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Para festejar tus 486 años

  • Conversaciones con Puebla | Jorge Jiménez Alonso

¿Por qué hoy ya nadie te canta? ¿Se acabaron tus poetas y tus trovadores? ¿O es que acaso la pesada lápida de la banalidad imperante los ha silenciado? No lo sé a ciencia cierta, pero me confunde tanta trivialidad en tu entorno, no cabe duda que ya son los “nuevos tiempos”, en donde el espectáculo con luz y sonido cobra vida para festejarte, haciendo a un lado el verso y la poesía. Como no recordar ahora las filigranas escritas que tanto te adornaron, de tus bardos inigualables: Gregorio de Gante, con sus “Piropos al rebozo”: “Rebozo moteado, palomo o granizado de Puebla, que recuerdas al camote y al mole peculiar de guajolote. Rebozo de hilo o seda, rojo como la flor del organillo, que pasas por el hueco de un anillo, rebozo mexicano cuya punta a las caderas femeninas se unta, como a las alas del altar querido…”. Y Ernesto Moreno Machuca: “Qué bien te mirabas, Puebla, con tus pocos habitantes, con las bellas golondrinas que cruzaban por tus calles. Que bien te mirabas Puebla, con pocos autos humeantes, tus casas llenas de rejas, y tus balcones radiantes. Que bien te mirabas Puebla con tus novias celestiales, tu cielo limpio, cerúleo, habitado por los ángeles. Te mirabas muy señera, con tus sonoros zaguanes donde pasaban las mozas y cantaban sus galanes. Te mirabas de buen ver con tus casas coloniales, con sus herrajes añosos y sus aldabas cantantes. Con tus ladrillos rosados y azulejos coruscantes, con sus jambas y sus arcos y sus mozas deslumbrantes… eres la ciudad soñada por poetas principiantes, los que ensayaban sus voces para con ellas, loarte.”

Es cierto, ¡Qué bien te veías Puebla!, con tus cantos, con tus barrios, con tus fiestas y tus tradiciones, la única ciudad en el mundo custodiada por dos colosas: la Iztaccíhuatl y la Malinche, y trazada por los mismos ángeles que subieron tu campana María a la torre mayor de tu soberbia catedral. Hoy tu mole y tus chalupas presiden grandes convites, y tus chiles en nogada recogen lo más churrigueresco de tu cocina, y al igual que tu talavera, adornan los más selectos banquetes, no solo de México, sino de todo el mundo. Y qué decir de tus patios, “historias compendiadas del pasado”, imágenes detenidas en las fuentes silenciosas que se quedaron calladas para siempre. Tu bardo lo dijo: “Patios de Puebla, foros de la vida, tribuna de las voces democráticas, rincón donde el amor hace su nido, balcón del sol y espejo de la luna”. Y tus dulces… oh, tus dulces, tus molletes, tus inigualables muéganos y tus duraznos y peras en almíbar, y qué decir de tus tortitas de Santa Clara, y de tus camotes que apresaron el sabor de tus tradiciones, y tus suspiros de monja, tus gaznates, tus borrachitos y tus macarrones.

Yo crecí en tus barrios. Soy de La Merced, y por ello me atraen tanto los mercados, mezcla sin igual de olores, colores y sabores. La Victoria era tu principal centro de abastos, más de mil mercaderes lo atestaban; se vendía de todo, hasta sueños e ilusiones; y en sus “cajones” sobre la 3 Norte y la 8 Poniente se gestaron imperios de telas e hilaturas comandadas por libaneses; pero qué ironía, en sana convivencia, en la esquina de la 3 Norte y la 4 Poniente dos capitales judíos la coronaban: Margolín y Poltolarek. Santa Rosa nos circundaba con sus bazares y sus obrajes de camotes y de dulces típicos, en donde los Quiroz, los Jiménez y los Ramos eran sus connotados personajes. La Santa María, la primera de tus colonias, juntamente con San Francisco, de señoriales casonas y palacetes. En el barrio de La Luz, de tradición alfarera, se hizo leyenda “el vidrio soplado” y sus floreros pintados “a toda orquesta”. Analco, lo más viejo de Puebla, cuna del merengue y del muégano, asiento de artesanías y de tradiciones; el Puente de Ovando lo separaba de la comunidad española y criolla. El Carmen, viejo rincón poblano que tiene los azulejos más bellos y una iglesia que es un joyel de ensueño, con una Virgen pensativa “que escucha voces infaustas”. Obligado descanso para saborear un helado o una paleta, o bien “echarse” un sabroso menjul en “La Ópera”. A la vuelta, sobre la 13 Oriente, está mi querida Escuela Libre de Derecho de Puebla, a la que asisto diariamente de lunes a viernes a impartir mis clases de Derecho Laboral, vieja casona ahora señorial, de la cual, orgullosamente, soy su Decano.

Y ahora, habiendo pasado la Semana Santa, cómo recuerdo los sábados de Gloria, las mojadas obligadas en cada esquina y la quema de los judas en el barrio del Artista. “Vivo en la sed de tu sed, viernes de trigo y naranjas, ¡Santo Cristo del Calvario, llena de cielo mis ánforas! ¡Artista barrio de Puebla, deja tu virtud intacta! Cuando anochezca en mi ser, ¡dime alguna de tus lágrimas!” Te decía en forma sin igual María Sánchez Robredo.

En fin, amada  Puebla, yo te canto con este ramillete de recuerdos y palabras, con “letra viva”, ¿verdad querida Rosaura Gómez Alarcón?, quizá la última poetisa que te queda. Y te felicito, porque ahora eres dinámica y desafiante, sin cambiar tu esencia, levítica y señorial. ¡QUÉ CHULA ES PUEBLA!

Gracias. Escúchame mañana sábado a las 9 horas en mi programa “CONVERSACIONES”, en ABC Radio, en el 12.80 de AM. Y te recuerdo: “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”.