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Justicia

  • Guillermo Valentín Silva Corte | Opinión

Crimen y castigo (en ruso: Преступле́ние и наказа́ние, romanización: Prestupléniye i nakazániye) es una novela de carácter psicológico escrita por el autor ruso Fiódor Dostoievski. Si se piensa en el significado de Justicia, en esta novela el ente justiciero es la conciencia del protagonista. El remordimiento lo obliga a confesar su crimen y entregarse al castigo de la autoridad.

El significado de Justicia tiene muchas acepciones, vistas desde los puntos de vista, ético, moral, como virtud, filosófico, religioso, del derecho y varias más. Desde luego con todas estas variedades de significados, siempre habrá discrepancias en cuanto a decir, “se ha hecho justicia”. Para ello se tiene como antecedente el término Justo. Se puede decir en unas cuantas palabras, dar lo correspondiente o el derecho natural a quien lo pide y a quien lo da. Por lo tanto un hombre justo es quien se apega a ese equilibrio sin otorgar más o menos.

A partir de estos conceptos se desarrollaron reglas, leyes, derechos y costumbres, los cuales regían y rigen las sociedades humanas. Desde la célula familiar hasta las vastedades de un gobierno donde moran cientos, miles, millones, de habitantes.

La necesidad de tener una cabeza visible a cargo de estas sociedades, fueren jefes tribales, patriarcas, matriarcas, reyes, emperadores, dictadores, presidentes y cualquier otra autoridad reconocida, se impuso el término Justicia. Y entramos a la dicotomía del bien y el mal. Determinar estos extremos ha conducido al premio y castigo. El ejemplo más común lo vemos en las religiones, en la cual la mayoría menciona la justicia divina. En ella, quien se porta bien y de acuerdo a los conceptos religiosos, tendrá como premio una vida mejor en el más allá. Y al contrario, quien no cumpla esos preceptos se verá condenado a una vida miserable en otro lugar del más allá. En este caso habrá justos e injustos. Los justos tendrán como galardón un paraíso y los injustos un infierno. Estos lugares son descritos según el imaginario de quien lo proclama.

En general la llamada Justicia, descansaba y descansa en unas cuantas personas privilegiadas. A veces designadas por las sociedades y otras impuestas por intereses económicos, comerciales, guerreros o por ignorancia.

Las leyes y otros ordenamientos son creación humana y según los tiempos o épocas. Todas son falibles y todas cambian, según las necesidades de las sociedades. Lo que antes era considerado como transgresión, ahora ya no lo es. Esta máxima es inalterable por las mismas circunstancias en la concepción de las mismas leyes u ordenamientos.

Veamos algunos ejemplos significativos y fáciles de entender. Si un ciudadano se le ocurre sustraer un artículo en venta en algún centro comercial, y es sorprendido, inmediatamente se le encarcela. Así sea un pan o una chuchería, el delito es grave y merece castigo, según las leyes y la Justicia. Pero si un multimillonario realiza un fraude, involucrando a decenas, cientos o miles de personas, engañadas y encima de todo esto evita pagar impuestos al fisco, el resultado es el perdón de la Justicia. Y como colofón, hay admiradores declarando al personaje como un genio al evadir pagar impuestos. Si la ley y los ordenamientos son claros en el tema respectivo, entonces lo justo sería castigar a los infractores, según el monto sustraído a un comercio o a unos ciudadanos confiados. Pero, aquí el término Justicia no se aplica, en ninguna de las múltiples acepciones consideradas.

En estos días se ha presenciado algo insólito en esta época turbulenta. El gobierno colombiano y las guerrillas decidieron firmar la paz, ansiada hace 52 años. En este caso la Justicia o mejor dicho lo Justo fue trastocar la guerra en paz. Por cualquier lado que se le mire, se hace Justicia a un país y a sus habitantes. No es borrón y cuenta nueva, sino pensar en el futuro de las siguientes generaciones. No se puede castigar a los dos bandos de forma sumaria, aunque en ambos hay motivos para ello, por la sencilla razón de perder el sentido de Justicia, en este caso la paz. Las guerras favorecen a los pocos en detrimento de los muchos. Y los muchos siempre serán la moneda de cambio para los intereses económicos, políticos y aun religiosos de unos cuantos.

La intención de las leyes escritas en las llamadas constituciones de cualquier país, es preservar un orden para favorecer a sus ciudadanos. Un ejemplo sencillo es el tránsito vehicular. Si se cumplen, la vida de los pasajeros transportados en cualquier vehículo, será llegar sanos y salvos a sus destinos. Cuando se rompen, entonces llegar sanos y salvos se convierten en tragedias tanto físicas como materiales.

Ahora bien, si analizamos a los encargados de impartir Justicia, en sus múltiples acepciones, encontramos una divergencia entre el sentido de lo justo y lo injusto. Un ejemplo clásico lo tenemos en el personaje de Sancho Panza, del libro Don Quijote de la Mancha. En uno de sus capítulos, aparece Sancho como juez en algunos casos. Para regocijo de los lectores, el baturro resulta un juez digno del Rey Salomón. Actúa con sabiduría en la resolución de los casos presentados a él. Es decir, en la Justicia actúa la sabiduría del Juez, antes de aplicar las leyes.

Hace unos días los ministros de la Suprema Corte de Justicia reconocieron “torcer” la ley, para favorecerse en unos fideicomisos, para asegurarse una jugosa pensión. Lo risible de todo esto se reduce a la voz popular, “nadie sabe para quién trabaja”. Hay incongruencia en todo esto, porque los ministros esperan vivir eternamente para gozar de su pensión vitalicia. La realidad demuestra lo contrario. Tanto torcer la ley, para no disfrutar sus beneficios; por lo general, los magistrados, después de su retiro, solo sobreviven algunos años con la carga de enfermedades y secuelas. Sus herederos son los beneficiados en este “impasse” de Justicia.

¿Cómo reconocer a la Justicia y a los Justos? Es un tema bastante complicado, pero desde luego, existe la Justicia y los Justos, y estos pueden ser desde el humilde campesino, el jurista, el maestro, el científico, el religioso y aun algún gobernante. Desde luego los ricos, poderosos y demás entes, nunca alcanzarán estos títulos. De hecho ellos ya tienen su premio y castigo, elaborados por ellos mismos. Y desde luego, no es deseable estar en sus lugares, porque por lo general su vida llega a tener los matices de la novela Crimen y Castigo.

Vivir con Justicia y con lo Justo, es estar en paz con el mundo que nos rodea y en armonía con el Universo al cual pertenecemos por la eternidad.