/ sábado 6 de febrero de 2021

Patios poblanos, inspiración para artistas | TURISTEANDO CON EL BARÓN ROJO

Un homenaje póstumo a un gran artista de nuestra ciudad: el profesor de artes plásticas Javier López Merino

Hola queridos lectores, gracias por recibirme este sábado en sus hogares. En esta ocasión les voy a presentar nuevamente este tema, los patios coloniales, pero ahora como un homenaje póstumo a un gran artista de nuestra ciudad: el profesor de artes plásticas Javier López Merino quien, para su servidor fue el mejor y más grande dibujante y pintor del Barrio del Artista.

Digo esto porque a lo largo de los más de treinta años de conocerlo nunca llegué a ver en este espacio, semillero de artistas plásticos poblanos, un dibujante tan perfecto en su trabajo, que fue fuente de inspiración para su servidor en varias entregas como esta.

Su calidad artística fue tan increíble que, precisamente esta nota, es un catálogo de sus más increíbles trabajos; tan perfectos que es difícil distinguir cuál es la fotografía y cuál la pintura. Para usted, querido profesor Javier, hasta el cielo, mi esposa María Esther y su servidor publicamos este reconocimiento a su calidad de artista y de amigo. Que en paz descanse.

Nuestra Angelópolis se caracteriza por lo majestuoso de su Centro Histórico y dentro de estos tesoros están los cientos de casas coloniales, construcciones de los siglos XVI, XVII y XVIII, casonas en las que resalta siempre, en primer lugar, el majestuoso patio colonial, todos con las mismas características: enmarcados con soberbias arcadas, escaleras dignas de un cuento de hadas, con sus descansos a función de miradores, fuentes bellamente diseñadas, ya sea al centro del patio o de media luna al costado de este; balconearía de hierro forjado, con sus imprescindibles portamacetas y, como punto final de este bello cuadro, los pisos totalmente cubiertos de lajas de piedra de cantera.

Pues todo esto ha sido fuente de inspiración para cientos de artistas, como el maestro pintor Javier López Merino, quien ha logrado incluso confundirnos con una fotografía y una pintura de la misma escena, logrando engañar a nuestros ojos. O artistas de la lente, como el fotógrafo Adalberto Luyando Lares, magos que con sus antiguas cámaras de fuelle a través del tiempo han plasmado en papel fotográfico momentos históricos, escenas familiares, situaciones irrepetibles, los cuales jamás se volverán a ver.

Estas enormes casonas en lo que fue su época de oro albergaron a familias de la alcurnia poblana, cuyos apellidos eran símbolo de estatus económico, era que al llegar a su fin las casas caen en el olvido, en el abandono y, con un poco de suerte, se convierten en populares vecindarios, cuna de miles de historias que han sido objeto de inspiración para argumentos de películas, telenovelas, programas de radio o televisión.

Y con la llegada de la modernidad, estas casas nuevamente cayeron en el abandono. Pero ahora surge una nueva generación de poblanos, que al ver el tesoro arquitectónico que representan, las recuperan para su remodelación; algunas para casa habitación, comercios, plazas comerciales o, en el mejor de los casos, hoteles de lujo y súper lujo.

Tan es así que he recibido información de que a veces son escondites para el descanso de muy encumbrados artistas, los cuales, huyendo de su fama, se refugian en estas casonas para descansar y recargar energías para su duro y agotador trabajo.

Así es querido lector, nuestros patios coloniales, tesoros que son la envidia de muchas ciudades, siempre serán una inagotable fuente de inspiración para artistas, tanto neófitos como experimentados; un bello regalo para nuestros ojos y un remanso de tranquilidad para nuestras mentes.

Querido lector, siempre que tengas oportunidad camina por estas calles de Dios y adéntrate en estas bellas máquinas del tiempo, los patios poblanos, y respira la historia misma que habita en cada uno de ellos, empápate de la tranquilidad que muestran su belleza y su majestuosidad, visita tu ciudad, disfrútala, vívela.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, el Barón Rojo. Nos leemos el próximo sábado.

