/ martes 23 de abril de 2019

Una puebla muy liliputiense | TURISTEANDO CON EL BARÓN ROJO

Un cuento al más puro estilo de Jonathan Swift

Hola queridos lectores, aquí como cada domingo su servidor Eduardo Zamora, pasando lista de presente con el favor de Dios y de ustedes. En esta ocasión les voy a narrar un cuento, así es, un cuento al más puro estilo de Jonathan Swift, un viaje a la Puebla Liliputiense, comencemos.

Una madrugada me despierto muy exaltado y cual fue mi sorpresa que me encuentro en una planicie rodeada de volcanes, pero algo increíble, volcanes que me llegan a la altura de los ojos: el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y la Malinche; camino al centro de esa planicie y me encuentro una Catedral, que me llega a las rodillas, un edificio Carolino, no más alto que mis tobillos, tan pequeño, que en dos pasos lo rodeo completamente, incluida la iglesia de la Compañía, al igual que la Catedral, a media pierna de altura; un primoroso hospital de San Pedro, con su templo, con su patio, imaginándome la cancha de San Pedro, con sus gradas y su red de volibol, no mayor a medio metro por lado, ¿pero qué es lo que me pasa, en donde estoy?, al despertarme de un sobresalto, me doy cuenta de mi sueño… y entonces comprendo.

Es que por mi mente pasaron todas esas hermosas maquetas que simbolizan los más bellos edificios poblanos, maquetas que he fotografiado en todos esos viajes constantes que realizo en mis diarios caminares por estas calles de Dios; fotografías que he guardado desde hace más de cuarenta años, como las del bello castillito de piedra que está en la rotonda principal de la ciudad militar, allá por la junta auxiliar de Zaragoza, fotografía que tomé cuando realice mi servicio militar, ¿existirá todavía?, ojalá que sí, pues me trae recuerdos de mi juventud.

Otra maqueta que vemos todos los días en nuestro diario andar es la del centro histórico, a la entrada del Palacio Municipal, por cierto, con tristeza, muy descuidada. A unos pasos, dentro del Museo Universitario Casa de los Muñecos una extraordinaria maqueta de la casa colonial más grande del país, el edificio carolino, con todo y la impresionante iglesia de la Compañía de Jesús.

Unas cuadras al sur en la Casa de la Cultura, en el anexo “Tesoros de la Catedral” dos bellísimas maquetas, la de la Catedral, presumiendo el último grito de la tecnología maqueteril, la impresión en 3D, junto con una reliquia del siglo XVI, la maqueta antigua del altar mayor de Catedral, o mejor llamado Baldaquino, tan antigua y en tan perfecto estado que nadie imaginaria que es una reliquia de la época de la construcción de nuestra catedral.

A unas cuantas calles, al norte del Paseo Bravo, se encuentra el Museo del Ejército, Marina y Fuerza Aérea y ahí encontramos una maqueta de lo que fue por muchos años la penitenciaria de San Javier, ya convertida el que también fue por muchos años el Instituto Cultural Poblano.

Además, tengo fotos de las maquetas de estanquillos, que alguna vez nos visitaron directamente del Museo del Estanquillo de la Ciudad de México, la colección particular que perteneció al escritor popular Carlos Monsiváis, con más de cien maquetas de las mas populares tiendas, estanquillos, accesorias que formaron el México post revolucionario. Pero entre todas hay una que llamó mucho mi atención: dentro de esas tiendas aparece estelarmente la camotería EL LIRIO, decana de las dulcerías de la calle de Santa Clara, ¡ah eso sí!, con todo y su bellísimo y enorme espejo francés, además el poblanísimo y muy exclusivo estudio fotográfico Josaphat, visita obligada de todas las novias poblanas de postín.

Y por último, no podía faltar la maqueta del famoso, enorme y bellísimo Museo Amparo, cuyo majestuoso vestíbulo fue el último trabajo realizado por el afamado arquitecto Pedro Ramírez Vásquez, en la calle 2 sur entre la 7 y 9 oriente, tan bella maqueta que incluye la capilla del Hospitalito.

¿Qué más te puedo describir querido lector?, hay mas maquetas, muchas más, pero estas son las que aparecieron en mi sueño, un sueño que solamente los poblanos nos podemos dar el lujo de disfrutar, convirtiéndonos por un momento en un Gulliver muy poblano.

Se despide de ustedes su amigo El Barón Rojo, agradezco el favor de su atención y los invito a contactarme para cualquier comentario o sugerencia. Hasta la próxima.

