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Duarte, financiero del PRI poblano

  • Del Reportero | Fernando Crisanto

Los ex dirigentes estatales del PRI Juan Carlos Lastiri, Fernando Morales y Pablo Fernández del Campo, deberán en su momento dejar en claro cómo, cuándo y cuánto, aportó para la operación del Partido Revolucionario Institucional poblano el ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa.

No fue un secreto para la dirigencia ni para los militantes que después de su derrota en 2010 y la perdida de Casa Puebla en 2011, perdieron los recursos frescos que mensualmente les entregaban en la Secretaría de Finanzas del gobierno del estado para su manutención y le tocó al mandatario vecino de Veracruz enviar dinero para la nómina y su trabajo diario.

El Revolucionario Institucional poblano recibió recursos de Javier Duarte por lo menos de 2011 a 2013, en un acuerdo con su dirigencia nacional y en su momento con la gente del candidato presidencial, Enrique Peña Nieto.

Duarte estableció un vínculo directo con el PRI estatal y de ello pueden dar cuenta Lastiri y Morales cuando trabajaron coordinados con el veracruzano Ranulfo Márquez, quien llegó a la entidad como delegado general del Comité Ejecutivo Nacional.

Priistas consultados y que operaron en esos años, explicaron que por lo menos eran dos millones de pesos mensuales los que llegaban a las arcas del partido en el estado y si mandaba más era manejado directamente por el delegado y el presidente local tricolor.

Duarte no tuvo empacho en mandar los recursos porque de alguna forma influyó en la designación de candidatos a diputados federales, es más el propio Lastiri estuvo a punto de ser nominado al Senado y sólo lo impidió que el PRI necesitaba nominar más mujeres y el propio Miguel Ángel Osorio Chong a nombre de Peña Nieto le pidió que cediera su lugar a Blanca Alcalá.

Duarte fue consultado y recomendó aceptar el trueque para buscar después una posición en la administración federal, lo que ocurrió cuando fue designado subsecretario de Desarrollo Social.

La influencia del veracruzano era tal en la política social que consiguió para Ranulfo Márquez la delegación de Sedesol y más tarde lo designó secretario estatal de la misma cartera.

El gobierno panista de Felipe Calderón supo del papel estratégico que cumplía Duarte en la estructura priista, tanto que el 27 de enero de 2012 enviados del gobierno de Veracruz fueron detenidos por policías federales en el aeropuerto de Toluca con 25 millones de pesos en efectivo. Portaban un oficio de la tesorería veracruzana que justificaba los recursos.

El gobierno federal hizo público el descubrimiento, pero jamás hubo sanción alguna ni tampoco se conocieron detalles certeros de a quién se destinaba esa cantidad de recursos líquidos.

El hecho fue ignorado y cerrado por funcionarios de Calderón, la versión popular es que para entonces el panista había negociado el respaldo y la estructura de su gestión a favor de Peña Nieto y había condenado al tercer lugar electoral a la candidata presidencial panista, Josefina Vázquez Mota.

Los involucrados nunca desmintieron las versiones publicadas al respecto.

Los pasos de Duarte por Puebla son conocidos y confirmados por los priistas que supieron como llegó el dinero líquido de la vecina entidad para mantener la operación del partido después de que perdieron el gobierno y por tanto el financiamiento oficial.

Los priistas, cada uno por su parte, se encargó de buscar beneficios personales negociando y acordando con el gobierno panista, que pudo así cooptar a los principales líderes del PRI en la entidad y navegar sin problemas.

Ahora que Duarte está en desgracia hay un temor válido entre sus compañeros del partido en el pasado, que hable y explique cómo financió al PRI o que las investigaciones de las procuradurías lleven a demostrar que desvió ilegalmente recursos públicos para financiar políticos, partidos y campañas, incluida la estructura de Puebla.

Desde el sábado pasado por la noche, más de un priista poblano puso sus barbas a remojar.

De las anécdotas que se cuentan

¿En qué momento el Sistema Político Mexicano perdió el control de sus hombres y permitió que se enriquecieran escandalosamente hasta construir fortunas que lastiman e irritan a los mexicanos?

La alternancia fue definitiva para que los gobernadores convertidos en virreyes se asumieran como seres inmunes e impunes que podían hacer y deshacer con el dinero público.

No es casual que ahora sean 16 los ex gobernadores mexicanos de todos los partidos los que enfrentan procesos de criminalización que van desde cárcel, detenciones, órdenes de aprehensión, e investigaciones por malversación de fondos y riqueza inexplicable y en varios casos su gestión está vinculada con su colusión con el crimen organizado.

Un hombre del Sistema como Javier García Paniagua en 1981, cuando peleaba por suceder a José López Portillo, confiaba que la fortaleza del sistema presidencialista estaba en “la cola” que tenían todos los políticos mexicanos.

Eran los tiempos de partido único y la oposición si bien le iba contaba con posiciones legislativas y algunas presidencias municipales, no más.

El Presidente en turno pisaba esa “cola” de corrupción y frenaba los excesos de los funcionarios y gobernadores.

Cuando los Presidentes de la República fueron panistas esa llave de seguridad se acabó y en ocasiones toleraron los excesos de los gobernadores, sus funcionarios y sus familiares, como en el caso de Felipe Calderón con Javier Duarte.

Sin controles y castigos, la clase política mexicana mostro podredumbre y falta de escrúpulos, la riqueza que da el poder es todo para ellos.

Y en eso están, hasta que la sociedad les ponga un alto contundente.

¿Habrá llegado el momento?

Veremos.

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