/ martes 3 de septiembre de 2019

La combinación perfecta | TURISTEANDO CON EL BARÓN ROJO

La historia de una pequeña casa, que guarda entre sus paredes un gran tesoro

Hola queridos lectores, como cada domingo aquí les presento la nota acostumbrada, en esta ocasión les voy a narrar la historia de una pequeña casa colonial, muy pequeña, pero con mucho de historia, espero les agrade.

Remontamos nuestra imaginación al año del señor de 1863, en plena ocupación francesa; estamos en la calle de costado de la sacristía de Santa Mónica, la actual calle 18 poniente, entre 5 de Mayo y 3 Norte; una calle alejada del centro, pero con varias características históricas: fue la primera calle en la ciudad en contar con alumbrado público.


En ese año el Ayuntamiento contrata a un particular la instalación de 600 luminarias alumbradas con resina de pino, también llamado trementina. A partir de esta calle es cuando nace la vida nocturna en la ciudad, pues también a partir de toda la 18 Oriente - Poniente, en 1889, se instalan las primeras luminarias eléctricas.

A lo largo de esta avenida y sobre la actual 5 de Mayo, en 1915 también se construyen los primeros drenajes subterráneos, dando inicio al fin de los desagües abiertos en la ciudad, terminando por fin con los desagradables aromas que emanaban por toda esta en épocas de verano.

A mitad de la acera norte, entre la actual 5 de Mayo y 3 Norte, según crónicas de la época la familia Rosas Moscoso, oriundos de Toledo, España, construye esta pequeña casa en el número 8; una clásica vivienda de familia de clase media, pues en aquella época los pobladores de esta nueva ciudad construían sus hogares con el número de patios que su bolsillo podía costear; en el caso de esta solamente cuenta con uno pequeño y una muy discreta zotehuela.

La casa es ocupada por la familia a lo largo del siglo XVII y se le pierde el rastro hasta finales del siglo XVIII; ya durante el siglo XX pasa de mano en mano, ignorándose el nombre y la alcurnia de los propietarios.

Es hasta el año de 1973 cuando se presenta en esta ciudad uno de los temblores más devastadores del cual se tenga registro; los ocupantes en ese momento de la vivienda salen despavoridos, al ver que el tiempo y el descuido le cobran la factura a la casona: el techo superior se viene abajo.

Por falta de sustento económico la casa es abandonada por una década, con los consecuentes resultados: el piso de la segunda planta también sucumbe y es cuando los propietarios, carentes de solvencia económica para rescatarla, deciden venderla a precio de remate. Los dueños actuales al comprarla también adquieren el compromiso de restaurarla.


Al momento de poner manos en acción se inicia el rescate y como primera labor, se saca el escombro de los techos derruidos, lo cual les lleva a contratar casi cien viajes de camiones de volteo. Ya vacíos los cuartos y por obra de la casualidad, se descubren en las paredes de la segunda planta dibujos ocultos, bellamente realizados por manos expertas.

Como debe de ser la responsabilidad de un dueño, consciente del valor del patrimonio poblano, se da parte a las autoridades y a través del INAH se calcula que fueron realizados en la misma fecha y época de los encontrados en los muros de lo que fue la casa del Deán, en la actual 16 de Septiembre esquina con la 7 Poniente. Prestos, los dueños financian la reconstrucción y restauración de estos dibujos, preservándolos como lo que son: un tesoro de los poblanos.

Actualmente, la casa ya restaurada, alberga una fábrica de otro tesoro poblano: la talavera. Así es, por eso el motivo del título de mi nota, la combinación perfecta: una bellísima casa colonial, unos dibujos artísticos del siglo XVII y el producto por excelencia de la Puebla colonial, la talavera. ¿Qué se le puede pedir a esta ciudad?, no en balde es una ciudad angelical.

Te invito querido lector a que en tu próxima visita al templo de Santa Mónica y al Señor de las Maravillas, aparte de entrar al museo, pases a conocer esta pequeña gran casa colonial que no está muy lejos, basta con cruzar la calle a la acera de enfrente para admirar el tesoro que tiene plasmado en sus muros.

Agradezco por este medio a la empresa de talavera Manos Mágicas las facilidades prestadas para la realización de esta nota.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, nos leemos la próxima semana.

