imagotipo

¡Maestro!

  • Conversaciones con Puebla | Jorge Jiménez Alonso

Dedicado con afecto a una Maestra ejemplar: Elba Sánchez Rodríguez

Hoy más que nunca estamos necesitados de MAESTROS. Así, con mayúsculas, con la verdadera dimensión de la palabra y de su contenido. Somos náufragos en un piélago sin fondo y buscamos ansiosamente respuestas a tantas interrogantes que nos asedian. Queremos descubrir en la penumbra de nuestra animalidad viviente señales o mensajes que nos abran la luz de la esperanza en un horizonte confuso y ominoso, lleno de egoísmo, corrupción, impunidad e inmoralidad; y no encontramos nada consistente, solo banalidad y grosería. Quienes creemos en la trascendencia anhelamos las voces de nuestros Maestros, de nuestros orientadores, aquellos que con su ejemplo de vida nos dieron rumbo y certidumbre; y nos preguntamos ahora, ¿en dónde están; por qué ya no se escuchan sus voces; por qué ya no hablan y nos arrebatan con sus mensajes; por qué sus señales se han perdido?

Estamos a punto de comprender nuestro lugar en el Universo. Se habla ya de experimentos para colonizar Marte; inclusive el problema ya no es si existen otras razas en el Universo, sino qué tecnologías usan y si pueden ser compartidas. La física cuántica avanza en grado sorprendente y abre posibilidades inimaginables para, por ejemplo, provocar cambios fisiológicos a voluntad hasta en una sola de nuestras células. Nos asombra la magnitud de nuestros poderes latentes y la flexibilidad y trascendencia de que somos capaces. Entonces, ¿por qué si somos tan inteligentes somos tan mediocres? Esa es la dolorosa paradoja humana: un cerebro dotado de infinita plasticidad y capacidad de auto trascendencia, pero igualmente susceptible de ser entrenado para observar una conducta auto limitadora.

Nuestras escuelas públicas son burocracias apoltronadas que no compiten ni se esfuerzan, pues su público es cautivo; y las particulares o están muy por encima del alcance de la población media o sus planes y programas no difieren mucho de las del gobierno, muchas veces con profesores improvisados. La llamada Reforma Educativa, que tanto se pregona ahora con el eslogan “aprender a aprender”, data del siglo pasado y no ofrece nada de novedoso al educando. La investigación sobre el funcionamiento del cerebro y sobre la conciencia demuestran que si queremos desarrollar nuestro potencial es preciso que cambiemos nuestra forma de enseñar, orientándonos a la persona, al Ser Humano y a sus necesidades de expresión y de realización, y no a las necesidades del mercado basadas en la competencia y la productividad. La escuela, puedo afirmarlo, ha sido el instrumento de nuestras actitudes más negativas: el rechazo, la inconsciencia, el conformismo, la competitividad, el privilegio del poder y del egoísmo; el marcado señalamiento de la injusticia social, educación diferenciada para ricos, para clase media y para los pobres. La escuela fracciona el conocimiento y la experiencia en “asignaturas”, reduciendo necesariamente el todo a simples partes, a simples episodios. Y lo que es peor, este fraccionamiento mental acarrea un fraccionamiento del espíritu y produce traumas causados por la forma de enseñar de los profesores, que por un sistema caduco se han vuelto “burócratas de la educación”, parcializados, mediatizados, cooptados clientelarmente por el sistema y muchas de las veces frustrados por advertir su limitación en la enseñanza, que por desgracia la traducen en premios y castigos, amores y humillaciones, ironías y desencuentros en los niños, en los adolescentes y los jóvenes, relativamente inermes y vulnerables.

Por todo ello necesitamos urgentemente MAESTROS, no asesinos de nuestros sueños, no adaptados a la realidad actual, sino conocedores de la realidad actual y de su entorno, buscadores espirituales que hayan aprendido a atravesar sus propios miedos y que tengan el valor de fijar y establecer los derroteros de una auténtica reforma educativa a partir de nuestra realidad personal y de nuestras necesidades como seres humanos. Más que saber multiplicar necesitamos saber amar; más que saber filosofar necesitamos entender y vivir nuestra vida; más que ganar dinero lo que necesitamos es transformar nuestro espíritu y ser auténticamente seres humanos, basados en una libertad por encima de todas las fronteras. La educación transforma la cultura de un pueblo en la medida en que se hayan transformado sus maestros. Aprender a aprender es solo una verdad a medias, su complemento es que la educación es una tarea para toda la vida, que va más allá de la escuela. Como dijera Irwin Thompson en “El Filo de la Historia”: “… más bien se encogerá, al darse cuenta de que es la misma ciudad (y no el campus) la que compone la verdadera Universidad”.

Es la hora de rescatar a los auténticos Maestros y que sean ellos y no los burócratas los que nos vuelvan a orientar y dirigir. Porque ser auténtico Maestro es un acto de fe y de amor que nos enseña permanentemente que la tierra nos ha sido prestada, que somos parte de un todo Universal y que tenemos lo que las estrellas, para brillar y trascender, en los espacios infinitos.

Gracias Puebla. Escúchame mañana a las 9:00 horas en ABC Radio, 12.80 de AM, en mi programa “CONVERSACIONES”; y recuerda: “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”.