  • profelalo2002@hotmail.com
  • FB: Eduardo Zamora Martínez
  • Nuevo WhatsApp: 2214.15.85.38

Hola queridos lectores, aquí como cada domingo su servidor Eduardo Zamora, pasando lista de presente con el favor de Dios y de ustedes. En esta ocasión les voy a narrar un cuento, así es, un cuento al más puro estilo de Jonathan Swift, un viaje a la Puebla Liliputiense, comencemos.

Una madrugada me despierto muy exaltado y cual fue mi sorpresa que me encuentro en una planicie rodeada de volcanes, pero algo increíble, volcanes que me llegan a la altura de los ojos: el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y la Malinche; camino al centro de esa planicie y me encuentro una Catedral, que me llega a las rodillas, un edificio Carolino, no más alto que mis tobillos, tan pequeño, que en dos pasos lo rodeo completamente, incluida la iglesia de la Compañía, al igual que la Catedral, a media pierna de altura; un primoroso hospital de San Pedro, con su templo, con su patio, imaginándome la cancha de San Pedro, con sus gradas y su red de volibol, no mayor a medio metro por lado, ¿pero qué es lo que me pasa, en donde estoy?, al despertarme de un sobresalto, me doy cuenta de mi sueño… y entonces comprendo.

Es que por mi mente pasaron todas esas hermosas maquetas que simbolizan los más bellos edificios poblanos, maquetas que he fotografiado en todos esos viajes constantes que realizo en mis diarios caminares por estas calles de Dios; fotografías que he guardado desde hace más de cuarenta años, como las del bello castillito de piedra que está en la rotonda principal de la ciudad militar, allá por la junta auxiliar de Zaragoza, fotografía que tomé cuando realice mi servicio militar, ¿existirá todavía?, ojalá que sí, pues me trae recuerdos de mi juventud.

Otra maqueta que vemos todos los días en nuestro diario andar es la del centro histórico, a la entrada del Palacio Municipal, por cierto, con tristeza, muy descuidada. A unos pasos, dentro del Museo Universitario Casa de los Muñecos una extraordinaria maqueta de la casa colonial más grande del país, el edificio carolino, con todo y la impresionante iglesia de la Compañía de Jesús.

Unas cuadras al sur en la Casa de la Cultura, en el anexo “Tesoros de la Catedral” dos bellísimas maquetas, la de la Catedral, presumiendo el último grito de la tecnología maqueteril, la impresión en 3D, junto con una reliquia del siglo XVI, la maqueta antigua del altar mayor de Catedral, o mejor llamado Baldaquino, tan antigua y en tan perfecto estado que nadie imaginaria que es una reliquia de la época de la construcción de nuestra catedral.

A unas cuantas calles, al norte del Paseo Bravo, se encuentra el Museo del Ejército, Marina y Fuerza Aérea y ahí encontramos una maqueta de lo que fue por muchos años la penitenciaria de San Javier, ya convertida el que también fue por muchos años el Instituto Cultural Poblano.

Además, tengo fotos de las maquetas de estanquillos, que alguna vez nos visitaron directamente del Museo del Estanquillo de la Ciudad de México, la colección particular que perteneció al escritor popular Carlos Monsiváis, con más de cien maquetas de las mas populares tiendas, estanquillos, accesorias que formaron el México post revolucionario. Pero entre todas hay una que llamó mucho mi atención: dentro de esas tiendas aparece estelarmente la camotería EL LIRIO, decana de las dulcerías de la calle de Santa Clara, ¡ah eso sí!, con todo y su bellísimo y enorme espejo francés, además el poblanísimo y muy exclusivo estudio fotográfico Josaphat, visita obligada de todas las novias poblanas de postín.

Y por último, no podía faltar la maqueta del famoso, enorme y bellísimo Museo Amparo, cuyo majestuoso vestíbulo fue el último trabajo realizado por el afamado arquitecto Pedro Ramírez Vásquez, en la calle 2 sur entre la 7 y 9 oriente, tan bella maqueta que incluye la capilla del Hospitalito.

¿Qué más te puedo describir querido lector?, hay mas maquetas, muchas más, pero estas son las que aparecieron en mi sueño, un sueño que solamente los poblanos nos podemos dar el lujo de disfrutar, convirtiéndonos por un momento en un Gulliver muy poblano.

Se despide de ustedes su amigo El Barón Rojo, agradezco el favor de su atención y los invito a contactarme para cualquier comentario o sugerencia. Hasta la próxima.

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