Contacto:

  • WhatsApp: 22 14 15 85 38
  • Facebook: Eduardo Zamora Martínez

Hola queridos lectores, como cada domingo aquí les presento la nota acostumbrada, en esta ocasión les voy a narrar la historia de una pequeña casa colonial, muy pequeña, pero con mucho de historia, espero les agrade.

Remontamos nuestra imaginación al año del señor de 1863, en plena ocupación francesa; estamos en la calle de costado de la sacristía de Santa Mónica, la actual calle 18 poniente, entre 5 de Mayo y 3 Norte; una calle alejada del centro, pero con varias características históricas: fue la primera calle en la ciudad en contar con alumbrado público.


En ese año el Ayuntamiento contrata a un particular la instalación de 600 luminarias alumbradas con resina de pino, también llamado trementina. A partir de esta calle es cuando nace la vida nocturna en la ciudad, pues también a partir de toda la 18 Oriente - Poniente, en 1889, se instalan las primeras luminarias eléctricas.

A lo largo de esta avenida y sobre la actual 5 de Mayo, en 1915 también se construyen los primeros drenajes subterráneos, dando inicio al fin de los desagües abiertos en la ciudad, terminando por fin con los desagradables aromas que emanaban por toda esta en épocas de verano.

A mitad de la acera norte, entre la actual 5 de Mayo y 3 Norte, según crónicas de la época la familia Rosas Moscoso, oriundos de Toledo, España, construye esta pequeña casa en el número 8; una clásica vivienda de familia de clase media, pues en aquella época los pobladores de esta nueva ciudad construían sus hogares con el número de patios que su bolsillo podía costear; en el caso de esta solamente cuenta con uno pequeño y una muy discreta zotehuela.

La casa es ocupada por la familia a lo largo del siglo XVII y se le pierde el rastro hasta finales del siglo XVIII; ya durante el siglo XX pasa de mano en mano, ignorándose el nombre y la alcurnia de los propietarios.

Es hasta el año de 1973 cuando se presenta en esta ciudad uno de los temblores más devastadores del cual se tenga registro; los ocupantes en ese momento de la vivienda salen despavoridos, al ver que el tiempo y el descuido le cobran la factura a la casona: el techo superior se viene abajo.

Por falta de sustento económico la casa es abandonada por una década, con los consecuentes resultados: el piso de la segunda planta también sucumbe y es cuando los propietarios, carentes de solvencia económica para rescatarla, deciden venderla a precio de remate. Los dueños actuales al comprarla también adquieren el compromiso de restaurarla.


Al momento de poner manos en acción se inicia el rescate y como primera labor, se saca el escombro de los techos derruidos, lo cual les lleva a contratar casi cien viajes de camiones de volteo. Ya vacíos los cuartos y por obra de la casualidad, se descubren en las paredes de la segunda planta dibujos ocultos, bellamente realizados por manos expertas.

Como debe de ser la responsabilidad de un dueño, consciente del valor del patrimonio poblano, se da parte a las autoridades y a través del INAH se calcula que fueron realizados en la misma fecha y época de los encontrados en los muros de lo que fue la casa del Deán, en la actual 16 de Septiembre esquina con la 7 Poniente. Prestos, los dueños financian la reconstrucción y restauración de estos dibujos, preservándolos como lo que son: un tesoro de los poblanos.

Actualmente, la casa ya restaurada, alberga una fábrica de otro tesoro poblano: la talavera. Así es, por eso el motivo del título de mi nota, la combinación perfecta: una bellísima casa colonial, unos dibujos artísticos del siglo XVII y el producto por excelencia de la Puebla colonial, la talavera. ¿Qué se le puede pedir a esta ciudad?, no en balde es una ciudad angelical.

Te invito querido lector a que en tu próxima visita al templo de Santa Mónica y al Señor de las Maravillas, aparte de entrar al museo, pases a conocer esta pequeña gran casa colonial que no está muy lejos, basta con cruzar la calle a la acera de enfrente para admirar el tesoro que tiene plasmado en sus muros.

Agradezco por este medio a la empresa de talavera Manos Mágicas las facilidades prestadas para la realización de esta nota.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, nos leemos la próxima semana.

Contacto:

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  • Facebook: Eduardo Zamora Martínez

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