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No hay respuestas correctas a preguntas equivocadas

  • Vicente L. Avendaño Fernández | Opinión

Si nos ponemos a reflexionar por qué hay tantos problemas en nuestro país y también tantos intentos inútiles por solucionarlos, bien podemos acudir a elementos lógicos y filosóficos que nos pueden ayudar a darle un mejor rumbo a nuestra nación.

La frase que pongo como título de esta editorial es tomada de la escritora estadounidense, cuyo texto original es .La simplicidad de la afirmación pudiera habérsele ocurrido a alguien más, pero lo importante no es la autoría sino el fondo tan profundo que tiene la idea. Ya mucho tiempo antes hubo quien dijo algo parecido, Voltaire, un pensador de la Ilustración dijo: juzga a un hombre por sus preguntas en vez de hacerlo por sus respuestas.

Pues bien, vayamos a lo que sucede en los asuntos de la vida pública, en donde cada vez es más grande el hartazgo de la ciudadanía respecto de los políticos,  siendo innumerables los intentos de solución a diversos temas que requieren atención, es entonces que surge la incertidumbre acerca de por qué nada resulta y las cosas siguen igual o peor.

Hay que recordar que nuestro país se quiere reinventar cada 6 años, todos los candidatos se muestran con un ánimo mesiánico y los resultados son mayormente negativos, es más, yo me pregunto ¿Qué gobernante o legislador conserva buenas opiniones de la mayoría después de que acaba su cargo? Yo creo que nadie, especialmente en nuestra patria. De igual manera se siguen dando las prácticas tan nocivas y criticadas, pero usadas por todos los partidos y que han puesto en riesgo la efectividad de una democracia mexicana que va para atrás, aunque se quiera negarlo.

Yo considero que el meollo del asunto está en no saber plantear bien los problemas, lo cual es absolutamente peligroso y nos lleva por caminos que no conducirán a algo positivo.

Algo muy simple lo vemos en materia electoral: se destina muchísimo dinero a las elecciones y se realiza un esfuerzo titánico por parte de las distintas fuerzas, a lo cual hay muchos intentos de mejorar la democracia o hacerla más barata, para lo cual se crean planteamientos y hasta tesis profesionales. Más que hacer muchas preguntas acerca del régimen democrático, bien vale la pena cuestionar acerca de si sólo con democracia mejorará la sociedad mexicana, es más, tomando una postura bastante escéptica, podríamos dudar de que la democracia es lo que necesitamos para salir del hoyo, así como lo esbozó Reyes Heroles, cuando señaló que la forma de gobierno citada es el paso del poder de una minoría corrompida a una mayoría incompetente.

En los muros de Facebook y las redes sociales, en general, vemos cuestionamientos tontos, carentes de un elemental sentido de la lógica o que evidencian una gran ignorancia y pereza mental. Hay quien pregunta dónde puede comprar una coca cola, cuál es el sentido de la vida o si los varones son más infieles que los hombres, dudas que están muy mal planteadas y que obviamente darán información equivocada y/o nada profunda.

Pienso ahora en una pregunta que se ha hecho el hombre desde hace milenios, la referente a si existe dios o no, la cual creo que igualmente está mal planteada y no ayuda a solucionar los grandes problemas de la humanidad. Más bien deberíamos plantear si a ese dios le importa el hombre o es tan indiferente, quizá hasta perverso, para con los problemas mundanos, que resulta irrelevante si existe o no.

Así podemos encontrar cuestionamientos tan absurdos como si el homosexual nace o se hace; si las mujeres son más listas que los hombres y toda una serie de preguntas propias quizá de un infante, pero no de un adulto que se considere medianamente maduro.

En el ámbito electoral surge el cuestionamiento de cuál es el mejor o peor partido político, situación que parte de un error fundamental al evidenciarse que todos los institutos actúan bajo el status quo mexicano, el cual invariablemente hace que todos actúan del mismo modo.

También en estos tiempos habrá quien quiera decidir su voto a partir de comparar y decidir cuáles son las mejores propuestas de campaña, lo cual considero equivocado. Más que ver qué es peor o no lo es, hay que cuestionarse acerca de la viabilidad de los planteamientos.

Algo que me pareció un insulto a la inteligencia y quizá la reina de las preguntas mal hechas, fue la que se hizo hace meses, aplicada mediante una consulta abierta y referente al salario mínimo. El cuestionamiento era si la gente estaba de acuerdo en subir el salario mínimo, lo cual fue anunciado con bombo y platillo por los populistas que la llevaron a las calles. Obviamente toda la gente iba a decir que sí, pero no se cuestionan acerca de los factores que llevarían a poder incrementar el ingreso básico de una persona, lo cual no depende de una comisión gubernamental ni de un mero deseo del presidente, sino de todo un conjunto de factores sociales, legales y, sobre todo, económicos que permiten esa alza.

De igual manera, en la vida personal, no hay que preguntarse acerca de por qué no encontramos un buen novio o novia, sino más bien habría que cuestionarse acerca de cuáles son los factores que inciden en que una persona tenga tanta “mala suerte” en el amor o, siendo más crudos todavía, si una pareja es la solución a los complejos y traumas emocionales de alguien.

Para concluir, considero que es más importante hacer buenas preguntas que intentar contestar los cuestionamientos ya hechos. El planteamiento correcto de una duda es una buena parte de la respuesta, así que hay que poner a trabajar nuestro cerebro y no desgastarse en buscar respuestas a preguntas hechas de basura, porque irremediablemente lo único que obtendremos de eso son desechos intelectuales.

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