaje relámpago a la Ciudad de México, en un paseo con sus amigas y, al caminar por las calles del Centro Histórico de esta gran ciudad, tomó una serie de fotografías mostrando algo que a su servidor sorprendió enormemente. Pero iniciemos esta narración.

Como nos indica la historia, la Ciudad de México se fundó sobre las ruinas prehispánicas de la legendaria Tenochtitlán. Al término de la conquista, en el año de 1521, los españoles edifican todos los templos y construcciones novohispanas sobre las ruinas de esta ciudad, pero como detalle curioso, del trazo original de Tenochtitlán sobrevivieron cuatro calzadas originales, existentes hasta nuestros días: la Calzada de la Verónica, hoy en día llamada Melchor Ocampo; la Avenida Acueducto de Chapultepec, actualmente con el mismo nombre; la Avenida Puente de Alvarado y la Avenida Tacuba.

Foto: Cortesía María Esther Zamora

LA CALLE MÁS ANTIGUA

Esta historia se refiere al tramo correspondiente al Centro Histórico de la avenida Tacuba, localizado a espaldas de la Catedral Metropolitana y que comprende desde la Plazuela del Empedradillo, al oriente, hasta el respaldo del Palacio de Bellas Artes, donde cambia de nombre por Avenida Hidalgo.

Se tiene registro de que esta es la calle más antigua de toda la Ciudad de México, pues ya está registrada en los códices prehispánicos hallados a lo largo de la historia del país. Según reza la leyenda, esta vía comunicaba desde el centro de la antigua Tenochtitlán como una calzada construida sobre arcos, con un total de ocho puentes, dato totalmente fantasioso, al menos para su servidor, pues los prehispánicos no tenían conocimiento del arco para sus construcciones, pues es invento romano.

Esta calzada con el tiempo fue el asentamiento predilecto de las más encumbradas y potentadas familias novohispanas, pues ahí edificaron las más bellas construcciones coloniales de las que se tiene registro, casonas señoriales, bellísimas mansiones, algunas francesas, inglesas y, desde luego, españolas, sin poder faltar las de origen morisco; casonas que con el paso del tiempo fueron heredadas, traspasadas o vendidas, las que mejor suerte corrieron, pues muchas al fallecer los dueños quedaron intestadas y algunas abandonadas.

En general, el destino de muchas de estas edificaciones fue incierto; durante la revolución muchas fueron adjudicadas a militares triunfantes de la revuelta y se repite la historia: fueron heredadas la mayoría e intestadas algunas, pero esta es solo la mitad de esta historia.

Foto: Cortesía María Esther Zamora

HOY EN DÍA

Ahora regresamos a la época actual, al siglo XXI. En esta calle de Tacuba, como si fuera una venganza de los dioses prehispánicos, dieron a las casonas lo que coloquialmente llamaríamos el “beso de judas”. Así es, cayó sobre estas mansiones una maldición de la que nunca se imaginarían que se librarían.

Como la ciudad de la Nueva España se construyó sobre el lecho de lo que fue el lago donde se asentaba la ciudad de Tenochtitlán, el suelo fangoso cobró venganza sobre estos inmuebles, pues las casas comenzaron a hundirse catastróficamente, dando por resultado bellas edificaciones peligrosamente desniveladas y, por causa del hundimiento de sus cimientos, su valor catastral se hundió con ellas.

Hoy en día la Calle de Tacuba luce el abandono de sus dueños, pues sus inmuebles tienen un valor actual inferior al de un auto usado. Algunas casonas muestran ya un declive de hundimiento mayor a los 10 grados de inclinación verticalmente. Ni las autoridades federales, ni locales o sus dueños saben cómo remediar este fenómeno físico.

Si la torre de Pisa en Italia necesitó la solución de cientos de científicos del mundo entero, estas casas están peor, pues no es una, son más de cincuenta y lo peor es que no existe espacio entre estas así que, si enderezan una, se derrumbarían las de junto en un efecto de “fichas de dominó”.

Mientras sus dueños o las autoridades encuentran una solución a este daño, la Calzada Tacuba luce el abandono en sus inmuebles, quedando como mudos testigos del México que ya se fue, el México colonial, el México en el cual se escribió la historia de nuestro país.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, el Barón Rojo. Nos leemos el próximo sábado.

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