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El rico del panteón

por Guillermo Pacheco Pulido

La vida cotidiana te proporciona variedad de temas para comentarlos con el público. Es el caso de un amigo cuya abuelita murió hace treinta años en Monterey, Nuevo León, y que, según el amigo, tenía atesorada joyas y metales preciosos con valor superior a los 100 millones de esa época. Ella nunca dijo dónde las guardaba, y así murió. Dice el amigo que su abuela es la más rica de ese panteón.

El amigo gasta su dinero en consultas de hechicería para que su abuela le revele dónde están las joyas y los metales preciosos. Dice que seguirá consultando aunque se quede pobre. Alguien le aconsejó que ya no le hiciera a la brujería, que mejor consultara a los amigos viejitos que tenía su abuelita.

Eso nos dio el tema de hoy, sobre quiénes son los más ricos del panteón que usted elija, y se encontrara a artistas, escritores, pintores, deportistas. Muchos de ellos con su fortuna siguen produciendo dinero para beneficio de sus herederos. Forbes nos proporciona listas de esos hombres y mujeres que ahora están en el panteón y que dejaron y legaron importantes herencias. Hay ricos-avaros que se llevaron a la tumba como secreto el lugar donde “escondían” su dinero, como la abuelita del amigo.

Al caso, recuerdo que un grupo de artistas de la pintura convirtieron a Leonardo da Vinci en el muerto más rico del cementerio, y esto se debió a que acordaron transformar una obra ya consagrada y optaron por la Gioconda; a esta figura le agregaron un bigote, y fue así como la Gioconda con bigote se convirtió en la pintura más popular con un costo aproximado a los 50,000 millones de euros.

Reconocen las biografías que Da Vinci, el gran talento y genio del Renacimiento, tuvo menor éxito en el campo de la gastronomía de la que fue un enamorado (lástima de tanto dinero y no comer lo que se quiere o como se quiere). El segundo más rico en el panteón (vivió en pobreza) fue Vicent Willem van Gogh, con más de 900 obras (1).

Visto lo anterior, el muerto vale y se le recuerda cuando deja mucho dinero. Recordamos a José de Espronceda, quien decía en una de sus obras: “Que haya un cadáver más qué le importa al mundo”. Años después, Ramón María del Valle Inclán expresó: “Que haya un cadáver más solo le importa a la funeraria”.

Como colofón: el corazón del hombre es el que debe hacerse rico, no sus arcas. O, como decía Miguel de Cervantes, “más vale el buen nombre que las muchas riquezas”, y no tener los primeros lugares en los panteones.

(1) Libro de Fernando Garcés Blázquez.- Historia del mundo (Ariel).