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Oportunidad histórica

  • Soliloquio | Felipe Flores Nuñez

 

Cuando se dice que el proceso electoral que ya está en marcha “será histórico”, no sólo se hace referencia a la variedad de innovaciones que se han incorporado y al hecho de que ésta será la primera concurrente en el país, la más grande realizada jamás.

En todo caso, y muy especialmente, lo que también se insinúa es que el contexto político-social ofrece además incentivos y oportunidades inéditas para que la ciudadanía pueda participar activamente en las diversas etapas del proceso, incluyendo desde luego el día de la jornada electoral, a celebrarse el 1 de julio de 2018.

Esto cierto, quizá ahora más que nunca se hace relevante la participación colectiva y en este contexto se pondera que el voto razonado e informado de los electores podrá efectivamente propiciar los cambios profundos que socialmente se reclaman a favor de un mejor futuro para todos.

Y es que esta elección habrá de transcurrir en un entorno extremadamente complejo, en momentos de fragilidad que exigen el despertar ciudadano.

¿Qué tan grave es la situación y qué tanto podrá permear en el ánimo colectivo?

Son muchos los diagnósticos, aunque hay coincidencia en los grandes males: corrupción, impunidad, inseguridad e inequidad social, que se agravan ante un rechazo consecuente a la autoridad y hacia la clase política, aunado a una alta desconfianza hacia las instituciones.

El escenario no podría ser más pesimista.

Es tal la percepción, que incluso hay quien lo pinta todavía más devastador.

Es el caso de la ameritada académica Josefina Zoraida Vázquez Vera, quien aseguró que ahora estamos “en el peor momento de la historia”.

En su discurso de investidura como doctora honoris causa por la Universidad Nacional Autónoma de México, que el pasado fin de semana compartió con otros diez personajes, la historiadora, escritora e investigadora destacó que “el presente le invade una atmósfera de desolación”.

Y atribuye esa carga negativa a las amenazas externas y problemas internos de corrupción, violencia, abuso y problemas electorales.

En su reflexión, la Premio Nacional de Ciencias y Artes sostuvo que los mexicanos hemos enfrentado ya tiempos duros y terribles, y se refirió concretamente al periodo de 1845-1848, cuando México enfrentó dos amenazas externas: la conspiración española para establecer una monarquía en el país, y el expansionismo estadounidense en Nuevo México y California.

El de ahora “es un México doloroso de estudiar, pero necesario de entender”, enfatizó.

“La historia no nos devela el futuro, pero el conocimiento del pasado nos sensibiliza ante el presente y nos descifra lo que somos para ayudarnos a no repetir los errores y valorar lo que hemos hecho bien; aceptar el pasado como fue, con sus errores, pero también con sus aciertos.

En este contexto, la historiadora subrayó en ánimo propositivo que los mexicanos “tenemos que crear un ambiente de esperanza y confianza en nosotros mismos, por eso el valor de recordar los casos en que hemos tenido éxito”.

Parece oportuno valorar esa visión para enfrentar sin desatino los días aciagos que están por venir en la refriega política.

La disputa partidista en pos del poder será encarnizada, ni duda cabe.

Pero el verdadero poder lo tiene el ciudadano.

Es hora de hacerlo valer.

Ese debería ser desafío que se debería asumir.

No repetir errores… valorar lo que hemos hecho bien… crear un ambiente de esperanza y confianza en nosotros mismos… recordar los casos en que como Nación hemos tenido éxito… y enfilarnos hacia mejores escenarios de bienestar y progreso.

De ese tamaño es el reto ciudadano.

AL OÍDO

Es muy cierto que en todas partes se cuecen habas.

El diario italiano L’Espresso delató que el padre Marcial Maciel, fundador de  los Legionarios de Cristo, generó “un imperio económico” gracias a la gestión de los millonarios ingresos de sus servicios educativos en varios países del mundo, incluyendo México, al utilizar paraísos fiscales que le dejaban una fortuna calculada en 300 millones de dólares al año.

El vocero de esa congregación Aaron Smith no desmintió la versión, pero aclaró que esas sociedades “ya fueron cerradas”, la última en 2013, sin detallar dónde habría quedado el inmenso patrimonio económico acumulado en con absoluta ilegalidad.

Al respecto, el rector de la Universidad Iberoamericana (UIA) de Puebla, Fernando Fernández Font, emitió este lunes un duro comentario.

La evasión de impuestos a través de la incursión de empresas u organizaciones en los llamados “paraísos fiscales”, como el caso de los Legionarios de Cristo, es un problema de falta de ética, consideró

El sacerdote jesuita puntualizó que estas acciones son el reflejo de la corrupción y la impunidad que sigue destruyendo a la población, y tienen que ver con un tema de legalidad pero también de falta de ética por el  que las personas  “se valen de cualquier medida” para generar riqueza.

Ahí queda.