/ sábado 28 de noviembre de 2020

La justicia novohispana | TURISTEANDO CON EL BARÓN ROJO

Historia y descripción de un hermoso inmueble, que en otro tiempo fuera colegio de derecho y hoy es sede del poder judicial

Hola queridos lectores, nuevamente les agradezco el favor de su atención por seguirme sábado a sábado en mis notas históricas. En esta ocasión, realizando mis cotidianos vuelos de reconocimiento por el centro citadino, logré aterrizar sobre el techo de un bello inmueble localizado en la esquina suroriente de la Catedral angelopolitana, exactamente a una cuadra al sur del zócalo: se trata del palacio de justicia. Comencemos.

UNA BELLA JOYA DEL BARROCO

Este precioso y enorme inmueble está localizado en la esquina de la 5 Oriente y la Calle 2 sur, es la sede de la Suprema Corte de Justicia; aquí se llevan a cabo los juicios más complicados y difíciles que se presentan en todo el estado de Puebla. Lo que no se resuelve aquí, entonces se traslada a la Suprema Corte de la Nación en la Ciudad de México.

El inmueble fue construido, según crónicas, en el año de 1762 por mandato del obispo Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu y fue integrado a los colegios construidos durante el arzobispado de Juan de Palafox y Mendoza; en la parte superior del portal principal están tallados en cantera sus escudos respectivos: a la izquierda, el del obispo y a la derecha, el del arzobispo.

Esta enorme propiedad funcionó como parte de los Colegios Palafoxianos que integraban la manzana completa: San Pantaleón, San Juan, San Pedro y San Pablo, los cuatro dedicados a la impartición de estudios superiores seglares de distinto tipo, preferentemente enfocados a beneficiar a las clases pobres de la naciente ciudad.

En este específicamente se enseñaba Derecho Canónico y Derecho Civil, función que se llevó a cabo hasta el año de 1862, cuando se aplican las Leyes de Reforma y el inmueble se le expropia a la iglesia, al igual que los otros tres, siendo este último vendido a particulares, adquirido por el gobierno del estado en 1867 y destinado a ser la sede del poder judicial.

EL INMUEBLE

Esta bella casona cuenta con un gran patio arcado de dos plantas, pero con la característica de que tiene entre estas un entrepiso, esto es, aprovechando la altura de los techos de la planta baja se construyeron habitaciones, quedando estas debajo del segundo piso (este mismo principio de arquitectura lo muestra el tercer patio del edificio Carolino, un bello y tenebroso lugar popularmente conocido como “las catacumbas”).

Cada cuerpo de esas habitaciones con su propia escalera oculta para su acceso, esto se acostumbraba para no restarle belleza a la enorme escalinata, localizada al centro de la arcada del fondo del patio, una bella obra de arquitectura que le agrega un aire ceremonial; es amplia en su primer acceso y tiene una elegante bifurcación en dos bellas escalinatas laterales.

En la parte superior, coronando esta escalera, la estatua de la justicia, como siempre con su venda en los ojos, porque debe de ser ciega; en la mano derecha, la balanza romana, porque debe de ser justa y equilibrada, y en su mano izquierda, la espada, símbolo de la aplicación de la justicia, haciendo remembranza a un párrafo del evangelio según San Mateo, donde Jesús les dice a sus discípulos: “... no les traigo paz, les traigo espadas”.

LA ARQUITECTURA NOVOHISPANA POBLANA

Además, esta magna obra cuenta con un gran pasillo arcado en su segundo piso, bellamente adornado con barandales de hierro forjado, con remates en bronce y cobre; todo el trabajo en madera realizado en cedro y ébano, el pozo de la escalera cuenta con un enorme y elegante farol de hierro forjado, a mi parecer, por el tamaño, con un peso de más de 200 kilos y con una altura de casi un metro; ni de broma me gustaría estar cerca de él durante un temblor, ha de ser impresionante el ver como se balancearía esa enorme mole de hierro.

Toda esta construcción es un bello ejemplo de lo que yo he llamado “la escuela de la arquitectura poblana”: un gran patio colonial arcado, contando al centro su característica fuente barroca ornamental, sin faltar su bella escalera monumental.

Dentro de las habitaciones del entrepiso cuenta con una gran biblioteca, totalmente elaborada en madera, con una elegante escalera de caracol del mismo material, además de sus elegantes barandas del segundo piso, todo esto formando un bello regalo para la vista, digna de ser visitada.

En tu primera oportunidad, cuando estés cerca de ella, no dejes de pasar a conocerla, otro más de los grandes tesoros escondidos en nuestra angelópolis.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, el Barón Rojo. Nos leemos el próximo sábado.

