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Imputados: autores de delitos, titulares de derechos

  • Ricardo Velázquez Cruz | Opinión

Los principios bajo los cuales se desarrolla el sistema de justicia penal actual en nuestro país, son un elemento básico para su aplicación. El respeto y ponderación de los derechos humanos son el eje de su funcionamiento.

Los sujetos procesales e intervinientes han transformado su naturaleza y se le ha dado una especial importancia a cada uno de ellos. De todos, merece una especial atención el imputado que, desde mi punto de vista, es un sujeto polémico y muy discutido entre los miembros de la sociedad.

En un pensamiento, al que podríamos llamar primitivo, sería de considerarse que un sujeto que ha transgredido la paz social, vulnerado la seguridad y derechos de otro individuo, alterando el curso de las relaciones sociales y quebrantado la ley, no debería ser sujeto de derechos ni de beneficios por parte de la autoridad y mucho menos de la sociedad; sin embargo, hoy en día dicho pensamiento ha evolucionado y aunque para la sociedad sigue siendo difícil de aceptar; la ley ha reconocido a los autores de delitos, como titulares de derechos.

Desde mi punto de vista, ello obedece a que muy por encima de la actuación de cada uno de nosotros, se conserva la naturaleza humana y la dignidad; la cual es inherente a la misma y por ello no puede despojárseles de derechos y condiciones que son indispensables para la vida.

Es indiscutible que una acción contraria a la ley trae consigo una consecuencia que de una u otra forma limitará los derechos de su autor e impondrá una obligación que lo constreñirá a actuar de un modo determinado. En los extremos, ello implicará la privación de su libertad, castigos todos, que de ningún modo deben implicar un trato degradante o contrario a la propia ley.

El desarrollo del procedimiento penal, debe enfocarse a ser justo y no a prejuicios sociales y siempre, la ley debe ser ajena a las emociones que en determinado momento puedan manifestarse por la naturaleza de los bienes jurídicos vulnerados con el actuar ilícito.

Hoy, el problema no es sólo para la víctima u ofendido; quien de manera directa o indirecta resiente en su persona o en sus bienes las consecuencias mediatas e inmediatas de los delitos cometidos; el problema también es para quien comete el ilícito; tal pareciera que podemos hablar de dos víctimas en el procedimiento, por una parte la víctima u ofendido propiamente dicho y por la otra, la víctima de la sociedad y de la autoridad: el imputado, acusado y/o sentenciado.

La figura del imputado, acusado y sentenciado se ve claramente afectada por la propia condición que las circunstancias le otorgan –ser el delincuente– y es a partir de ese calificativo que se desenvuelve el procedimiento.

Aunado a todas estas circunstancias nos enfrentamos a un fenómeno de difícil destrucción: la poca información que los individuos poseen respecto al tema; y es precisamente por ello que de manera indistinta y común, vemos enjuiciamientos carentes de toda observancia a la ley; pues al no conocerse los derechos que le son inherentes al imputado, acusado y/o sentenciado, este no puede hacer uso efectivo de los mismos. El desconocimiento de los derechos humanos que consagra nuestra máxima ley y los protocolos internacionales, traen consigo su violación y por ende una inactividad que conlleva a seguir varados en aquel pensamiento primitivo y en una injusticia interminable.

*Magistrado del TSJ.