  • WhatsApp: 22 14 15 85 38
  • Facebook: Eduardo Zamora Martínez

Hola queridos lectores, gracias por recibirme este sábado en sus hogares. En esta ocasión les voy a presentar nuevamente este tema, los patios coloniales, pero ahora como un homenaje póstumo a un gran artista de nuestra ciudad: el profesor de artes plásticas Javier López Merino quien, para su servidor fue el mejor y más grande dibujante y pintor del Barrio del Artista.

Digo esto porque a lo largo de los más de treinta años de conocerlo nunca llegué a ver en este espacio, semillero de artistas plásticos poblanos, un dibujante tan perfecto en su trabajo, que fue fuente de inspiración para su servidor en varias entregas como esta.

Su calidad artística fue tan increíble que, precisamente esta nota, es un catálogo de sus más increíbles trabajos; tan perfectos que es difícil distinguir cuál es la fotografía y cuál la pintura. Para usted, querido profesor Javier, hasta el cielo, mi esposa María Esther y su servidor publicamos este reconocimiento a su calidad de artista y de amigo. Que en paz descanse.

Nuestra Angelópolis se caracteriza por lo majestuoso de su Centro Histórico y dentro de estos tesoros están los cientos de casas coloniales, construcciones de los siglos XVI, XVII y XVIII, casonas en las que resalta siempre, en primer lugar, el majestuoso patio colonial, todos con las mismas características: enmarcados con soberbias arcadas, escaleras dignas de un cuento de hadas, con sus descansos a función de miradores, fuentes bellamente diseñadas, ya sea al centro del patio o de media luna al costado de este; balconearía de hierro forjado, con sus imprescindibles portamacetas y, como punto final de este bello cuadro, los pisos totalmente cubiertos de lajas de piedra de cantera.

Pues todo esto ha sido fuente de inspiración para cientos de artistas, como el maestro pintor Javier López Merino, quien ha logrado incluso confundirnos con una fotografía y una pintura de la misma escena, logrando engañar a nuestros ojos. O artistas de la lente, como el fotógrafo Adalberto Luyando Lares, magos que con sus antiguas cámaras de fuelle a través del tiempo han plasmado en papel fotográfico momentos históricos, escenas familiares, situaciones irrepetibles, los cuales jamás se volverán a ver.

Estas enormes casonas en lo que fue su época de oro albergaron a familias de la alcurnia poblana, cuyos apellidos eran símbolo de estatus económico, era que al llegar a su fin las casas caen en el olvido, en el abandono y, con un poco de suerte, se convierten en populares vecindarios, cuna de miles de historias que han sido objeto de inspiración para argumentos de películas, telenovelas, programas de radio o televisión.

Y con la llegada de la modernidad, estas casas nuevamente cayeron en el abandono. Pero ahora surge una nueva generación de poblanos, que al ver el tesoro arquitectónico que representan, las recuperan para su remodelación; algunas para casa habitación, comercios, plazas comerciales o, en el mejor de los casos, hoteles de lujo y súper lujo.

Tan es así que he recibido información de que a veces son escondites para el descanso de muy encumbrados artistas, los cuales, huyendo de su fama, se refugian en estas casonas para descansar y recargar energías para su duro y agotador trabajo.

Así es querido lector, nuestros patios coloniales, tesoros que son la envidia de muchas ciudades, siempre serán una inagotable fuente de inspiración para artistas, tanto neófitos como experimentados; un bello regalo para nuestros ojos y un remanso de tranquilidad para nuestras mentes.

Querido lector, siempre que tengas oportunidad camina por estas calles de Dios y adéntrate en estas bellas máquinas del tiempo, los patios poblanos, y respira la historia misma que habita en cada uno de ellos, empápate de la tranquilidad que muestran su belleza y su majestuosidad, visita tu ciudad, disfrútala, vívela.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, el Barón Rojo. Nos leemos el próximo sábado.

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