  • WhatsApp: 22 14 15 85 38
  • Facebook: Eduardo Zamora Martínez

Hola queridos lectores, nuevamente les agradezco el favor de su atención por seguirme sábado a sábado en mis notas históricas. En esta ocasión, realizando mis cotidianos vuelos de reconocimiento por el centro citadino, logré aterrizar sobre el techo de un bello inmueble localizado en la esquina suroriente de la Catedral angelopolitana, exactamente a una cuadra al sur del zócalo: se trata del palacio de justicia. Comencemos.

UNA BELLA JOYA DEL BARROCO

Este precioso y enorme inmueble está localizado en la esquina de la 5 Oriente y la Calle 2 sur, es la sede de la Suprema Corte de Justicia; aquí se llevan a cabo los juicios más complicados y difíciles que se presentan en todo el estado de Puebla. Lo que no se resuelve aquí, entonces se traslada a la Suprema Corte de la Nación en la Ciudad de México.

El inmueble fue construido, según crónicas, en el año de 1762 por mandato del obispo Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu y fue integrado a los colegios construidos durante el arzobispado de Juan de Palafox y Mendoza; en la parte superior del portal principal están tallados en cantera sus escudos respectivos: a la izquierda, el del obispo y a la derecha, el del arzobispo.

Esta enorme propiedad funcionó como parte de los Colegios Palafoxianos que integraban la manzana completa: San Pantaleón, San Juan, San Pedro y San Pablo, los cuatro dedicados a la impartición de estudios superiores seglares de distinto tipo, preferentemente enfocados a beneficiar a las clases pobres de la naciente ciudad.

En este específicamente se enseñaba Derecho Canónico y Derecho Civil, función que se llevó a cabo hasta el año de 1862, cuando se aplican las Leyes de Reforma y el inmueble se le expropia a la iglesia, al igual que los otros tres, siendo este último vendido a particulares, adquirido por el gobierno del estado en 1867 y destinado a ser la sede del poder judicial.

EL INMUEBLE

Esta bella casona cuenta con un gran patio arcado de dos plantas, pero con la característica de que tiene entre estas un entrepiso, esto es, aprovechando la altura de los techos de la planta baja se construyeron habitaciones, quedando estas debajo del segundo piso (este mismo principio de arquitectura lo muestra el tercer patio del edificio Carolino, un bello y tenebroso lugar popularmente conocido como “las catacumbas”).

Cada cuerpo de esas habitaciones con su propia escalera oculta para su acceso, esto se acostumbraba para no restarle belleza a la enorme escalinata, localizada al centro de la arcada del fondo del patio, una bella obra de arquitectura que le agrega un aire ceremonial; es amplia en su primer acceso y tiene una elegante bifurcación en dos bellas escalinatas laterales.

En la parte superior, coronando esta escalera, la estatua de la justicia, como siempre con su venda en los ojos, porque debe de ser ciega; en la mano derecha, la balanza romana, porque debe de ser justa y equilibrada, y en su mano izquierda, la espada, símbolo de la aplicación de la justicia, haciendo remembranza a un párrafo del evangelio según San Mateo, donde Jesús les dice a sus discípulos: “... no les traigo paz, les traigo espadas”.

LA ARQUITECTURA NOVOHISPANA POBLANA

Además, esta magna obra cuenta con un gran pasillo arcado en su segundo piso, bellamente adornado con barandales de hierro forjado, con remates en bronce y cobre; todo el trabajo en madera realizado en cedro y ébano, el pozo de la escalera cuenta con un enorme y elegante farol de hierro forjado, a mi parecer, por el tamaño, con un peso de más de 200 kilos y con una altura de casi un metro; ni de broma me gustaría estar cerca de él durante un temblor, ha de ser impresionante el ver como se balancearía esa enorme mole de hierro.

Toda esta construcción es un bello ejemplo de lo que yo he llamado “la escuela de la arquitectura poblana”: un gran patio colonial arcado, contando al centro su característica fuente barroca ornamental, sin faltar su bella escalera monumental.

Dentro de las habitaciones del entrepiso cuenta con una gran biblioteca, totalmente elaborada en madera, con una elegante escalera de caracol del mismo material, además de sus elegantes barandas del segundo piso, todo esto formando un bello regalo para la vista, digna de ser visitada.

En tu primera oportunidad, cuando estés cerca de ella, no dejes de pasar a conocerla, otro más de los grandes tesoros escondidos en nuestra angelópolis.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, el Barón Rojo. Nos leemos el próximo sábado.

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